El fiscal a cargo de la Unidad de Violencia de Género y Abuso Sexual de Paraná, Leandro Dato, habló de la gran cantidad de pedidos de localización de menores que se replican de manera constante desde hace tiempo y explicó el trabajo que se realiza al respecto.
En declaraciones realizadas al programa A Quien Corresponda (Radio De la Plaza), Dato analizó que “en toda esta temática hay una mayor visibilización de este tema, hay alertas porque ha habido un cambio cultural ya que años atrás había que esperar 48 horas para hacer una denuncia cuando alguien no volvía a su casa, y hoy hay una aceleración de los tiempos; las interrelaciones se han acelerado y las respuestas necesitan de una aceleración también”.
Y agregó que “con la visibilización de muchos casos que termina en la justicia penal por supuestos abusos, o violencia, la preocupación de familiares y amistades, hay una sensibilidad mucho mayor y eso hace que ante la no respuesta de un mensaje o de una llamada se hagan rápidamente las denuncias o los pedidos de localización o paradero, y a partir de ahí se comienza a actuar”.
Consultado por el trabajo de la temática con las escuelas, admitió que “no se está trabajando puntualmente en esto, y se advierte muchas veces una falta de contención o un relacionamiento deficiente entre los adolescentes y sus responsables a cargo, y esta vinculación que antes había donde avisaba a sus padres adónde iba y a qué hora volvía, hoy ya no existe en muchísimos grupos convivenciales, y es transversal, es decir que se da en todos los sectores por distintos motivos”.
“Hoy el relacionamiento no está claro, los mayores no preguntan, los adolescentes no dan explicaciones y está naturalizado el no contacto, el no dar información a las familias –aunque también es cierto que el relacionamiento con la adolescencia no es fácil- pero el ingrediente de la violencia y de la aceleración de las comunicaciones que hoy a dos o tres horas en que los chicos no contesten, llevan a hacer una denuncia”, explicitó.
“Hay muchas situaciones elementales de la vida hogareña que llevan a recurrir a la policía o a la Justicia, hay una no respuesta en el relacionamiento intrafamiliar y se recurre a la autoridad como ordenador de ciertas relaciones o cuando explotan estas cuestiones y comienzan a intervenir organismos del Estado, como el Copnaf o la Justicia; pareciera que se corre la familia y se recurre a que el Estado los ordene”, analizó.
En cuanto a la difusión de los pedidos de localización de adolescentes que se replican a través de las redes sociales y el trabajo posterior a la aparición, indicó que “muchas veces difundir de manera apresurada o no correcta, hace que se interfiera en la búsqueda de esa persona, porque muchas veces toman la actitud de no aparecer. Se han naturalizado muchísimas conductas o recurrencias a dispositivos porque se entiende que por publicitar las cosas se aceleran y se generan respuestas más rápidas, pero muchas veces se consigue el efecto contrario, porque se retraen y no aparecen, muchos cuando son encontrados, se enojan con amigos y familiares porque publicitaron una situación que era íntima o hiper privada y estuvo sin contacto por voluntad propia. Es un tema el de las redes sociales porque además se revictimiza muchísimo cuando se recurre a ellas sin entender mucho qué se está buscando o cuál es el objetivo”.
“El fenómeno de los pedidos de localización se acentuó en el último año y medio; hay semanas en que hay un pedido por día, por ahí pasan dos o tres días sin casos y por ahí hubo semanas en que hubo dos o tres pedidos de localización por día, y advertimos que muchas veces –cuando aparecen- hay enojo por haber publicitado una situación íntima o privada, y además que la adolescencia es un tramo de la vida donde se juega todo el tiempo con los límites y la autonomía y al haber un corrimiento de las relaciones familiares, esos límites se corren todo el tiempo. En esto es importante que aparezca un trabajo interdisciplinario de contención y de redefinición de esas relaciones”, reflexionó.
Asimismo, sostuvo que “cambió mucho el tema de las denuncias en las comisarías respecto de los pedidos de localización o por la falta de comunicación con determinada persona, y hoy inmediatamente desde la Policía se reporta a Fiscalía y se comienza a reconstruir las últimas horas de la persona con las familias y las amistades; hay un sistema de búsqueda nacional y ciertos resortes como las comunicaciones, el trabajo con las cámaras y el sistema de transporte público, para poder reconstruir el movimiento de la persona buscada”. “Lógicamente está la variable de si hay causas penales en trámite o planteos en Juzgados de Familia, o personas que están relacionadas a delitos. Todos son ingredientes que rápidamente se juntan para empezar a trabajar en cada caso”, agregó.
En cuanto al uso del botón antipánico, Dato aseguró que “se ha ido avanzando, por cada causa que llevamos con medidas de restricción vigentes tenemos una agenda de vencimiento y además al tener un registro del botón antipánico en el 911 también tienen una agenda de vencimiento, con lo cual días anteriores de esos plazos nos comunicamos con la víctima para ver el estado en que está, recurrimos a los informes de la Secretaria de la Mujer sobre el abordaje que han tenido, y por supuesto que el 911 avisa y los últimos días va pidiendo la definición de esa situación”.
“Con respecto al varón o imputado, hay reacciones de todo tipo, muchas veces se habla con los defensores para que hable con ellos y la reacción que tienen. La agenda nuestra también tiene que ver con cómo llegamos al vencimiento y qué medidas de restricción se requieren para cada caso”, mencionó.
Finalmente, puntualizó que “hay entre 200 y 300 botones antipánico asignados en Paraná no solamente por causas penales sino también por causas en Juzgados de Familia”.





