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Los planes B sudamericanos: los 40 días chilenos

Chile

Por José Carlos Elinson

(Especial para ANALISIS)

Empecemos por Chile, donde comenzó el incendio que no cesa, es decir, lejos de cesar la fuerza del fuego arremete contra el país trasandino básicamente en la figura del que en otro tiempo fue un modelo de político de derecha a tener en cuenta: el Presidente Sebastián Piñera.

Normalmente con el transcurso de las jornadas violentas e inmanejables los gobiernos ensayan planes alternativos como para poner los problemas en caja.

Impensablemente, al menos hasta días atrás cuando estalló el conflicto chileno que con el correr de poco tiempo se propagaría en partes sensibles de la geografía sudaca, Sebastián Piñera se ha quedado con las manos vacías de poder real y, como se sabe, el poder virtual no opera cuando se trata de gobernar una nación.

¿Se intentaron planes de salvataje? ¿Esos intentos de apaciguar ánimos aproximando concesiones fueron intentos de técnicas de salvataje o nada más que montajes de caminos con tanto de ficticios e inconducentes como de fracasos anunciados?

Pero más allá de cualquier especulación, los 40 días chilenos son un profundo agujero negro que afecta institucionalmente a buena parte de la región y emite un alerta que deberá –y de hecho lo hace- ser tomado en cuenta por vecinos, allegados y no tanto.

¿Realmente deberemos creer que en 40 días de un gobierno en plena gestión no se pueden emitir señales, cuando no tomar medidas para que la realidad chilena deje de ser la pesadilla que es para propios y extraños?

Aparentemente al señor Piñera en términos de letras para denominar planes de salvataje de su país el abecedario se le agotó a poco de comenzar.

¿Cuánto más de 40 días puede en el maraco de un gobierno democrático, al menos desde su concepción original, llevarle a un presidente poner la casa en orden?

¿Cuáles son los factores endógenos y exógenos que interactúan y se combinan para que la salida de Chile a la luz sea aparentemente más inviable?

¿Quedará en pie el intento de tanden Bachelet – Piñera como para dar una imagen de democracia casi ideal en un estilo sudamericano inédito y no poco sorprendente que actuaba como reaseguro de una continuidad institucional necesaria en términos de territorialidad?

Ya se ha dicho que los fenómenos de procesos subvertidos de los países de América del Sur afloran si no al unísono, con poca diferencia de días y meses entre unos y otros y en no demasiado tiempo comienzan a abrirse los surcos de sangre y desolación.

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