Por José Carlos Elinson (*)
Todo se transforma. La manifestación del químico francés Antoine Lavoisier, con el correr del tiempo, por el uso de sus coetáneos y posteriores, tomó la forma de un juicio filosófico que desde su enunciación después de mediados del siglo XVIII, rápidamente ganó su espacio entre los más lúcidos cultores del pensamiento ecuménico y mantiene su vigencia a través del tiempo.
Suele apelarse a la sentencia con resignación ante hechos y circunstancias que afectan a determinados sectores de la sociedad y ponen a salvo a otros que han adecuado en el tiempo la pertenencia de los bienes comunes en beneficio propio.
Los gobernantes de ayer son los legisladores de hoy, los concejales de ayer son los diputados de hoy, los diputados de ayer son los senadores de hoy, los responsables (?) de los entes descentralizados de ayer siguen en sus funciones o son reemplazados por pares de otros entes en una especie de enroque conveniente para los dueños de las decisiones.
Con salarios muy elevados y vida apacible conforman sus equipos a cuyos integrantes no les va tampoco para nada mal.
Recuerdo que por los ’80 compré un auto nuevo y en la concesionaria me dijeron que la mejor garantía era que se trataba de una marca y una gama probadas en su desempeño.
La pregunta es, ¿a los funcionarios probados y reprobados en su desempeño, también se les conceden garantías?
En unos días más, el 18 de febrero, Sergio Daniel Urribarri deberá defender frente al Senado la posición que lo impulsa a ser la voz del pensamiento argentino desde la embajada de Israel.
Diestro en el juego la escondida y ágil en el arte de hablar sin decir nada, el ex gobernador entrerriano, tal vez destaque entre sus antecedentes aquel parador que como instrumento de campaña instaló en playas bonaerenses de fluido turismo, anunciando las bondades de un sueño entrerriano cuyo mensaje ni él alcanzó a entender por más bermudas, termo y mate con que se hizo fotografiar para publicitar su ((¿propuesta?). Esto le valió el apodo más exitoso de toda la campaña financiada con dineros públicos de “soñador entrerriano”.
Pero ya sabemos, hay reglas para pobres y otras para ricos; si un pobre eructa en un restaurante, probablemente le indican que abandone el lugar, si un rico lo hace le cargan la cuenta al champán y todo sigue su curso.
Bien, este hombre, autor de actos de gobierno y privados que le valieron ser citado en al menos ocho oportunidades por la justicia entrerriana, de la que Alberto Fernández lo aleja enviándolo al otro lado del mundo, será la cara visible de la Chancillería Argentina en el exterior y salvoconducto en las relaciones de nuestro país con los EEUU.
Si escribirlo da vergüenza, imagínate lo que será vivirlo para ciudadanos honorables que, aunque nuestros actuales gobernantes lo ignoren o parezca que lo ignoran, todavía quedan como reserva moral que nos enorgullece no obstante lo poco puedan hacer desde las limitaciones que les impone “democráticamente” el poder.
Y como nada se pierde y el zorro pierde el pelo, pero no las mañas, esperar lo que se viene será cuestión de armarse de un poco de paciencia, un poco nada más, no desesperéis.
La lista de “transformados” sería interminable, pero si es cierto que para muestra basta un botón, Sergio Daniel Urribarri es lo que prima facie no debe ser patrimonio de los representantes del pueblo que en su nombre y con impunidad plena e inmunidad constitucional hacen y deshacen a la vista de todos en beneficio propio.
(*) Especial para ANALISIS.





