Por J.C.E.
Ustedes, damas y caballeros, Quijotes de la ciencia y sus peligros, suele pasárselos por alto en los discursos donde los temas centrales en la emergencia son la política y la economía.
Me recuerdan a los grandes empresarios que hablan de lo “que fabrican” pero no dicen quienes son en realidad los que manejan los ciclos de fabricación ni se exponen a accidentes y ganan menos que la cuota del seguro de los autos de sus patrones.
Si me permiten una expresión poco elegante, ustedes son los que ponen el lomo y, en estas circunstancias, hasta la vida; y como hemos dicho en otras oportunidades, por detrás hay familias, amigos, vecinos, que se exponen por una suerte de carácter transitivo a lo mismo que se están exponiendo ustedes.
Si vale el ejemplo, los que dejaron la vida y enterraron los sueños en Malvinas fueron los soldados, los generales y sus pares de las otras armas hablaban de la guerra con unos cuantos whiskys generosos de por medio, con buena calefacción y demás elementos de confort.
Reitero, no sé si vale el ejemplo pero de pronto se je hizo presente el paralelo entre los que figuran y los anónimos.
Por eso decía, damas y caballeros, ustedes son los protagonistas de esta batalla que los puso en el frente de combate pero no sólo por exigencia de los acontecimientos sino por la vocación que los define y el amor por la profesión de salvar vidas.
De ninguna manera voy a desmerecer a los teóricos ni a los expuestos a diario a la opinión pública, a ellos también les toca bailar con la más fea, pero quise rescatar en estas líneas la disposición de ustedes más allá de lo que marcan los relojes, más allá de las distancias, y hasta más allá de la corriente afectiva indisoluble con sus seres queridos.
Los periodistas sabemos algo de eso, y sin pretender faltarles el respeto por compararnos, también dejamos todo a medio hacer cuando la noticia, siempre privilegiada, requiere ser contada de manera urgente.
En fin, me pareció que en unas pocas líneas podía caber el humilde homenaje de un periodista que les escribe con admiración y respeto.
Alguna vez, ojalá que no demasiado lejos en el tiempo, cuando se hable de los héroes de esta cruzada por la vida, los nombres de ustedes, sin dudas y con justicia deberán compartir espacios con los de aquellos que condujeron las maniobras de todos los días.





