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¿Cuál será el daño final que nos dejará el coronavirus?

Por Roberto Trevesse (*)

“En pocos días, el coronavirus parece haber apagado el corazón latente de nuestra civilización

y trastocado la vida cotidiana de miles de millones de personas. Al mismo tiempo, la crisis plantea

desafíos estructurales, que van desde iniciativas como nuevos tribunales sanitarios internacionales

y formas de detectar y evitar la transmisión zoonótica, hasta una redefinición del papel

de los Estados y del reparto de las ganancias a escala global”. Eva Illouz (Socióloga y escritora).

Max Fisher, estudioso periodista de temas internacionales que escribe en The Times de Nueva York, en una extensa nota de la cual tomamos algunas referencias nos explica por qué prosperan las teorías conspirativas sobre el coronavirus y por qué importa.

El coronavirus “Tiene todos los ingredientes para llevar a la gente a teorías conspirativas”, comentó Karen Douglas, psicóloga social

que estudia la creencia en complots en la Universidad de Kent en el Reino Unido.

Las teorías conspirativas tienen un mensaje común: la única protección proviene de poseer verdades secretas que “ellos” no quieren que sepas.

“Hemos enfrentado pandemias antes”, comentó Graham Brookie, quien dirige el Laboratorio de Investigación Forense Digital de Atlantic Council. “No habíamos enfrentado una pandemia en una era en la que los humanos estuvieran tan conectados y tuvieran tanto acceso a la información como ahora”.

Este creciente ecosistema de desinformación y desconfianza pública ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a advertir sobre una “infodemia”.

Un estudio reciente descubrió que era mucho más probable que la gente compartiera información falsa sobre el coronavirus a que la creyera.

Las teorías conspirativas también pueden hacer sentir menos sola a la gente, ya que pocas cosas estrechan los lazos de unos y otros, contra los que “supuestamente” crearon este virus.

Sin embargo, gobiernos que buscan ocultar sus fracasos, actores partidarios que buscan un beneficio político, pseudo comerciantes que son verdaderos estafadores, además de Presidentes o Ministros que como al pasar señalan o promueven conspiraciones y falsedades que desvían sus responsabilidades. Para salir del brete en que estamos manifiestan afirmaciones que no pueden dar prueba de sus propios dichos.

De esta forma se genera una crisis paralela, porque “Este tipo de supresión de información es peligroso, en verdad peligroso”, afirmó Graham Brookie, en referencia a los esfuerzos chinos y estadounidenses por minimizar la amenaza del brote.

La “exageración” que surge de los epidemiólogos mediáticos –no todos- es que suelen atraer más la atención de la gente a través de afirmaciones sensacionalistas, a veces les resta atención a los expertos legítimos cuyas respuestas rara vez son tan organizadas o emocionalmente reconfortantes.

Prometen curas fáciles, desestiman la carga del aislamiento social diciendo que es innecesaria.

La creencia en un complot también tiende a aumentar en los que escuchan o leen estas noticias. Los expertos nos advierten que las consecuencias no solo podrían empeorar la pandemia sino además continuar una vez que esta haya pasado.

De todos modos, en la Argentina iniciamos la cuarentena con tres cuestiones sensibles “miedo, encierro y dinero” y avanzada la prorrogada de la misma sentimos “impotencia, confinamiento e inseguridad”.

“Los momentos filosóficamente más interesantes suelen ser, por desgracia, trágicos para muchos”. La frase es de Daniel Innerarity, catedrático bilbaense, tan preocupado por las múltiples encrucijadas que a nivel global nos puede presentar el coronavirus.

Lo cierto es que, en la Argentina, la Sindicatura General de la Nación hizo un relevamiento y concluyó que hay faltantes de productos alimenticios de hasta 47% y diferencias de precios de hasta 44 por ciento respecto de los valores definidos por la Secretaría de Comercio.

Esto significa que, en las pandemias, como en las tragedias de todo tipo hay seres humanos generosos, solidarios, pero también y muchos de una vileza superlativa. No hay peor cosa que aprovecharse de la desgracia ajena.

Nadie debería sacar ventajas de esta pandemia, ni políticos, ni jueces, ni legisladores, ni nadie. Por más que podamos salir airosos (por decirlo de alguna manera) de esta inédita situación en nuestro país.

Deberíamos aceptar que no estamos preparados para ninguna contingencia extraordinaria como la que estamos viviendo, tenemos que admitirlo todos. Está claro que el único que trabaja a destajo y hundió lo zapatos en las calles de tierra de Villa Jardín, cerca de Villa Caraza en el conurbano, fue el Presidente.

Alberto Fernández ya lleva firmado en algo más de cuatro meses, 32 decretos de necesidad y urgencia (DNU), estando a punto de superar la cifra de Eduardo Duhalde, quien gobernó el país casi 17 meses entre el 2002 y parte del 2003.

No solo el Presidente con sus propios ojos debe visitar lugares extremadamente vulnerables. Lo tienen que hacer Gobernadores e Intendentes, cada uno en su propio territorio; lo tienen que hacer diputados y senadores nacionales, tanto oficialistas como opositores; todos los diputados y senadores provinciales y concejales municipales para saber que hay que hacer en cada lugar con exactitud, amalgamar opiniones y hacer propuestas al Gobierno Nacional.

Dejemos de lado intereses mezquinos de quien gana y quien pierde, desde marzo pasado tenemos un enemigo común (por que mata, sino sería adversario) y se llama coronavirus.

Pensemos que todos los sectores laborales, comerciales, industriales, profesionales, educacionales, culturales, artísticos, deportivos e inherentes a la atención médica cotidiana en todas sus especialidades estamos en crisis, con serias dificultades para pagar nuestros impuestos, tasas y servicios, más las cuotas de diferentes rubros y según el número de cómo se constituye cada familia. Y aclaro que no exagero un ápice. A todos -grandes, medianos y pequeños- nos aprietan los zapatos.

Tengo una gran preocupación y esta es resolver de alguna manera el período escolar de primaria y secundaria. Alguna solución parcial se debe encontrar para que los chicos y las chicas tengan clases virtuales o semipresenciales.

Si siguen sin poder salir de sus encierros, aunque sea de a poco, más allá de abril, después de la pandemia podemos tener otro tipo de problemas…

(*) Especial para ANALISIS. Trevesse es periodista de Paraná.

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