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Un prócer y un porcino

Plaza Alberdi de Paraná

Por Luis María Serroels (*)

Días pasados a la persona responsable del equipo móvil de un medio televisivo paranaense le tocó cubrir un hecho tan inusitado como gracioso. Martes 9 de junio alrededor de las 21. Zona cercana a la sede de la filial de la Cruz Roja Argentina. ¿Suceso disparador? Las andanzas de un porcino hembra que orondamente había recorrido cuesta arriba la calle Salta hasta Andrés Pazos y tras deleitarse en el sitio público rodeado por esas arterias además de Urquiza y Rioja, comenzó su regreso con un sentido de orientación más bien propio de grandes razas caninas.

Al final –claro está más cómodamente porque ahora se hacía cuesta abajo hacia su “domicilio” en el Barrio Maccarone- y atesorando ya un alto nivel de popularidad vía mediática, enfiló casi como desfilando ante una mezcla de estupor y graciosismo de seres humanos caminantes de todas las edades y además al volante de cuanto rodado circulaba. Una moto patrullera custodiaba su retorno triunfal. Esto fue una típica nota de color en un momento en que la pandemia más atroz de nuestra historia condiciona nuestros movimientos y quietudes, horarios de salidas y regresos, como también los incómodos como necesarios aislamientos. 

¿Por qué nos hemos dedicado a relatar este episodio tan poco frecuente (que se repetiría al día siguiente en la zona de Avenida Ramírez)? Simplemente porque la persona que relataba el suceso dijo textualmente que el animalito había recorrido “la placita del bombero”. Buscamos explicación porque en nuestra Ciudad Paisaje no existe paseo alguno con ese nombre, sino la Plaza Juan Bautista Alberdi, en homenaje al gran abogado, economista, jurisconsulto, político, diplomático, escritor y músico nacido en Tucumán el 29 de agosto de 1810 y fallecido en Francia el  19 de junio de 1884 (precisamente dentro unos días se cumplirán 136 años).

El prócer residió desde muy joven en Buenos Aires, ciudad en la que desarrolló una importante actividad política, cultural y social. Participó en la fundación del Salón literario y la Asociación de Mayo junto a Esteban Echeverría. Fundó el periódico La Moda y compuso algunas piezas musicales. Decidido opositor al gobierno de Juan Manuel de Rosas, debió expatriarse y pasó largo tiempo en el exilio. Hacia 1840 concluyó sus estudios de Derecho en Montevideo. Más tarde viajó por Europa y Sudamérica. Finalmente se estableció en Valparaíso (Chile), donde se dedicó a su profesión de abogado con gran éxito, pero sin abandonar la literatura y el periodismo. Ejerció una gran influencia en las instituciones políticas argentinas.

Pero resta decir que en 1852 escribió las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina, que desembocaría en 1853 en nuestra Constitución Nacional. Hay mucho más pero alcanza y sobra para reafirmar la justicia de ponerle su nombre a una plaza de Paraná. Sin embargo  durante mucho tiempo los paranaenses la denominaron Plaza del Seminario, porque frente a ella se levantaba el edificio donde se formaban los futuros sacerdotes y hoy se halla la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER.

No causaría demasiada extrañeza que en este error incurra un ciudadano poco avisado, pero en boca de un profesional del periodismo no debería suceder. No suponen estas reflexiones menoscabo alguno ni detrimento hacia la figura de ese gran servidor público que es el bombero. Pero se corre el riesgo de que al paseo que está frente a la Parroquia del Sagrado Corazón denominado Plaza Sáenz Peña, se le llame “Plaza de la Calesita”. Quizás para muchos este comentario suene baladí pero va siendo hora de que reivindiquemos –en especial los comunicadores- a los grandes hombres que forjaron nuestra patria.

 (*) Especial para ANALISIS

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