Por José Carlos Elinson (*)
Muchos no entienden (el redactor se incluye), otros coinciden y el resto se deja ganar por una ansiedad que roza la indiferencia. Cuando el COVID-19 transcurría lejano y ausente de estas playas, el gobierno nacional y sus pares provinciales y municipales cavaron lo que entendían trincheras necesarias como para estar prevenidos por una eventual llegada en el tiempo del virus desconocido. Se implementaron medidas de seguridad sanitaria como si el coronavirus ya se hubiera instalado entre nosotros y llevado a cabo su sistemática tarea de devastación.
Las medidas adoptadas fueron estrictas y las fuerzas de seguridad jugaron un papel central en el control que ejercieron para evitar el incumplimiento de lo dispuesto por el gobierno nacional y, como decíamos, su correlato en provincias y municipios.
El COVID-19 todavía no había desembarcado entre nosotros pero valía más prevenir.
Para no extendernos demasiado en una historia conocida por casi todos, porque por un momento el escriba recordó a aquellos que vivieron los años más crueles del último proceso militar y después aseguraron que no se habían enterado de nada de lo que había pasado, pero decíamos que para no extendernos demasiado, diremos que el COVID-19 hace tiempo que vive entre nosotros y según aseguran desde el gobierno, lo peor todavía está por llegar.
Cuando los gobernantes consideraron que había transcurrido un tiempo prudencial comenzaron a permitir algunas salidas, encuentros de número limitado, prácticas aeróbicas y deportivas unipersonales y la apertura de locales gastronómicos desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche.
Pero el coronavirus llegó, y lo hizo cuando muchos pensaban que se trataba de una estrategia política de distracción, el famoso paso atrás de los boxeadores para cambiar el aire y poder continuar el combate.
Lo peor es que según las mismas fuentes oficiales, llegó pero todavía no ha dejado de llegar. Entonces parece –y esto es lo que no se entiende- que ante la acumulación de muertos y vivos en estado gravísimo, se deberá volver atrás sorteando fases de adelante hacia atrás y volver a encerrarnos entre cuatro paredes.
No es malo cobijarse en una vivienda, ya hablamos de esto y como ya lo hablamos no tiene sentido volver sobre lo mismo. El tema pasa, como dicen en el campo, para volver a juntar la hacienda y ponerla a resguardo.
Los que se manifestaban en contra de la cuarentena ganaron rápidamente las calles y espacios verdes dando por sentado que acá no pasaba nada y no iba a pasar. Hoy, apoderados de la calle y sus espacios, no será tarea fácil recuperarlos para una evaluación de su estado de salud. No todos, pero muchos son bombas humanas caminando por las calles y paseos de las ciudades haciendo caso omiso a la información –que a destiempo- envía el gobierno nacional por todos los medios de comunicación.
En ese caso, el de la omisión, a cada infectado habría que multiplicarlo por la cantidad de personas con las que alternó, más su grupo familiar, vecinos, amigos, proveedores habituales, en fin, la fórmula sería 1xn.
Cuando las cifras alarman y no es posible recuperar vidas perdidas, al gobierno se le complica el panorama: lo primero que dijo Alberto Fernández fue que pondría a la salud por encima de todos los problemas. Hoy Vicentín parece haberle ganado el lugar, pero además anunció la reapertura de los gimnasios la semana que viene. A esta altura de los acontecimientos y cuando muchos intendentes y gobernadores están, como decíamos antes, poniendo reversa para regresar a los lugares del origen, inclusive el mismo Presidente dejó deslizar la idea en algún momento, reabrir estos espacios donde la transpiración se volatiliza y convierte al lugar en un sitio peligroso más allá de cualquier protocolo.
¿Se están haciendo las cosas mal? ¿Fue (es) todo producto de un apresuramiento a destiempo? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que el número de infectados crece, el número de víctimas mortales también, parece que un sector de la población no hubiera tomado conciencia de la gravedad del problema ya que siguen atentos a cualquier fecha que dé para una celebración con un buen asado a la intemperie, o como el caso más emblemático ocurrido en el Hospital San Benjamín de la ciudad de Colón en la Provincia de Buenos Aires donde cuatro infectados se juntaron con otros internados por diferentes razones y celebraron con pizzas, bebidas y helado.
Siempre vamos a arribar al mismo razonamiento: la escasez de contenidos educativos atenta contra la posibilidad de razonar en los mejores términos y hace que nos internemos en callejones sin salida como el que estamos transitando.
Pero nos lo dice el catalán Joan Manuel Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
(*) Especial para ANALISIS.





