Por J.C.E. (*)
Los periodistas no facturamos, queremos decir no reclamamos ni recriminamos, no es nuestra función. Pero además no nos hace falta hacerlo. Lo que está escrito es un testimonio inamovible (bueno, según quien escriba puede ser un poco inamovible, depende muchas veces de la dirección del viento. ¿se entiende, no?
Pero los periodistas que tomamos el oficio como un compromiso inalienable, dejamos facturar a los contadores y nosotros nos internamos cada vez más en los territorios a veces inescrutables de la noticia.
Pensamos que carece de sentido pasar facturas por las cosas sobre las que hemos advertido y que sus destinatarios han dejado pasar de largo tal vez porque no provenían de su riñón, o simplemente porque estaban con la atención puesta en otros temas que les insumían tiempo y tenían ya un destino preconcebido..
Sí lector, una vez más vamos a referirnos al COVID-19 y sus circunstancias poco amigables, por cierto.
Lo primero que hay que decir es que se hace realmente difícil hablar con seriedad de lo que no se conoce. ¿Qué sabemos exactamente del coronavirus como no sean las especulaciones de científicos y neófitos? ¿Dónde está el acceso y dónde la salida necesaria y urgente que nos ocupe el tiempo en salvarnos la vida?
Dijimos que como periodistas no facturamos, pero quien se tome el trabajo de leer columnas anteriores firmadas por este escriba, encontrará párrafos con luces de alerta encendidas, y lo importante no es el ignoto que escribía sino el mensaje que pretendía instalar en los sectores de decisión, esto es el mensaje de la visita en ciernes.
Si nos dedicamos a leer ediciones anteriores veremos que los preparativos para el combate contra el virus del que lo único que se conocía era, por un lado, el socrático “no sé nada”, y por otro su capacidad letal, pero al hacerlo encontraremos también advertencias sobre lo que en su momento llamamos “abrir la puerta para ir a jugar”.
Nos parecía un exceso de confianza en un futuro incierto y un apresuramiento innecesario, además de peligroso. Hablamos entonces del “quedate en casa”, de sus pro y sus contras, hablamos de la intemperie, de la imposibilidad que para muchos “vulnerables” implicaba “Quedate en casa” porque no había casa donde quedarse y decíamos que era un discurso para las clases medias propietarias o inquilinas en cifras para muchos inaccesibles..
A mediados de junio, y cuando el famoso pico del COVID-19 no se ha manifestado –dicen- en su máxima expresión, sólo hemos acumulado contagios y muertes, ninguna solución y un cúmulo de desencuentros entre los que mandan y los que (des) obedecen pautas de conducta que no pasan de ser pruebas a suerte y verdad. N son los únicos desencuentros, también se dan entre los ciudadanos y lo que podría ser peor, entre gobernantes. Muchos vimos el esfuerzo de Alberto Fernández por integrar a Horacio Rodríguez Larreta a la primera conferencia con medios de la que también formaba parte el gobernador de Buenos Aires Axel Kisilloff que no pudo disimular su intención de dejarlo al margen a Rodríguez Larreta y ocupar junto al Presidente el centro de la escena. Es decir, más allá de la gravedad del tema convocante, el bonaerense priorizaba la política partidaria por encima del interés que define la salud de la población.
Hoy los gobernadores e intendentes más optimistas hablan de tomarse unos días para definir el temperamento a adoptaren la emergencia que hizo suponer que lentamente se iba arribando a la meta y de pronto con números alarmantes se encuentran otra vez en el principio de una historia que como la primera vez no se sabe cómo sigue y mucho menos cómo termina.
Reiteramos porque nos parece necesario dejar en claro qué se hizo y qué faltó. Los periodistas no facturamos, los que en nombre del periodismo lo hacen no pasan de ser mercachifles de noticias que con un dinero por delante no dudan en empeñar la palabra inconsistente de irresponsabilidad suprema.
Así las cosas, los argentinos entre pandemia, cuarentena, protocolos y algún par de lugares comunes más, nos encontramos sumidos en una gran desorientación sin brújulas a la vista.
¿Cuáles deben ser ahora los pasos a seguir?
Teléfono para (Alberto) Fernández.
(*) Especial para ANALISIS.





