Por José Carlos Elinson (*)
Recuerdo que en un pasaje memorable del film La sociedad de los poetas muertos, el profesor descubre que uno de sus discípulos enfrentado con su padre por su inclinación a la poesía, tiene lo que el docente llama “el don”. ¡Tienes el don! le dice después de haber escuchado un poema escrito por el adolescente.
El don. No todos pero muchos tenemos algún don que no necesariamente debe ubicarse en los territorios del arte y la cultura, pero son dones que suelen acompañarnos –salvo excepciones de distinta naturaleza-, toda la vida.
Ustedes, enfermeras y enfermeros tienen un don difícil de definir en cuanto a protagonismo. ¿Quién maneja la templanza, la entrega, la paciencia, ustedes o el don?
¿Son ustedes los que se apropian del don y lo ponen como herramienta fundamental al servicio de la causa humanitaria que los define o es el don que les atrapa el alma y los conduce por los caminos de la solidaridad hacia quienes viven una existencia de desprotección y olvido?
Por más que se esmeren en cultivar el anonimato porque lo importante para ustedes es el servicio, sus nombres, sus gestos, su dedicación a restañar los dolores del otro, adquieren una identidad propia que los atrapa y los anima.
Ustedes, enfermeras y enfermeros son un pedazo de alma que se ofrenda sin horarios, son un corazón que late al ritmo de la vida que se empeñan en poner de pie.
Y tienen razón, no hace falta nombrarlos porque no son los nombres sino las acciones sin tiempo las que destacan.
Son padres y madres, son esposos y esposas, son hijos y nietos, la vida suele premiarlos con complicidades que les devuelven parte de lo que aportan al cuidado de la salud de los demás, los demás que si la tarea es exitosa seguirán su camino y les quedará apenas en algún rincón difuso de la memoria su paso por la cama contenedora de un hospital. Pero las camas son inanimadas, carecen de vida propia. La contención la brinda el don, ese que es único e irrepetible.
Cuando la tarea diaria llega a su fin y se da el cambio de guardia, ustedes, enfermeras y enfermeros, se hunden en las profundidades de los días y las noches y, para el común de los transeúntes son apenas una persona más en la vorágine cotidiana de la existencia.
Ustedes, enfermeras y enfermeros son ojos atentos y brazos solidarios al servicio de una sociedad que no necesariamente los valora en su real dimensión pero sabe, como dice Mario Benedetti: ..."que puede contar conmigo, no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo”.
(*) Especial para ANALISIS.





