Ex intendente de Paraná, Don Juan Carlos “El Gallego” Esparza.
Por José Carlos Elinson (*)
Días atrás, en una de mis habituales entregas, mencioné al ex intendente de Paraná, Don Juan Carlos “El Gallego” Esparza. La columna tuvo su repercusión y por varias vías recibí la inquietud de vecinos paranaenses que se preguntan la razón por la cual una calle de la ciudad no lleva el nombre de Juan Carlos Esparza.
Más aún, una de las personas que se comunicaron con este cronista, aportó un dato muy significativo que justifica ampliamente la denominación de una calle en particular como homenaje al ex intendente.
Fue responsabilidad de su gestión el emplazamiento del Parque Industrial de Paraná en el lugar que ocupa.
Somos muchos los que coincidimos porque sería un acto de justicia y reconocimiento a la tarea llevada a cabo por el Gallego y su equipo de colaboradores entre los que hay que destacar todo lo hecho por iniciativa de Armando Brumatti, que la nueva calle de acceso al Parque Industrial por su parte posterior y que sólo está numerada, fuera denominada Intendente Juan Carlos Esparza.
El Gallego Esparza conoció los rigores de la cárcel no por delincuente sino por democrático, por ser fiel a una ideología que nació en la vida sacrificada de obrero de frigoríficos en la zona de Mataderos de la por esos días Capital Federal de la Argentina y lo acompañó –me consta- hasta el último día de su vida.
Un nombre como el de Juan Carlos Esparza no puede ni debe quedar en la historia difusa de la patria. No viene al caso como pretendieron varios comparar merecimientos, y no haría falta, los del Gallego sobran, lo que sí viene al caso es rescatar de vaya a saber dónde el proyecto de llevar a cabo este acto de, como decíamos homenaje y reconocimiento que evidentemente algunos le han negado por razones que deberán discutir con sus conciencias si es que aún les queda un resquicio de honorabilidad.
La integridad moral y cívica de Juan Carlos Esparza reclama no quedar afuera de la historia de esta Paraná a la que le brindó sus mejores esfuerzos que, ya está dicho, debió pagar con cárcel.
Es alto el precio de la dignidad cuando se lleva bajo la piel y se pone al servicio de las causas nobles. No hay razón para condenar al Gallego a un olvido desprolijo e irracional.
Aunque de cualquier manera, aunque nadie retome el proyecto que se quedó en el tiempo, el nombre del Intendente de Paraná, Don Juan Carlos Esparza, en los años de sangre y fuego alcanzará por sí solo para derrotar a cualquier olvido, pero es mucho más lo que hace falta. Su entrega a la causa nacional y popular antes de los manoseos espurios de la definición fue, es y será un capítulo brillante de nuestra propia historia.
Si los encargados de olvidar quieren hacerlo, que lo hagan, el pueblo, sin distinción de banderías políticas no lo condenará jamás al ostracismo insultante y falaz.
(*) Especial para ANALISIS.





