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Por más Cepeda y menos Pavón

Federalismo, Región Centro y coparticipación

Federalismo, Región Centro y coparticipación.

Por Carmen Úbeda (*)

Los abusos del poder central. Hoy decir Buenos Aires es referenciar a la provincia más extensa del país, de legendarias riquezas concentradas, de innumerables surcos y opulento ganado. Una alegoría de la argentinidad, aunque haya sido esteriotipada y “for export” durante el siglo XX. En el origen, siempre se confundió la provincia con la capital de una Nación que despuntaba. El conflicto federal con Buenos Aires arranca desde la colonia, cuando se pasa de la Casa de Austria a la Casa de Borbón, ya por una cuestión recaudatoria y el poder abusivo de Buenos Aires. Una Buenos Aires ausente de todos los pactos federales que se sucedieron luego. Una Buenos Aires que negaba su presencia también en los debates para arribar a la Constitución Nacional en Santa Fe. Cuando se dignó a enviar diputados a la Asamblea del año ‘13, éstos fueron digitados por la logia Lautaro, lo que comprueba su accionar masónico, elitista y al límite de lo institucional. Una Buenos Aires que combatió a los caudillos del interior cuyos desaciertos no lograron opacar la legitimidad de las luchas coronadas en Cepeda: autonomías provinciales y reconocimiento de sus estaturas. Con Pavón y después con Lamadrid (enviado por un directorio ya establecido) no sólo se abaten caudillos sino también se derrocan gobernadores provinciales. El paso de la historia atemperó las luchas que dejaron de ser cruentas, pero sus idénticas causas continúan, aunque en un clima de mayor diplomacia.

Buenos Aires, más precisamente o el poder central que la respalda, no ha cesado un instante, en casi tres siglos, de abusar, desconocer y anular a las provincias en nombre de la solidaridad territorial. Por razones políticas y/o por intereses más individuales que colectivos, el interior es subsumido por la Nación. Hasta este presente, el trato es irrespetuoso y la avanzada ignominiosa. Pero, como diría Augusto Roa Bastos “no hay penetración sin fascinación”. Buenos Aires no podría abusar de las provincias si, de algún modo, ellas no se lo permitieran en apretado conjunto. Ellas, en un sentido alegórico, pero hay que apuntar a los hombres y los signos políticos que las conducen. Si se realiza un recorte temporal, desde el comienzo de la democracia, los gobiernos provinciales han corrido sobre la coyuntura librados a la discrecionalidad del poder central, en un juego indigno de “tanto me das, tanto te doy” y con un desequilibrio generalmente a favor del “puerto”. La mística que alimentó el nacimiento y las autonomías provinciales, se ha empañado por intereses de corto plazo. Ya no se escuchan gobernadores que enaltezcan su sentido identitario y que recuerden, con respeto, que las provincias son anteriores a la Nación aunque posteriores a la República. Hay excepciones que confirman la regla.

Las privilegiadas del mapa

Sin desmerecer a las otras, fueron Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos las provincias que se opusieron histórica y sistemáticamente al Poder Central. Acontecimientos que no llevaron, sin embargo, a una verdadera autonomía y al reconocimiento fiscal de acuerdo con sus aportes. No se debe olvidar que “la madre del borrego” fue desde el origen el dominio de Buenos Aires. Tuvo y tiene la llave del comercio y una aduana poderosa que recauda todo. Su puerto fue y es el embudo de la Nación. No se trata de “barcelonizar” la Región Centro. No confundir esta postura con algún espíritu ridículamente separatista. Se alude sólo a la potencia económica de la Región Centro y al defasaje de su representatividad. Además, esta región tiene una fisonomía histórico cultural tanto o más importante que Buenos Aires para definir la argentinidad. Desde sus adelantadas fundaciones durante la colonia, el haber sido capitales y centro del saber, las tierras que vieron nacer a los hijos que defenderían sus villas no fundadas, ser protagonistas indiscutibles de las autonomías provinciales, de los pactos preexistentes y de la Constitución Nacional y luego hábitat abierto a la inmigración, no hay muchos más datos para configurar la argentinidad. Buenos Aires sólo define la porteñidad. El carácter central de esta región la ha ubicado en el privilegiado lugar de equidistancia y equilibrio como para armonizar al país entero entre norte, sur, litoral y Cuyo en esta tan diversa Nación. Cualidad altamente desaprovechada desde lo tangible y concreto, pero más aun desde lo simbólico e intangible. Esta última, de naturaleza más persistente, motorizadora de los hechos. En lo económico, por ejemplo, la Santa Fe de los granos y el ganado, atravesada por el río hermano del mar, es la segunda en aportes a la Nación y la que menos recibe. Córdoba, la provincia francamente mediterránea, es la que encabeza la industria metalúrgica, automotriz y aerospacial del país. En cuanto a Entre Ríos, abundante de frutales y cereales, cuya productividad agrega valor, es verdaderamente un modelo para los tiempos: no hay ninguna otra provincia en que lo rural y lo urbano se asocien naturalmente en armonía y sin cortes rotundos. Basta recorrer la provincia de todos los verdes para entender el suave e imperceptible pasaje entre campo y ciudad. Es ocioso mencionar lo que significa Córdoba, la Docta, en la historia cultural y científica del país. O Entre Ríos en lo que incumbe a la educación y específicamente a la enseñanza. Y Santa Fe, en la industria, en la ciencia, la cultura y el arte. Sin embargo, en lo político, sus desempeños han sido erráticos y desiguales, más cerca de intereses inmediatos y más lejos de la demanda histórica. Las tres son el corredor bioceánico de Argentina. Insoslayable para cualquier planteo de crecimiento, de comercio exterior: se enlaza con dos puntos cardinales del planeta, este y oeste y conecta con los otros dos. ¿Se percibe la importancia superlativa con relación al resto de los países latinoamericanos y aún a Brasil? Argentina va de mar a mar, cruzando el angosto Chile, y el puente es la Región Centro. Estas ventajas diferenciales no son aprovechadas en su magnitud o se lo hace de una manera discontinua.

El necesario río mar

Recientemente, se formalizó la creación del Consejo Federal de Hidrovía con Entre Ríos, integrando a las provincias conectadas y beneficiadas de Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Buenos Aires, que tendrá su sede en Rosario y controlará los diecinueve puertos sureños bajo la “atenta mirada” de la DEA (las razones son tan comprensibles como delicadas, pero exigen un seguimiento y una meticulosa observación por parte de los estados provinciales. En otras palabras, la beneficiosa circulación de la hidrovía también constituye un riesgo por lo cual se impone un control). Aquí surge el papel de la provincia de la trilogía integrante de la Región Centro: Entre Ríos. Gustavo Bordet quedó como presidente protempore de la Región Centro quien expresó “este año va a haber barullo en los presupuestos que no serán neutros”, con un arrojo no común en sus manifestaciones. Si entre Omar Perotti y Juan Schiaretti hay profusas semejanzas, la relación de Santa Fe con Entre Ríos es más histórica que contemporánea o personal, por vecindad, por realizaciones conjuntas, por demandas compartidas (otrora el puente y luego el túnel como rebeldía y hoy otra vez el puente, por ejemplo). El propósito de la hidrovía es que próximamente se integre el reubicado puerto de Santa Fe y deje de ser su margen fluvial sólo un pobre tramo de cabotaje para barcazas o el componente paisajista del gran silo convertido en hotel para llenar las retinas de los turistas. ¿Será el destino de esta ciudad cumplir medianamente su función de capital histórica y puerto preciso o quedará sólo limitada a la burocrática administración? De su pueblo, de su sociedad civil y de su dirigencia depende.

En otro orden, es de destacar la relación fortalecida entre Santa Fe y Córdoba que se patentiza en las obras de un acueducto compartido para beneficio de miles de cordobeses y del cordón noroeste de la provincia de Santa Fe. Obra que no se relaciona directamente con la traza del corredor bioceánico, pero que acerca cada vez más a dos de las provincias que lo componen. Esta ubicación estratégica tan aprovechada en la lucha por las autonomías provinciales que vieron claramente los caudillos del siglo XIX tiene, en la política actual, una tímida utilización. La postura en conjunto frente al Estado nacional es de baja intensidad y la impostura política frente al poder central es inferior al propio poder que ellas detentan. Juntas, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos inclinarían la balanza notablemente en su favor con la fuerza de su representación para el logro de fondos coparticipables justos. Es de esperar que el nuevo consenso fiscal no perjudique las demandas por la deuda de coparticipación. Generalmente y para cubrir contingencias inmediatas, las provincias negocian de a una. En realidad, están urgidas por la necesidad y la demanda de sus respectivos pueblos, aunque según la grandeza o la mezquindad de sus mandatarios, se ligue más a instancias electorales que a atender el bien común. Frente al Estado nacional, las tres provincias mantienen una relación respetuosa y a veces complaciente. En algunos casos, por “tempismo” político y en otros, en criollo, por temor “a sacar los pies del plato” y dañar sus próximas ambiciones.

Sólo como ejemplo, porque las tres sufren condiciones semejantes, Santa Fe es la que más aporta al fisco y la más perjudicada. Se invierte cuatro veces más para un habitante de CABA que para un santafesino (aún con la última reducción). El error es de base: nuestras provincias están subrepresentadas en el Congreso de acuerdo con su población porque otras están sobre representadas. Este Congreso está violando la Constitución porque no actualiza la representación de las provincias de acuerdo con la población lo que debería dar lugar a una nueva ley de coparticipación. Más que razonable y legítimo sería que la Región Centro se desempeñara legislativamente como un apretado bloque de decisiones, superando jurisdicciones, partidos, espacios y bloques. En cambio de considerar ésta como una meta políticamente ingenua, sería un acto de grandeza y al mismo tiempo de alto sentido práctico

Sordas relaciones

Existen temas en apariencia irrelevantes para lo aquí tratado, sin embargo, condicionan significativamente la conducta de los protagonistas. A poco de hurgar, se detecta una comunicación no pública, por el contrario bastante íntima, entre los gobernadores de Santa Fe y Córdoba desde antes de las elecciones. Los dos tienen un perfil semejante, no idéntico, pero lo suficiente como para acercar algunas de sus valoraciones comunes: nunca pudieron aceptar la controversia con el campo, los dos defienden por igual las cajas de jubilaciones como parte de las soberanías provinciales, ambos disintieron con la primera postura del Estado nacional frente al caso Vicentín y, en la actualidad, han optado por un silencio cómplice frente a la estafa… A los dos les molestó la palabra expropiación. Perotti acercó un rotundo cambio lingüístico y jurídico: intervención, para salvar y rescatar empleados y proveedores. En ese caso, sólo él lo hizo públicamente. En tanto, Schiaretti se valió de sus diputados nacionales y sus expresiones “no contundentes” desestimaron el discurso de expropiación. Los diputados provinciales Luis Rubeo y Carlos Del Frade siguieron la línea del gobernador alentando la creación de una empresa mixta. Juan Schiaretti no se hizo notar, quizás, porque el anterior ejecutivo nacional le dio a Córdoba lo mismo que Vicentín le debía. En cuanto a Omar Perotti, su actuación quedó congelada en lo meramente lingüístico porque no insistió en la formación de una empresa mixta como parecía mentar. Mucho antes de las elecciones, la relación entre los actuales gobernadores de Santa Fe y Córdoba fue estrecha. Ambos peronistas no vienen de una línea interna común. Para reconocerlos de algún modo y reductivamente, Schiaretti vendría de una vertiente más progresista y Perotti, más conservadora, pero hay una razón existencial que los acerca: sus antepasados étnicos y sus experiencias vitales tan relacionadas con la pampa gringa. Siempre fue conocido, no sólo por las filas del peronismo, su idéntico rechazo a CFK que ambos obligadamente mantienen entre bambalinas: uno, porque tuvo que negociar las listas con la ex presidenta y fue en aquel momento de su agrado; el otro, (aunque sus acuerdos tácitos se acercaban más a Cambiemos) porque el actual gobierno nacional fue pergeñado por la dueña de los votos. Aun así, el líder mediterráneo le entregó todo su saber y entender gubernamental y puso a disposición de Perotti el conocimiento de su gestión. También entre las segundas líneas, se filtra que han mantenido numerosas reuniones clandestinas. Se sabe además que Schiaretti se inclina por la conformación de un pamperonismo que supere a CFK, con o sin Alberto Fernández. La posición de Perotti es más complicada por la relación de algunos cuadros santafesinos en la conformación del primer gabinete nacional y por el entramado de sus listas, como se dijo. Omar Perotti va por más y Juan Schiaretti parece querer cerrar el círculo en su provincia. Entonces, más allá de cualquier reacomodamiento partidario, el jefe de El Panal no se aparta de su pulsión cordobecista, como dicen. Hay circunstancias en que ambos parecen disentir, es el caso de la firma de los gobernadores en apoyo a la quita de un punto del presupuesto a la CABA: Schiaretti no firmó. Sin embargo, sus concepciones se acercan aunque algunos movimientos sean diferentes quizás por una mera cuestión generacional y de procedencia. Schiaretti sabe hacerle guiños a la Rosada: no firmó el apoyo a Alberto Fernández, pero sus diputados votaron el presupuesto, la quita a la CABA, la ley del impuesto a las grandes fortunas. El gobernador de Córdoba ejerce una conducción permanente con sus legisladores nacionales. No se percibe el mismo ascendiente entre Perotti y sus legisladores por Santa Fe. La astucia y la picardía del cordobés, su “savoir-faire” político, su maquiavelismo criollo, su sonrisa oportuna y sus calladas negativas (juega a la escondida como ningún otro) no son características del aliado santafesino proclive a la parquedad habitual o, por el contrario, a la elocuencia de gran rigor técnico político, dueño de una discreción y de una seriedad clásica. En tanto Schiaretti mantiene una distancia semipública o íntima con el electorado o los compañeros, en Perotti es más usual la distancia pública, con excepciones. Pero algo los aúna: su omnipresencia (están todo el tiempo en todos los temas y no delegan). En cuanto a las internas que como gobernadores están obligados a sobrevolar, aunque cada uno de ellos provenga de una línea, desde el análisis, la cordobesa parece ser la más diversificada y difícil de controlar: hay más de treinta agrupaciones peronistas entre fundamentalistas K, ortodoxos, moderados. En Santa Fe, más que líneas, hay jurisdicciones en competencia, concepciones del poder, conductas sospechosamente alejadas de la ética que, por esta diplomacia patricia tan criticada, se mantiene tensa y silenciosa. Omar Perotti debe conducir un gabinete con cuadros del obeidismo, a los que él mismo eligió y línea por la cual él trascendió Rafaela, y enfrentar a otros referentes del sur que a su vez rechazan algunas designaciones ministeriales por responsabilidades propias, pero sembrando rumores con los que el gobernador también se siente incómodo. Con los últimos acontecimientos, es posible discernir que la incomodidad es auténtica (defiende con garra sus designaciones) porque sospechaba de actividades ligadas con la corrupción en el sur provincial. Lo cierto es que, por razones de urgente resolución, de corto plazo, o por las demandas electorales ya que la provincia vive un clima de propaganda permanente (al margen del gobernador), se confunde lo contingente con lo trascendente. Se busca el poder inmediato y no el poder superador para lograr transformaciones profundas. Ocurre en la provincia, en otras y en la Nación: languidecen en banalidades y transitan la etapa agonal de la política sin poder arribar a la arquitectónica. Estas consideraciones se hacen para comprobar la importancia que tienen las personalidades, los acontecimientos privados, los mínimos movimientos internos y de entrecasa con los hechos de trascendencia pública.

Una situación estratégica desaprovechada

Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Coparticipación, Región Centro y federalismo son tópicos imposibles de separar cuando se alude a estas provincias. El último lleva siglos de lucha y espera, pero particularmente en la Reforma Constitucional del ‘94 se especificaron con precisión sus alcances. Por el contrario, un breve tiempo después se concretó la detracción coparticipable del 15% correspondiente a Santa Fe y porcentajes similares en las otras dos provincias para cubrir déficit de Anses y AFIP. Las demandas legales ejercidas por dos de ellas y con sentencia firme de la Suprema Corte nunca se atendieron. Como se dijo, los recuperos fueron aleatorios, erráticos, dispersos, ligados a la voluntad y discrecionalidad del poder central y a las relaciones entre los gobernantes y los ejecutivos nacionales del momento (caso Córdoba y sus acuerdos con el signo ganador en 2015 – devolución de favores-. Santa Fe y Entre Ríos debieron tomar deudas con la misma nación deudora a altas tasas de interés, para concretar obras de suma importancia y aun así no culminadas). El caso santafesino es criminal porque hay una sentencia firme (2015) desatendida y una Corte que condena al Estado nacional y al Banco Nación a cumplir con el pago de la deuda; Córdoba y una estrategia política leal exquisitamente astuta se cobró con creces los favores otorgados al nuevo espacio ganador (2015); y Entre Ríos tuvo menor exposición en este tema, a pesar de que Gustavo Bordet mantenía reuniones secretas durante el macrismo con otras provincias en la Casa de Entre Ríos en Buenos Aires, tratando de aunar criterios para buscar una salida de conjunto.

En tanto, se tomará como caso ejemplar la demanda de Santa Fe. La contrición al trabajo, la idoneidad y la perseverancia de dos legisladores nacionales en la Cámara Baja es encomiable por varias razones. De signo contrario, de trayectorias opuestas, sin el apoyo explícito del gobernador, en un caso, y de sus aliados en el otro, dos disputados por Santa Fe tomaron el toro por las astas y se presentaron en la comisión ad hoc con una propuesta acabada. La misma agregaba una cláusula específica al presupuesto nacional sobre coparticipación federal. Debieron empujar, convertirlo en bandera sin contar cabalmente con apoyos de sus propios bloques, pero lo lograron. Con halos del siglo XXI, estos jóvenes reprodujeron el papel de los soldados de López luchando en Cepeda. Son el diputado Enrique Estévez del socialismo y Marcos Cleri del Frente de Todos. Ante la concreción exitosa de sus actuaciones, Luis Contigiani del socialismo definió el hecho como histórico. Nunca se había incorporado a un presupuesto una cláusula referida a la coparticipación con semejante carácter constitucional. El socialista Enrique Estévez reclamaba la actuación de un Perotti indiferente “que se ponga la camiseta de la demanda”, pero una vez lograda la causa, el gobernador expresó su satisfacción por el trabajo de los diputados (sin comprometerse frente al ejecutivo nacional, demuestra la habilidad política de capitalizar lo que le conviene). Ahora corresponde que las provincias de las Región Centro aúnen sus esfuerzos para continuar con la merecida demanda, manteniendo la dignidad de sus derechos y sin decaer ante ofertas de ocasión. Las provincias y también la nación claman por muchas Cepedas y ninguna Pavón.

(*) especial para ANÁLISIS.

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