Por Luis María Serroels (*)
Buena reflexión nos sirve de inicio a nuestra columna. “El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago”.
Cuando la política de la buena, sana y limpia lentamente comienza a devaluarse y escabullirse por las rendijas de la inmoralidad, es llegado el momento de asear las instituciones sin perder tiempo. Ignorar a los ladrones del Estado a sabiendas de que desbordaron sus bolsillos y encima servirles en bandeja altos cargos traspasando el portalón vergonzante de la impunidad, es simplemente asociarte con la corrupción.
En algún momento debe cortarse la cuerda. Haber caído en la suciedad del enriquecimiento ilícito con manos impregnadas de lodo, ante miradas desviadas de ciertas jerarquías, es peligroso. La necesidad de salvar la decencia pública conlleva blandir el látigo sobre los corruptos.
¿Quién se preocupa ante ciertos órganos para asearlos de elementos indeseables? ¿Hay noticias al respecto? Cuando se desgasta el tiempo y la paciencia en los sillones mayores de la política, es esencial respetar las instituciones de la democracia. No cuando se socavan sus valores esenciales para robar incluso en un núcleo familiar hasta con aguantaderos bien seleccionados.
Tras el final de la interminable e infame pesadilla que la Nación padeció hasta 1983, el país volvió a sentir los aires bienhechores de la libertad. Tras ese inicio, en la provincia de Entre Ríos se sucedieron hasta hoy cinco mandatarios. Sergio Montiel (dos ejercicios), Mario Moine (uno), Jorge Busti (tres ejercicios), Sergio Urribarri (dos) y Gustavo Bordet (uno cumplido y el segundo en actual desarrollo). Sumando los años, exceden a los oriundos de la Capital del Citrus (sin dejar de mencionar a Enrique Tomás Cresto –también de ese terruño- cuyo ejercicio (1973-1976) se vio truncado por el golpe militar de 1976 que sembró muerte, encarcelamiento y desaparición de miles de personas.
En su último número de la revista ANALISIS (sección OFF The record) bajo el título Urribarri, sin vacaciones, se da cuenta de que el embajador en Israel y Chipre se encuentra “en su mejor momento” y que habrían sugerencias de retornar a su país con miras de ocupar otra vez una banca en la Cámara Baja nacional. Se da cuenta de que habría un fluido diálogo con figuras que deberían estar entre las rejas.
Ello revela que en el seno de la administración provincial se da prioridad a eventuales relaciones comerciales, sin darle trascendencia a la situación judicial que tarda escandalosamente por trabas y trampas.
Cuando asumió su primera gestión el contador Gustavo Bordet, tal como lo hizo con el tres veces mandatario Jorge Pedro Busti, se carece al menos públicamente qué temperamento se asumirá de una vez por todas, siendo claro que se está frente a una figura política llena de cargos contra la ley. No deja de ser importante el hecho de que los inocentes son los primeros en presentarse ante los fiscales, en tanto los que rehúyen son los culpables (2 + 2= 4).
Al ex mandatario deberían recordarle los fiscales y jueces que las causas que recaen sobre sí son graves y que las maniobras ingeniosas o no, permiten escurrirse de los juicios a pesar de habilidades y el auxilio de funcionarios pícaros. La operación de designar a Sergio Urribarri al frente de dos embajadas, carente de la mínima solvencia y exigencias que el servicio diplomático demanda, es una irrespetuosidad en la que un primer magistrado no debería incurrir.
Las facultades –ya hemos dicho- de que dispone un mandatario no significan una carta en blanco.
El nombramiento de Sergio Urribarri como embajador significó una sonora bofetada en el rostro de la sensatez y un gran portalón a la vergüenza.
Más allá de las utilidades que pudiese acercarle a los intereses de la política exterior en el intercambio bajo réditos plurales, quienes le han dado tanto crédito desde la política entrerriana a un ex mandatario parecen ignorar que el peso judicial que hoy debe soportar no es una opción sino una obligación para con la justicia. De allí que en el clima de la política provincial no se logra interpretar.
No es fácil descifrar al ciudadano común, que máximos cargos provinciales de alta moral, puedan congeniar con un ex mandatario que huya de los tribunales y encima gocen de la confianza absoluta a la hora de plasmar negocios con quien debería primero limpiar el nombre y sus antecedentes como cualquier ciudadano de a pie.
Si la buena política se divorcia de los malos intereses, se está en la buena senda. Cuando Gustavo Bordet asumió su primera gobernación (2015-2019), todos supusieron que no sería saludable cualquier relación con un político señalado por la justicia. ¿Es imprescindible la relación con Urribarri? No se advirtió la suficiente confianza. Muchos entrerrianos supusieron que se exigirían controles de las cuentas oficiales y rendiciones (el caso de los contratos truchos que involucran a decenas de personas, se mantuvo resguardado hasta que el periodismo de investigación (ANALISIS) llegó a escarbar debidamente hasta abrirles las puertas a los tribunales.
Los organismos de contralor ¿qué verificaciones efectuaron sobre el responsable de la mayor jerarquía política provincial vinculada a hechos delictivos? Un ex mandatario durante períodos consecutivos a quien se le investigan graves cuestiones ¿se pueden mantener con él relaciones normales y canalizar negocios con otros países en su condición de embajador, sin advertir que existen cargos muy serios? ¿No debe acaso invertirse la carga de la prueba? ¿Toda la ímproba tarea que durante años realiza Daniel Enz es ignorada por ciertos resortes del poder político?
La identificación de iguales signos políticos consecutivos es consecuencia de la labor proselitista y las figuras seleccionadas para la tenida electoral. Pero quien falle a su compromiso de lealtad a la decencia y obligaciones abriendo espacios a las malas artes, no puede ser premiado con nombramientos en el servicio exterior de la Nación.
Las personas de bien no huyen de la justicia. Y los corruptos no pueden ser salvados por sus superiores. Ello significa la palabra “banda”.
Yendo a otro asunto que merece atención, no podemos soslayar una circunstancia que demanda una reflexión. Tras anunciarse la liquidación del segundo medio aguinaldo, el ministro de Economía aclaró que “es un esfuerzo muy grande que realiza la provincia y podemos hacerlo cuando trabajamos con responsabilidad y seriedad” (el mayor esfuerzo se da cuando el sueldo se achica paulatinamente).
Asimismo se confirmó la decisión del gobernador Gustavo Bordet de entregarle un bono de 5.000 y 3.000 pesos respectivamente a activos y pasivos al cierre del último año. No se puede dejar de puntualizar tal hecho, pero de todos modos se recuerda que el gobierno comenzó a achicar meses atrás los ingresos a sus activos y pasivos para oxigenar las arcas del Estado. Los pesos “obsequiados” proveerán de los mismos agentes y pasivos. Claro que el arte de gobernar, más que un arte es un desafío. Más que un regalo de fin de año, se parece a un rescate.
Otro sí digo: en vísperas de la Navidad, el Tribunal de Apelaciones resolvió no hacer lugar al pedido del Ministerio Público Fiscal (MPF). El ex dos veces gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, junto a un nutrido grupo de procesados, deberán responder en juicio oral.
Urribarri es actualmente embajador de nuestro país en Israel y Chipre, seleccionado por el Canciller Felipe Solá (Ingeniero Agrónomo) y la anuencia del presidente Alberto Fernández. Han dado un paso ridículo y despreciado a los verdaderos especialistas en diplomacia.
(*) Especial para ANALISIS





