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Paren que me quiero bajar

Cristina Kirchner

Por Rogelio Alaniz



Los argentinos tenemos dos problemas que son gravísimos porque entre otras cosas no sabemos cómo resolverlos: la vacuna o la falta de vacunas, y una realidad económica social calamitosa por donde se la mire. Un gobierno normal dedicaría todos sus esfuerzos a dar una respuesta a una situación que clama al cielo. Sin embargo, la preocupación central de los peronistas, el objetivo al que le dedican todas sus energías es cómo maniobrar, operar, intrigar o apretar para que la señora Cristina quede libre de culpa y cargo de los delitos que le imputan con pruebas abrumadoras en su contra.

La consigna es clarita: primero asegurar la libertad de Cristina y después “vamos viendo”. Es verdad que las vacunas no alcanzan, que nos sabemos cómo conseguirlas y mucho menos cómo distribuirlas, pero a modo de consuelo nos queda la tranquilidad de saber que los amigos y amigotes están vacunados.

Es verdad que el panorama económico y social anuncia tormentas con aire de catástrofe, pero siempre queda la esperanza de patear la pelota para adelante, mientras se responsabiliza a Macri, a Larreta o a María Eugenia Vidal de todos los males que llueven sobre este desdichado país.

Un Estado nacional dedicando todos sus esfuerzos a resolver la situación jurídica de su jefa espiritual, situación jurídica que alude al saqueo perpetrado por ella y su marido a los recursos nacionales. Hay pocos precedentes en el mundo de un gobierno lanzado tras objetivos tan nobles y solidarios en defensa de la libertad.

A decir verdad, en el Ministerio de Justicia hacia falta un delicado artesano, un exquisito tejedor de urdimbres, un refinado artista del acuerdo y la conciliación, pero el gobierno peronista ha preferido en ese puesto a un barra brava, a un energúmeno político que aún no ha terminado de despejar sus problemas judiciales en su provincia, un increíble Hulk cuya exclusiva y absorbente lealtad es con la Señora.

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