Por José María Varangot (*)
El descrédito actual del gobierno de Fernández ante la opinión pública, nos recuerda el peor momento del kirchnerismo, época de los dólares de La Rosadita, los bolsos de López, los arrepentidos en la causa de los Cuadernos, la obscenidad de las fortunas de empresarios amigos, secretarios privados y dirigencia afín. Parecía como que la lucha contra la corrupción iba tomando cuerpo en nuestro país. Sin embargo, por errores graves en lo económico del gobierno de Cambiemos, pasamos los argentinos, del desprecio por lo corrupto a una enorme preocupación por la situación socio-económica, dando lugar, luego, al advenimiento de Alberto Fernández.
Luego de casi un año y medio de administrar su gobierno, con índices económicos como la inflación de marzo por arriba del 4%, la pobreza 42% (19 millones de personas), disminución del empleo privado, aumento de la pobreza infantil, en un marco de confusión debido al manejo de la pandemia, con marchas y contramarchas, muestran al Presidente muy desgastado. Asimismo se advierte una profundización de la grieta, causada por el intento de aprovechamiento electoral de la crisis sanitaria, que despierta en la ciudadanía una enorme desconfianza, pues asiste impávida a una serie de acusaciones entre el oficialismo y la oposición sobre presencialidad de las clases, tipos de cuarentena, plan de vacunación en un cuadro de escasez de vacunas, que provoca el incumplimiento de promesas sobre cantidad de dosis, con la lógica pérdida de credibilidad en la gestión de su gobierno.
Paralelamente, el avance del kirchnerismo en puestos claves de gobierno y organismos con importantísimo manejo de fondos, lleva a la gente a cuestionarse, si esto estaba previsto o, por el contrario, el devenir de los hechos y circunstancias políticas y sanitarias, son las causales de esta sensación que existe sobre el Presidente y su falta de imposición de criterios propios.
En ese sentido, no hace falta ser un profesional, tener una preparación especial o ser un político, para saber, o por lo menos intuir, aquello que está bien y lo que está mal. Sin embargo, pareciera que estamos anestesiados o agotados en nuestra capacidad de asombro, pues temas graves como narcotráfico avalado por gobiernos municipales, posibles violaciones de los Derechos Humanos en Formosa, no son denunciados por las dirigencias locales. Sin ir más lejos, en nuestra provincia de Entre Ríos se encuentra tramitando la causa de los sueldos de cientos de contratados en la Cámara de Diputados y Senadores, durante el período de 2015 al 2019, que no concurrían a trabajar, no tenían ninguna tarea administrativa asignada que realizar, y percibían un ingreso importante cuya parte sustancial la tenían que entregar a conocidos funcionarios de ambas Cámaras, subordinados y/o parientes de las máximas autoridades de la legislatura provincial. En el expediente, merced a los allanamientos efectuados, constaría en los contratos los legisladores que los solicitaron, cantidad de cada uno de ellos, incluso los encargados de la recaudación con los cargos que ocupaban en las Cámaras y, estaría muy comprometido el ex gobernador y ex presidente de la Cámara de Diputados durante el período citado, Sergio Uribarri, que como todos los entrerrianos sabemos, la Justicia provincial lo procesó en siete causas y actualmente es embajador de Argentina en Israel, designado por el presidente Fernández.
Posiblemente estemos frente al desfalco más grande en la provincia de Entre Ríos pero no se advierte en la dirigencia empresaria y política en general, una reacción contundente, ejemplar. Se han llevado el dinero de los entrerrianos y ¿no decimos nada? Si queremos salir del pozo debemos “ir al hueso”, desenmascarar aquellos actos que nos repugnan desde lo ético, aunque no estén encuadrados en un Código Penal.
Entre Ríos debe contar con un oficialismo y oposición activos, no pueden mirar para otro lado cuando suceden hechos como los que comentamos. Callar o disimular por cuestiones de conveniencia partidaria, es traicionar a nuestra gente. Es de desear que las elecciones legislativas del presente año nos brinden legisladores que vayan preparando y haciendo conciencia sobre el verdadero golpe de timón que nuestra provincia debe dar en el 2023, iniciando un nuevo período gubernamental.
(*) Abogado, productor agropecuario y dirigente rural de Santa Elena, Departamento La Paz





