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Los enroques de estadistas K desorientados

Por Luis María Serroels (*)

En el juego del ajedrez, hay una jugada denominada “enroque”, la misma en la cual se mueven dos piezas simultáneamente,  intercambiando sus posiciones. Rey y Torre de un bando buscan una posición más segura. Se trata de garantizar mayor resguardo. A un tal Comandante Hán Xin se le atribuyó la invención del célebre Juego Ciencia (200 años A.C.) y la política suele colgarse de sus sabias experiencias. De  ello hablaremos más adelante.

Al presidente argentino pareciera que su gobierno se asemejase a ciertos movimientos ajedrecísticos. Alguna vez supo Alberto Fernández probar las mieles del poder que se traspasó desde la lejana Santa Cruz hasta la Casa Rosada. Pero también conoció el fracaso provocado por Cristina Fernández, posándose en la cima del poder y forzándole un alejamiento con sabor a derrota. Años después en medio de una cuaresma  militante  y  reparto de graves ataques recíprocos, los dos Fernández sellaron una connivencia forzada y, como tal, obligados a soportar la expansión  por los aires kirchneristas

La realidad exhibió una similitud con el ajedrez. El fenómeno que nos mostró la política, no ha sido fácil de interpretar. No confundir papel con papelón. Por estos días y a raíz del conflicto desatado por la decisión del presidente de la nación de cerrar las exportaciones de carne por 30 días –que ha originado un conflicto inoportuno por falta de sensatez e ignorancia- se revela que el primer mandatario maneja  personalmente la adopción de  medidas vinculadas con el campo. Y quien supuestamente debería estar al frente de la  cartera  que entiende en las cuestiones del campo, maneja las relaciones internacionales.

De allí que Alberto Fernández mete las de andar por un lado y el Ingeniero Agrónomo Felipe Solá por el otro. Perfecto enroque.

Un dirigente de la Federación Agraria Argentina con larga trayectoria, Alfredo Bel, dijo estar ante una “medida absolutamente irracional, irresponsablemente y no va a tener ningún efecto sobre lo que supuestamente busca, que es controlar la inflación o tener algún tipo de incidencia sobre el precio de la carne”.

Por su parte, el ministro de la Producción de  Entre Ríos, Juan José Bahillo, no está de acuerdo: “no es con el cierre de las exportaciones, con lo que se logrará corregir esta situación”. Añadió que “Vamos a tener consecuencias no deseadas, como por el riesgo de la estabilidad laboral de cientos de trabajadores de los frigoríficos”.

Aquí nomás, cerca de la gobernación de Santa Fe, el titular Omar Perotti criticó la medida del presidente. “La solución es aumentar la producción y no cerrar las exportaciones”, señaló.

Por su lado, el senador nacional por Entre Ríos (JxC), Alfredo de Angeli, calificó como una “locura cerrar las exportaciones de carne”, añadiendo que “van a volver a destruir todo lo que costó tantos años construir del 2006 cuando cerraron las exportaciones (perdimos el 20 % del stock ganadero y no pudieron controlar la inflación”.

De Angeli advirtió que “lo único que generan estas medidas es bronca, dolor e impotencia. Estas recetas sin sentido lo único que van a generar es más desempleo”. El episodio de la ya célebre Resolución 125/2008 sobre retenciones sirvió como nuestra. Un conflicto que modificó la política del Cristinismo y cuyos graves errores se evitaron gracias al “voto no positivo” emitido por el vicepresidente Julio Cobos en la madrugada del 17 de julio de 2008.

El productor ganadero Gonzalo Álvarez Maldonado (Federación Entrerriana de Cooperativas), trazó la verdad del problema y desmintió los argumentos esgrimidos por el presidente Fernández.

“Es mentira que las exportaciones  aumentan el precio de la carne –señaló- porque lo que se exporta es carne que no consumen los argentinos”, indicó el productor. Mientras el gobierno se equivoca por falta de conocimientos, la vicepresidenta se empeña en “amenazar a la independencia del Fiscal General de la Nación Argentina”, intentando desplazar a Eduardo Casal, actual jefe de los fiscales. Todo sea por salvarse de  las causas por corrupción que tiene sobre su persona.

La artificial cohesión con la que inauguró su periodo presidencial, siempre se sabía desde el vamos del entendimiento entre dos figuras teñidas de mala fe. El perfecto perfil que exhiben los dictadores validos de maquillaje que se desdibuja ante el menor lavado, es una realidad que debe revisarse. Como se dijo, depositar las Relaciones Exteriores en manos de un experto profesional de ingeniería agronómica, lleva a serias objeciones si en realidad se pretende un gobierno de excelencia, real entendimiento y amplio sentido de responsabilidad.

Nadie atinó a recordarle al actual mandatario la medida irresponsable decidida por el entonces presidente Néstor Kirchner en 2006,  al decretar el cierre de las exportaciones de carne  por 6 meses  pero que terminó extendiéndose por 10 años.

La torpeza kirchneriana significó el cierre de más de un centenar de frigoríficos, la pérdida de 15.000  puestos de trabajo y la reducción de 10 millones de cabezas de ganado. Ello determinó el traspaso a Paraguay y Uruguay de una hábil jugada hacia una operación exportadora. Los quebrantos para los productores argentinos se advirtieron de inmediato. Hoy la maniobra se repite tanto como el daño, salvo el ahora experimentado hombre de campo devenido en Canciller y un primer mandatario argentino experimentado en asuntos rurales.

 (*) Especial para ANALISIS

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