(imagen: La Nación)
Por Luis María Serroels (*)
En vísperas de las elecciones internas (PASO) con miras a la contienda donde se deberán renovar 127 de las 257 bancas de diputados y 24 de 54 senadores, es natural la generación de preocupaciones en tanto podrían darse guarismos impensados. La urna suele ser extraña y de hecho ha ocurrido.
A medida que transcurren los días, aparecen las piezas del ajedrez donde el jaque mate está a las puertas de cada participante y las estratagemas elaboradas se guardan herméticamente.
Pero el problema que más preocupa al oficialismo, es la dificultad de surtirse de fondos frescos para una campaña que se regula a medida que las encuestas responden para un lado u otro.
El gobierno K está obligado a jugar con cartas claras, lo que significa exhibir verdades y no agotarse en ilusiones.
El presidente Alberto Fernández está en el centro de supuestos éxitos que no son tales y promesas que se diluyen.
El aluvión de cadenas nacionales de las cuales hace uso desmedido el mandatario –y en las cuales suele cometer algún que otro desborde- se termina en promesas de las que, la sociedad argentina, desconfía.
La caída en la credibilidad del gobierno nacional es clara y contundente. Sabemos –por simple experiencia- que en toda cuestión vinculada con una contienda electoral afloran seudos encuestadores. No sería la última vez en que los medidores fracasan estrepitosamente. Es cierto que hay formas y métodos que difieren, pero cuando se dan niveles de confianza casi coincidentemente, la alarma se enciende llamativamente.
El último registro que había llegado a nuestro conocimiento vinculado con el ICG (Índice de Confianza en el gobierno), había registrado un repunte de 3,29 en abril. Pero el mes de junio mostró retroceso en la medición (allí se tienen en cuenta aspectos referidos a la gestión, según la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella).
Se trabaja con la opinión pública a nivel nacional y se mide en una escala de 0 a 5. Allí se observan “eficiencia en la administración del gasto público; preocupación por el interés general; evaluación general del gobierno; capacidad para resolver problemas del país y honestidad de los funcionarios”. La encuesta telefónica fue realizada por la consultora Poliarquía en personas mayores de 18 años, residentes en ciudades de más de 10.000 habitantes.
Los números que van produciendo las encuestas y la cercanía del acto eleccionario, también demandan el perfil de la campaña. Pero lo que más sobresale es el criterio de ir anunciando medidas aún no adoptadas, obras no comenzadas o éxitos inexistentes.
En 2019 se daban tropezones difíciles de sortear y jugaban en favor de un kirchnerismo que requería hacerse de cámaras legislativas aptas y pobladas para un manejo a gusto. La contienda que se avecina tiene como norte una mayoría parlamentaria cómoda que permita hacer y deshacer a gusto.
En esa ocasión la boleta era una sábana muy vasta para satisfacer los gustos de muchos angurrientos, pero este año sólo se renovará la mitad de las bancas y parcialmente la cámara alta. Un resultado no acorde al gusto y necesidades del binomio Fernández-Fernández, no sería más que la respuesta a gruesas dificultades que han venido brotando por obra del interior del propio gobierno. Las desavenencias en año de comicios son un palo en cualquier rueda. Y no poder alcanzar el dominio parlamentario condenaría al gobierno a sufrir dos años aceptando el infinitivo del verbo negociar.
El panorama de 2019 y el de 2021 difieren en lo bueno y en lo malo. En una columna sin desperdicios firmada para Infobae por la periodista Cristina Pérez, señala que “si el kirchnerismo suma nuevas bancas, vaciaría hasta la última gota de esa democracia que trabajosamente construimos con el pacto del Nunca Más de 1983”.
Por un lado arrecian las posiciones negativas que descalifican al mandatario, en tanto a medida que van publicándose las encuestas que dan cuenta de mediciones vinculadas con Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof entre provincias importantes y CABA, exhiben datos que generan preocupación.
¿Qué estrategia electoral se advierte? No es poca cosa tener que lidiar contra una economía tambaleante, enfrentarse contra el peor enemigo llamado Covid-19, justo en medio de un clima donde lejos están de cesar las causas judiciales. Las cartas que deben jugar los candidatos están echadas, pero el tobogán político aún no sabe hacia dónde aterrizará.
En tanto la presidenta alterna se escabulle en cuanto acto público debería acudir. La tocante ceremonia realizada el domingo 27 de junio en el Centro Cultural Kirchner, sacudió de emoción al país. La ausencia de la presidenta del Senado Nacional tuvo como eco justamente la falta de eco. Quizás le urtique el juicio que tarde o temprano deberá enfrentar por cuentas por saldar, debiendo recordarse que el armado de la fórmula presidencial en 2019 se hizo con el propósito de borrarle sus causas a CFK. Los enfrentamientos internos en el elenco gubernamental, dan la medida de un desorden propio de improvisadores.
(*) Especial para ANALISIS





