Ni vacunación, ni economía. La solución es Política.
Por José María Varangot (*)
En los últimos tiempos, principalmente en el campo del crecimiento de la economía de los países, se advierte que aquellas ideas fuerza que antes eran indiscutibles, han cambiado. Respecto de Argentina, resulta lamentable observar que ese nuevo escenario no ha sido suficientemente valorado por nuestra dirigencia política. Esa falta de reflejos provoca el agravamiento de los indicadores. En ese sentido, ya no es suficiente garantía de prosperidad, gozar del privilegio de contar con abundancia de los recursos naturales. Prueba de lo dicho es que nos encontramos en el puesto N° 71 en el mundo, según el ingreso por habitante medido en dólares. Padecemos una pobreza cercana al 45% de la población y nuestro índice de inflación es el más alto del mundo luego de Venezuela, habiendo fracasado los últimos gobiernos, en sus intentos de neutralizarla, a tal punto que la expectativa del equipo económico para el presente año 2021 era del 29% y ya hemos padecido durante el primer semestre el 25%, es decir, la inflación, verdadero azote para las clases más desfavorecidas, para el año curso puede llegar al 50%. Hoy nos asombramos al comprobar que países como Japón, China, Corea, Alemania, entre otros, de la mano de la incorporación de la tecnología, la digitalización, energías alternativas en fin, del conocimiento, se han convertido en potencias industriales con el consiguiente beneficio de progreso y crecimiento de sus pueblos.
Actualmente asistimos, en un marco de angustia general debido a la pandemia y un plan de vacunación muy discutido, a una absurda disputa política de internas de los partidos y profundización de la grieta. Los políticos han ingresado en “modo campaña”, así entonces sólo se echa la culpa al otro de los problemas, es válido cambiar la jurisdicción electoral como si nada, la palabra “acuerdo” ha desaparecido del discurso político. La opinión pública asiste, descreída y desorientada a un estado de “autismo político”. El tan necesario cambio de rumbo, seguramente, deberá elaborarse como producto de un acertado diagnóstico y eficiente plan de medidas básicas, que tiene que ser consensuado por la mayoría del arco político, de forma de tener continuidad en el tiempo. Para ello se debe contemplar un abanico de producciones que puedan actuar como importadores de dólares, pues, la exportación, es el único modo que tiene un país como el nuestro, con los mercados financieros internacionales cerrados, de conseguir divisas. Un claro ejemplo de la falencia apuntada es el cepo a la exportación de carne, que primero fue total, luego del 50% y ahora se flexibiliza al 60%, mientras tanto el valor de la carne en el mostrador sigue sin bajar y nuestras exportaciones del rubro disminuyeron con el riesgo de perder los mercados que supimos ganar con esfuerzo. Sobre el particular se interpretan como pobres y lamentables las recientes declaraciones del ministro de la Producción Kulfas al reconocer, luego de 2 meses de haber detonado la exportación de carne, que “alguna baja se ha observado…”, respecto del precio de la carne al consumidor.
Otro caso que muestra un importante grado de improvisación es el tratamiento de la Hidrovía cuyo contrato original venció hace 10 años y fue prorrogado hasta el año en curso. Hoy, en lugar de alentar la licitación internacional, que posibilite seguir con la importante tarea de calado de una vía navegable fundamental como el Río Paraná, con 3.500 kmts de extensión, por el que circula el 80% del comercio exterior generando la suma de 300 millones de dólares anuales, se decidió su prórroga por otro año, creando una sensación de incertidumbre sobre su destino final. Sin dudas es una decisión insólita, producto de los intereses políticos dentro de la coalición gobernante, máxime tratándose de un país como Argentina, con su ferrocarril de carga en su mínima expresión producto del cierre de ramales efectuado durante el gobierno de Menem y sus costos de puertos, flete y logística, entre los más altos del mundo.
Por último, llama la atención la cantidad de iniciativas inoportunas o decisiones desacertadas adoptadas en un año electoral y en un ambiente de enorme preocupación por los contagios y muertes de ciudadanos. ¿Acaso la reforma de la Justicia o del Ministerio Fiscal es prioritario? ¿Es prudente plantear en un momento como el actual la reforma del Sistema de Salud de la Nación, buscando la preeminencia de lo público sobre lo privado, aduciendo la falta de protagonismo de este último en la pandemia? Recopilando algunos datos periodísticos, sobre el particular, advierto que durante los mandatos de la expresidente Cristina Kirchner, por distintas causas, alguna de ellas de cierta gravedad, tuvo que internarse para ser intervenida quirúrgicamente 3 veces. Si algún lector desprevenido se imagina que lo hizo en el Fernández o en el Posadas, se equivoca. Sus internaciones fueron en el Sanatorio Otamendi, Fundación Favaloro y Hospital Austral, centros de excelencia y privados.
Argumentar que la solución es económica es aceptar nuestra impotencia para encontrar una salida de la mano de la Política. Esta comprende a la economía. La pregunta que habría que hacer es: cómo vamos a coincidir en lo político si los líderes de las 2 fuerzas mayoritarias no se han mirado a los ojos en varios años. Hasta ahora ha sido más fuerte su resentimiento y odio personal, que el interés por la Nación Argentina.
(*) Abogado, Productor y Dirigente Rural.





