Por Hernán Rausch (*)
En relación a las últimas declaraciones del Sumo Pontífice, respecto al actuar de los hipócritas, el cual definió como “miedo a decir abiertamente la verdad”, y continuó diciendo “es fingir o aparentar para quedar bien a los ojos de los demás”, entre otras ornamentales definiciones.
Después de ver y escuchar por los medios dichas expresiones, inevitablemente se me viene a la memoria aquellas palabras con que el mismo Jesús reprochó y se manifestó contra los escribas y fariseos: “… parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y podredumbre…”
Podríamos no tomarlo contra una figura del poder, encargado o a modo personal, en este caso le cabría también esta comparación, a un importante sector de la Institución Católica.
Decorosas, acertadas y oportunas críticas se han pronunciado sobre los políticos, pero deberían concretarse e implementarse de igual manera en las políticas de la Iglesia. No solo expresiones, el mundo necesita acciones. Esta figura llamada Jesús no solamente hablaba bien, no solo anunciaba y proclamaba, sino que también Él obraba, accionaba, gestaba, se ponía en movimiento.
La hipocresía se combate y erradica, aparte que con la verdad, que pocos la quieren ver y reconocer, con la acción, con la operación, por ejemplo, en las respectivas causas que tienen congeladas, que poco se informa y se avanza para esclarecer con mirada objetiva sobre los hechos. Deben simplificar más las cosas, el palacio judicial en eso le dio una gran ayuda a la Iglesia, se las reveló, desenmascaró, aunque a muchos les haya molestado.
Dios es simple ¿por qué complicarlas? Papa Francisco, usted tiene la oportunidad de hacer nueva algunas cosas, renovarlas con la verdad, la verdad como premura, sin importar nombres, puestos, cargos, sean curas, obispos, arzobispo, cardenal, sin privilegios, la sociedad está cansada de privilegios, no tenga miedo de definir situaciones, aunque lamentablemente, afecten a altas jerarquías, y para eso debe haber aún más disponibilidad, humildad y coraje de parte de la cabeza.
Se debe avanzar con la verdad, dar pasos aclaratorios y sólidos sobre el actuar de autoridades eclesiásticas, para esclarecer y fortalecerse, ya que, al parecer, por las demoras, pesan mucho las posiciones.
Lo que se logra con dilatar las investigaciones, hoy por hoy, locales, es nada más ni nada menos que dejar pesar y acrecentar el goce de la impunidad, desprestigiando y dispersando miembros activos de su comunidad católica, molestos por su flemático actuar en estas graves causas de abuso.
Está siendo más afectiva la justicia terrenal que los representantes de la justicia divina, y así, ustedes, dejan pasar los tiempos, especulando, para que al final de las vidas, logren pasar el umbral divino y evitar, humanamente, ser sentenciados.
Sabemos que la sociedad conoce y vio el actuar de los clérigos y obispos, el tribunal lo dejó de manifiesto, evidenció a la hora del veredicto, al acusar y responsabilizar a la cúpula eclesiástica, de no haber actuado humanamente correcto.
La comunidad necesita que quede asentado, confirmado bajo una definida investigación y sentencia, las posibles falencias llevadas a cabo cuando se conocieron los tenebrosos hechos mediante el relato valiente y prematuro de las víctimas.
¿Por qué se torna tan largo todo esto, si uno no hizo más que decir y contar la verdad, sin hipocresía? ¿Merecemos tanta falta de respeto y opresión? Creo no merece nosotros ni nadie este flagelo de los eternos plazos.
Quiero aprovechar en esta oportunidad para reconocer y ofrecer mi solidaridad y acercamiento para con las víctimas y familiares de la causa del Convento de Nogoya, por haber atravesado valientemente y sin titubear todo este camino, logrando cerrar el camino judicial, con una sentencia firme y concreta.
Mi pedido es para todos, incluso al poder Judicial Nacional, La corte Suprema, pero en este caso me dirijo a Su Santidad: no soy un agitador, ni pretendo serlo, Usted pidió lío, pero al parecer tiene miedo de llevarlo a cabo, porque implica correr algunos de su clan.
A veces acomodar, ubicar un miembro del cuerpo implica sacrificio, talvez dolor, pero se vuelve más sano, y equilibra.
Yo solo lanzo palabras cargadas de pedidos, de consideraciones, de respeto, pero sobre todo solicito un poco más de coherencia. No más apariencias.
(*) Sobreviviente de Abuso Sexual Eclesiástico. Denunciante en la causa Ilaraz.





