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López Arango: “No hay una política de narcotráfico en Argentina”

El integrante del Tribunal Oral Federal de Paraná cuestionó que pasan los años y en el país no hay políticas coordinadas para atacar el narcotráfico y subrayó que “debe haber una presión importante para que no sea una política de todos”, como el hecho de no dotar de tecnología a quienes investigan. En diálogo con el programa Cuestión de Fondo (Canal 9 Litoral), Roberto López Arango sostuvo que también se necesita discutir el financiamiento político, tal como enseñó la causa Narcomunicipio.

---En esta primera etapa electoral, me preocupa que ningún precandidato a diputado nacional, o por lo menos los que pueden tener acceso al Congreso de la Nación, ninguno habla de narcotráfico, en una provincia donde el narcotráfico creció ¿Cuánto le preocupa, en función de su experiencia, que este tema no se instale como debate?

---Yo lamento decirte que las veces que he participado del programa digo siempre lo mismo. No puedo ofrecer nada novedoso porque no hay nada novedoso en materia de narcotráfico. En algún momento parecía que se estaba trabajando un poco más. No hay una política de narcotráfico en Argentina, estamos en un país federal donde no es fácil articular políticas, porque cada Estado tiene sus propias autoridades, su policía, etcétera. Y confluyen fuerzas de distinto tipo, nacionales y provinciales. Ha habido algunos intentos de coordinación, pero nunca los he visto en la práctica que digas “es un objetivo la lucha contra el narcotráfico, lo vamos a encarar como política de estado y lo vamos a coordinar con todos los actores que sabemos que tiene la lucha contra el narcotráfico”. Porque no es cuestión de que una provincia tome la iniciativa. En algún momento dije que no estaba de acuerdo en dividir la jurisdicción par narcomenudeo. Una Justicia provincial que generalmente está abarrotada de expedientes por delitos comunes, y se suman los delitos relativos al narcomenudeo, con conflictos de competencia. Nunca le vi la utilidad. Es más, cuando yo concursé para el cargo de juez en la entrevista en el Senado me preguntó el autor del proyecto de narcomenudeo en la provincia, y le digo “lamento decirle que no le veo efectividad al proyecto”. En definitiva, no he visto una política de Estado seria, mantenida en el tiempo, con control de la frontera. Lo hemos visto en las causas cómo entran los aviones con la droga. En algún momento pareciera que se intensifican un poco los controles. No sé qué ha pasado en esta pandemia, no he visto estadísticas, no hay tampoco, no está en la primera plana de los diarios. Después está lo que sucede en Rosario, los narcotraficantes que se tirotean, tirotean a las autoridades. Pero como política de narcotráfico no veo que sea tema de discusión.

---Bajemos al escenario en Entre Ríos. Una provincia donde ha crecido mucho el narcotráfico, una capital de Entre Ríos donde el narcotráfico creció aún más, incluso se metió en el Municipio, por una decisión política que generó muchos problemas. Si uno se pone a pensar, con esta realidad ¿por qué el dirigente político que es candidato, no trata el tema? Incluso hasta le puede derivar en un rédito político porque es un flagelo que está en todas las capas. Y que ha tenido mucho crecimiento en la zona baja y media. ¿Es por temor? El dirigente político se da cuenta que en las reuniones barriales siempre va a haber un dirigente narco camuflado ¿por dónde pasa?

---Ese actor narco que trabaja en el barrio, en muchos de los casos cubre el déficit de la presencia del Estado. Entonces vuelve cómplice a los vecinos, de alguna manera, lo hemos visto en las causas. Personajes que hemos condenado y hemos escuchado gente que decía “yo quería solucionar un problema, lo hemos ido a ver y lo solucionaba”. Es una problemática política evidentemente. Ahora ¿por qué los políticos no toman esa bandera? Puede ser una serie de factores. El narcotráfico está metido en las instituciones, de alguna u otra manera lo vemos. Hay algunos lados donde es más que evidente que está metido en la política. Y vivimos una experiencia que parecía increíble, porque cuando tuvimos ese caso obviamente nos puso a ver detalles de que eso era posible en la ciudad de Paraná. Nosotros mismos no podíamos creer que ocurría. Por eso condenamos lo que creíamos que era justo y la Casación nos confirmó el fallo. O sea que evidentemente tampoco estábamos errados en la valoración de la prueba que hicimos. Una demostración de cómo el narcotráfico se mete en la política. Como no sé mucho de política, me interesa, soy lector, pero me parece que el tema de la financiación de las campañas es un tema que la Argentina se debe un debate también. Acá no sabemos de dónde viene la palta con la que el candidato Juan o Pedro hace la campaña. Todos sabemos cuánto sale una campaña, hay una tarifa. Se sabe cuánto sale, es decir que evidentemente se pone el dinero y no creo que el candidato ponga el dinero propio, tendríamos que remontarnos muchos años atrás. Después la plata de la política viene de otro lado. Si investigáramos de dónde viene, a lo mejor podríamos llegar a entender un poco qué es lo que pasa con el narcotráfico, o por lo menos sacarnos esa duda. Porque debe haber una presión importante para que no sea una política de todos. Yo fui tres años fiscal federal y después fiscal de Cámara. En esos años las causas de droga era un chico con un porro en el Mayorazgo. De ese porro ahora hablamos de cargamentos.

---Yo creí que lo que sucedió en el Municipio podía ser una enseñanza para la clase política, de decir “esto hay que ocuparse, debatirlo, bajar a los diferentes estamentos, debatirlo en los barrios, en las escuelas”. Pero eso no sucedió ¿Cuánto hay que preocuparse?

---Y tampoco se ha intentado resolver parte del problema que es el consumo personal, que de alguna manera está dando vuelta en algunos diputados, algunos candidatos, el tema de despenalizar el consumo de marihuana. La experiencia de Uruguay no ha sido mala y creo que forma parte del tema, porque en la medida que esté penalizado o semipenalizado, porque está definido que la Corte ha dicho que el consumo personal no es delito, pero los aparatos de poder siguen de alguna manera, aunque no lleguen a juicio, se forman causa por un tenedor de poca monta que evidentemente lo tienen para consumir. Entonces eso genera una sensación de desgaste en el sistema, por un lado. Y por otro lado estamos contradiciendo un fallo de la Corte Suprema, y seguimos hablando de la tenencia para consumo personal que de hecho la Ley dice que es delito, para la Corte no lo es.

---En los últimos tiempos las estructuras de seguridad que tenían que investigar estas situaciones, en vez de profundizar la profesionalización de esos equipos de investigación, lo primero que se hace es cambiarlos de destino. Por lo tanto, tienen que aprender desde cero, lo que lleva mucho tiempo, porque son rompecabezas.

---Y le agregaría que irónicamente en algún caso, algún jefe policial que trabajó serio con resultados efectivos y, agrego, respetando las garantías constitucionales, porque es una cosa que no podemos descuidar, no es cuestión de perseguir a cualquier manera, extrañamente fue reemplazado. Cuando este funcionario con algunos años de experiencia, con procedimientos a cargo, que no son fáciles porque exigen logística. Y, además, otra cosa extraña, es que no se los dote de la tecnología hoy hasta los particulares pueden tener. En la lucha contra el narcotráfico hay dos elementos que deben estar presentes de manera indiscutible: las escuchas y los perros. Porque al perro no se lo puede sobornar ni distraer, es irreemplazable, y además purifica todo el procedimiento. Porque cuando el gendarme está con el perro, que tira y marca, el 99% de los casos no le erra, aunque se lo disfrace o le pongan algún producto. En Posadas en un juicio de hace poco, el perro iba pasando por los camiones y había un camión del Servicio Penitenciario. Entonces pensaban que no le iban a pasar el perro, y lo llevaba el perro, lo tiraba, cuando se quisieron acordar había un cargamento dentro de ese camión. Y después las escuchas telefónicas necesitan una tecnología mucho más avanzada. Se hace mecánicamente, se escucha, se graba, hay una persona que se pone a desgravar horas y horas. Entonces, podría haber una iniciativa de dotar de mayor tecnología. Las cámaras con las que hacen los seguimientos y vigilancias…

---Es como que en vez de mejorar tecnológicamente se va conspirando, se limita el presupuesto.

---Cuando del otro lado hay un enemigo que siempre tiene lo mejor para moverse.

---¿Cuántas veces le tocó trabajar el tema narcotráfico en Rosario?

---Dos veces. Los juicios más importantes que tuve en Rosario fue de Derechos Humanos. Pero en materia de narcotráfico fue en otra época, hace 12 años atrás.

---¿Cuánto de distante estamos los que habitamos en Entre Ríos con la realidad de Rosario?

---No podemos compararnos porque estamos hablando de una de las ciudades más pobladas del país. Rosario es la Buenos Aires con costumbres pueblerinas, es una gran ciudad, no nos podemos comparar porque no hay la cantidad de barrios marginales que hay en Rosario, hay sectores que son impenetrables, y compararlo con Paraná, para llegar a eso me parece difícil.

---Los sectores ligados a bandas de Rosario comenzaron, en los últimos 10 años, a hacer negocios con el narcotráfico en Entre Ríos, a invertir.

---Eso sí porque Entre Ríos, además que ha generado consumo en todos lados, en todas las ciudades, incluso en pueblos chiquitos con una bandita vendiendo droga, entonces el problema es social, es evidente, pero es una provincia de tránsito. Ese es otro factor que es inevitable que lo consideremos. Es una provincia con frontera con Uruguay, hay muchas causas de época de pretemporada que llevan la droga a Uruguay. Si el agregás al consumo, que es tránsito, tenés la ruta 14, la ruta que viene de Corrientes, que conecta con Paraguay. Es una provincia conflictiva en ese sentido.

---Pero hay un corredor de agua que va de una punta a la otra que también le facilita mucho todo ese circuito al narcotráfico. La principal ruta del narcotráfico es por los ríos.

---Lo que no viene por vía aérea, viene por los ríos. El narcotráfico se organiza para pasar por donde puede pasar. Incluso hay lugares en Corrientes, por ejemplo, se puede pasar poco menos que caminando. En la causa de Misiones es un lugar donde iban con el camión del Servicio Penitenciario al río para cargar el cargamento. Sabemos las limitaciones que tienen las fuerzas para controlar las fronteras. Estamos siempre dando vueltas alrededor de lo mismo. No hay radares, no ha escáner, a un escáner lo ponen y lo sacan, lo llevan de un lugar a otro, cuando tendría que haber uno en cada lugar caliente. No hay coordinación y a veces hay “competencias” entre las fuerzas para llevar a cabo los procedimientos para hacer estadísticas.

---A eso hay que sumarle la falta de equipos de trabajo, son muy escasos. Hay uno o dos fiscales que tienen cinco empleados que tienen que ocuparse de todo ¿y cómo investigan?

---La especialización hoy en materia de investigación es necesaria. Hay que tener un equipo que se dedique exclusivamente, incluso lo que nunca se implementó de la famosa policía judicial. Cuando yo era fiscal, trabajábamos con la policía de la provincia, que es seguridad de la provincia, y a su vez investigadora. Con lo que también tiene su contaminación, porque por más que un fiscal tenga dos o tres funcionarios policiales para trabajar con él, ese funcionario depende de la autoridad política. Entonces es un tema circular, como una cuestión que siempre terminamos en lo mismo. Y la pregunta de por qué no se hace de manera diferente, la verdad que no tengo respuesta. Pero me llama la atención que nadie lo haga, que nadie lo tome en serio ni se preocupe. Y la penalización, sobre todo de este tipo de drogas como la marihuana que es ya de consumo social, parece que no contribuye a perseguir el delito del narcotráfico, porque dilapida esfuerzo en algo que después termina en la nada. Una vez tuve un curso con fiscales americanos, no soy muy de elogiar la vida ni la forma de manejarse del americano, pero en algo les doy la razón: son prácticos. Ellos no van a iniciar una causa que saben que no tiene posibilidades de un resultado medianamente eficaz. Entonces concentran el esfuerzo en lo que les parece importante. Si hay una organización importante, trabajan para frenar o detener a los organizadores. Y ahí se valen del agente encubierto, todas esas figuras que acá se han aplicado poco y nada, pero lo cierto es que ellos dicen: “son 15 los que están en la organización, entre todos ¿qué nos importa? ¿cómo los desbaratamos? Bajando los tres o cuatro jefes, y a algunos secretarios que ejecutan las órdenes”. Entonces enfocan toda su investigación a eso, y si tienen que dejar a alguno en el camino lo dejan. Acá no, agarramos al que abre la puerta, el que avisa en la esquina… no hay una política criminal.

---¿Cuál fue el hecho más doloroso que le tocó atravesar vinculado al tema narcotráfico?

---Doloroso no, porque en el tema narcotráfico uno puede ver la importancia de las causas que hemos tenido. Una de las cosas que impactan es las familias enteras metidas en la droga, eso impacta. Hasta la abuela. La abuela, la madre, las hijas, el hermano. Condenás con un juicio abreviado, que ya tienen naturalizada a la condena, y después salta que a dos cuadras la familia, con otro familiar, ya organizó de nuevo la banda. Se mezcla con un tema social. Y creo que esto de la pandemia no ayuda, por la realidad económica. Argentina es un país que vive de la economía informal, si se corta hay un problema que se advierte en la intensidad de los delitos. No es que vamos a decir que todos los que delinquen son pobres, pero es un caldo de cultivo para la delincuencia. Y el narcotráfico es la delincuencia más fácil. Incluso sin ir a los casos de Rosario que son sangrientos, en realidad es una actividad, cuando se hace en el menudeo, que primero ya está aceptada. Antes decías “este vende droga” y ninguno del barrio lo saludaba. Eso ya no es así, se naturalizó que “no tenés otra cosa que hacer, vendé droga”.

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