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Tanto dolor y luto por accidentes viales

Por Luis María Serroels (*)

Hacemos referencia a la filosofía –con todo respeto-. apelando al gran filósofo inglés, Thomas Hobbes, para rememorar aquella frase “El hombre como lobo para el hombre”. Y el pensador lo afirmó sin cuestionamientos según leímos.

La filósofa Ana Carrasco, docente de la Facultad de Filosofía de la Universidad complutense de Madrid, la mayor universidad presencial de España con la oferta educativa, empezó a tirar del hilo y salieron conceptos e ideas sobre el peligro, el miedo, la vulnerabilidad, la protección.    

Enganchado sobre los conceptos anteriores y teniendo en cuenta hechos graves que no debieran suceder, nos introducimos en una cuestión que lejos de reducirse tienden a aumentar con la velocidad e irresponsabilidad en desmedro de las obligaciones y reglamentaciones vigentes.

Acotándonos a nuestro territorio entrerriano, es allí en dónde nos interesa analizar el fenómeno en que se convierten las alegrías previas a un ansiado viaje en dolor, tristeza y estupor, consecuencia de la imprudencia y sobre un rodado propio o del otro. El dolor siempre tendrá el mismo color y consecuencia hasta llegar a la tragedia.  

En estas circunstancias sobran los conceptos que no exigen equilibrios semánticos sino basta con el sentido del respeto por el otro y la defensa de la vida propia y la de sus familiares.

Cotidianamente se van incrementando los hechos tristemente irremediables en cualquier vía terrestre del territorio argentino. Es allí cuando tardíamente se advierte aquello que se denomina “prudencia” como garantía nada menos que de la vida humana.

Y allí surge la figura como protagonista del “hombre como lobo del hombre” ante la escasa responsabilidad para la custodia de la vida.

¿Qué cosa extraña sucede cuando rodados se dan contra rodados? El que no respeta las normas juega con la vida suya y la de otros. ¿Cómo interpretar una realidad en que conductores y familiares anhelantes por arribar al destino apetecido culmina en una tragedia?

No son las reglas diseñadas de ciertos organismos el peligro, sino la irresponsabilidad de quienes se sienten por encima de todo y de todos.

Están claros los puntos: hombres y mujeres frente al volante como reaseguro de la vida y sus bienes.

Esta semana transcurrida se acentuaron los hechos trágicos y además con consecuencias que dejan muy dolorosas pérdidas psicofísicas y sociales que generalmente nada pueden remediar por el saldo muy doloroso y carentes de reparación.

Es casi seguro que habrá quienes sostengan que el fenómeno rutero- distracción-primer paso, siempre arrojará largas discusiones. Convengamos en que el auxilio del filósofo da elementos a la hora de que las muertes recíprocas por imprudencia vial se asemejan a una especie del “hombre contra el hombre” y cada uno tendrá su lobo.

Cada vez se acentúan más las tragedias en nuestro territorio entrerriano. El saldo es doloroso y significa fuertes pérdidas en vidas, lesiones y proyectos malogrados.

Morder la banquina, adelantamiento imprudente, no advertir problemas cuando se debe estacionar por inconvenientes, es sólo una parte del fenómeno. Lo más valioso siempre serán las vidas humanas. Otras cuestiones están relacionadas con la no observación de cruces peligrosos, no utilizar los cinturones de seguridad, poner en juego las luces…

El óbito por mal estado de un rodado cuya responsabilidad es propia y puede trasladarse a terceros, lleva a que los organismos oficiales vean con estupor y dolor como se abultan las cifras de los accidentes. Por motivos que se deba movilizar en una ruta, el conductor debe siempre respetar todas y cada una de las normas de tránsito.

Esta semana se acentuaron las pérdidas humanas y materiales, amén de que proyectos amasados durante meses se esfuman en segundos irreversiblemente por distracciones, exceso de velocidad, una mala maniobra…

Advierta el lector acostumbrado a adentrarse en los sitios periodísticos, la cantidad de accidentes con resultado fatal que se exhiben a diario en los medios (con material gráfico y la TV) La impericia, la imprudencia y la negligencia deben desterrarse para evitar tanto luto y dolor.

“La preocupación por el hombre y su seguridad siempre debe ser el primer interés principal de todos los esfuerzos” (Albert Einstein).

(*) Especial para ANÁLISIS.

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