Sección

Cuando las verdades contradicen al poder

Por Luis María Serroels (*)

No se puede determinar si el discurso de apertura del periodo de sesiones del Congreso fue una exposición revolucionaria de promesas apaciguadoras de un país desorientado o para frenar los males que aquejan a una vicepresidenta cuya estabilidad política tambalea irremediablemente.

Alberto Fernández –de verba interesante y puesta a desgranar cuanta promesa pasa a integrar su oratoria- se olvidó de que las realizaciones ya se encuentran en cuanto discurso lo permite.

Los interminables anuncios dispersos por todo el país por la cadena oficial, no habían advertido que durante la mitad del ejercicio de su período gubernativo los planes prometidos que integraban su gran programa se licuaban paulatinamente.

Semejante dispersión de obras públicas y realización de cuanta índole se encolumnó y ubicó para el aplauso fácil, bien sabe que es una realidad imposible que el presidente mismo descarta en tanto los fondos necesarios están lejanos de financiamiento.

Si este es el rostro de las finanzas del país cuyo panorama no miente, mal puede el primer magistrado anunciar a los argentinos en la apertura de ambas Cámaras una realidad de fantasía.

Los legisladores nacionales de ambas Cámaras que escucharon la extensa exposición (a veces tediosa) de Alberto Fernández (ante el rostro inmutable de la vicepresidenta y los aplausos salpicados de promesas de los adeptos), saben bien que cualquier operación deberá ser  financiada fuera del país, significando nuevas cargas agobiantes por sus deudas (algunos funcionarios y legisladores del oficialismo no demoraron en rechazar los términos planteados). Esta música de partitura complicada se sabe que corre el riesgo de desafinar. 

Las alusiones que por enésima vez (especialmente durante el discurso de apertura de sesiones)  hace Fernández respecto de Macri, al punto de motivar el abandono del recinto de integrantes del PRO, fueron inoportunas. Claro que el presidente olvida las causas graves que están aguardando en los tribunales federales, generadas y atribuidas a la vicepresidenta Cristina Fernández.

La situación financiera se agudiza y los avisos de que se avecinan incrementos tarifarios, dejó a muchos oficialistas sin los aplausos anteriores. ¿Cómo se codifican estos tramos del mensaje?

Este columnista demoró muy poco en advertir que la exposición del presidente se parecía a una mescolanza de promesas, propias de asunción al cargo. Y ello se diluyó en logros de un ejercicio poco feliz, esperando su reivindicación tardía. Se enfrenta el poder con una lista interminable de lo que piensa desarrollar, pero la sequedad financiera obliga a los argentinos a fuertes sacrificios.

De allí que, como ya lo hemos dicho, el mensaje de apertura de ambas cámaras fue un atentado a la responsabilidad en tanto los argentinos bien saben los trastornos financieros que al país le aguardan y no se pueden maquillar.

¿Cómo piensa el mandatario enfrentar aquellos planes que enumeró en su interminable pieza oratoria? Elucubrar ciertos tramos del informe con olor electoral, fue un ardid que el año pasado le salió caro al kirchnerismo al momento del recuento de las urnas.

El infantilismo en política nunca perdona. Cada aplauso que remataba cada anuncio, no tenía en cuenta que no habrá recursos capaces de sostener tal planificación.

Pretender amalgamar los tres poderes para ponerlos a sus pies, es una idea propia del  delirio de la política mal encarada.

Una mención que no puede quedar al margen y que fue una de las irreverencias incurridas e impropias de un Presidente de la Nación, fueron las palabras descomedidas y atrevidas hacia el Poder Judicial de la Nación.

Un jefe de Estado que avanza sobre las leyes molestas para una ex doble presidenta y actual vicepresidenta, es un pésimo antecedente con aroma a desvergüenza y un atropello incalificable.

Las palmas que remataban las irrespetuosas y descalificadas frases que emanaban de un presidente equivocado, le hacen mucho mal a la sociedad. Quien desempeña el rol como cabeza de la nación, está para dar ejemplos.

El acto de apertura de las sesiones del Congreso donde usó de la palabra el primer magistrado, adoleció de la presencia del diputado Máximo Kirchner. Sólo por el peso de una relación familiar pudo acceder a una posición política de alto nivel. Para no pocos tal ausencia sólo tuvo el afecto del zumbido de un mosquito.

“El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va a hacia el derrumbe” (Alexis Carrel).

(*)  Especial paras ANALISIS

Edición Impresa

Edición Impresa