Por Luis María Serroels (*)
“No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo”, decía Giulio Andreotti, presidente del Consejo de ministros en Italia entre 1972 y 1973. Un gobierno que se agota y no concilia, se desgasta inexorablemente.
Por estos días la Argentina volvió a figurar entre los países de la economía más “miserable” del mundo y se posicionó en el puesto 6 según el índice de miseria económica que anualmente elabora el economista Peter Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos.
El jefe de Estado argentino lanzó la guerra contra la inflación mientras los precios siguen elevándose. La lucha por el mando sin límites y en sus excesivas y desbordantes ambiciones, terminan remendando sus propios errores.
El poder se fue bifurcando producto de un pensamiento paulatinamente desviado entre ambos Fernández. A la par que el vástago Kirchner Fernández intentaba volar con sus propias alas y optando por un pensamiento y un ideario dispuesto a ganar espacios renovadores. Resultado: un revoltijo peligroso.
La maniobra de reacercamiento de marzo de 2019 que alumbró la futura fórmula presidencial, no tuvo una firme “garantía en el orillo” lo suficientemente afianzada. Los cambios en el pensamiento de la fórmula de los “Fernández”, mostró lo que seguro terminaría en un acta con firma pero sin sello.
Cuando el actual primer mandatario culminaba el segundo año de su período gubernamental y estando consciente de sus reales dificultades, dijo que para la gestión de la otra mitad realizaría todo cuanto le faltase (?).
Hoy el presente que ostentan Presidente y Vicepresidenta de la Nación les es imposible disimular, sólo resta aferrarse más a las ilusiones que a la realidad.
En política cuando un binomio se lanza al tironeo al aire libre, es posible que a ambos se les pierdan sus capotes y se agudice la crisis.
En estos momentos hay quienes consideran que no es oportuno avanzar con un control de precios y de ahí que se serenen aquellos que agitan la bandera de las remarcaciones.
Por otro lado, algunos economistas insisten en que dicho control es la peor costumbre de los gobiernos. Y menos aplicar las añejas retenciones inconstitucionales a determinados rubros. Como asimismo el incremento de los impuestos como salida del problema.
Ciertos políticos creen que es “soplar y hacer botella” frente a los riesgos de un cese de pagos. Es simple atarse a discursos maniqueístas cuando la opción es una sola. De ahí que los gobernantes actuales no pueden evitar sus choques.
Alberto Fernández se pelea con todos y especialmente con la oposición, pero hace migas con Vladimir Putin quien hace estallar una guerra a su medida y origina miles de muertos, hasta modificando un mapa que no le pertenece.
Fábricas, hospitales, viviendas, obras de arte irreparables, bienes centenarios y todo cuanto de valioso fue aniquilando, caminos, puentes, vías férreas .Y especialmente, el atropello vil hacia un pueblo cuya soberanía adquirió genuinamente.
El primer magistrado de nuestro país ¿sabrá hoy tomar la postura precisa e indeclinable frente a la guerra irracional desatada por su amigo Vladimir?
(*) Especial para ANALISIS





