Por Luis María Serroels (*)
Por una o diversas razones –vaya uno a saber- pareciera que la otrora figura fulgurante de la política argentina, Cristina Fernández, debe empezar a remendar ciertas hilachas producto de una vestimenta ordinaria con la que creyó lucir sus mejores atuendos.
El decaimiento en la política tarde o temprano se cobra créditos puntuales, frente a la necesidad de recuperar posiciones.
La idea de rescatar capitales depositados en el exterior ha sido impulsada por la vicepresidenta Cristina Fernández, casi con mirada de revancha y avalada por la Presidencia de la Nación, que apunta a un blanqueo denominado Aporte Especial de Emergencia, que gravaría con un 20% a pagar en dólares los bienes y capitales radicados en el exterior y que sean repatriados en los primeros seis meses de vigencia de la ley.
Casi como una cuota de tranquilidad, se aclara que el aporte no traerá una nueva carga impositiva, pero no obstante siempre estará latente una trampa, según señaló un temeroso ahorrista frente al blanqueo. ¿Por qué no se encaró antes? ¿Nadie atina a evaluar el dineral acumulado por el matrimonio Kirchner-Fernández?
La dos veces Presidenta de la Nación ¿dio cuenta acabada del origen del caudal personal bajo el paraguas político aliado con el empresario Lázaro Báez destinatario de cuanta obra pública se adjudicaba? Claro que Báez está preso, mientras CFK sigue zafando gracias a la carreta judicial.
Quien propugna el mecanismo financiero desde el exterior para un nuevo blanqueo, se guarda celosamente las fortunas mal acumuladas. Con mirada hacia la Casa Rosada, está claro que un gobierno que no concilia, se desgasta y su moral se resquebraja. Se puede ostentar de sembrar ideas, pero de nada vale si no se tiene una beta moral a toda prueba.
El apuro del kirchnerismo en modificar leyes y códigos, no es otra cosa que la necesidad de acomodar las piezas acorde a la medida de Cristina Fernández, mientras ella le da la espalda a aquellos funcionarios caídos bajo el martillo de la riqueza mal habida.
En otro orden salió a la luz haberle encomendado a su hija un bolso con millones de dólares para que lo guarde herméticamente. Pero esto se supo a través de cierta prensa.
Es útil recordar que la persona que denunció a Máximo Kirchner (ocupante de una banca de la Cámara Baja) fue el legislador Luis Juez, quien dijo que el vástago del matrimonio Kirchner-Fernández aún no había terminado la secundaria y ya poseía un capital superior a los 290 millones de pesos y le llamó la atención el modo en que evolucionaba su capital.
Según los datos patrimoniales del actual diputado (que renunció al cargo de presidente del bloque Frente de Todos), el monto declarado era $ 291.739.213,02.
Como decíamos al principio: la vicepresidenta está muy pronta para que se extraigan capitales del extranjero (no está decidido pero se habla del 27% a sus activos), en tanto ella resguardará los que acumula sin explicar de qué modo accedió a estos fondos sin mayor esfuerzo.
Viene bien esta frase: muy añeja a propósito: un jefe arengando a su tropa dijo “¡Soldados! ¡La Patria nos llama! ¡Juntémonos y vayan!”
(*) Especial para ANALISIS





