Por Roberto Trevesse (*)
Hombre de convicciones firmes, proclive al diálogo y al entendimiento. Respetuoso de propios y extraños, dialoguista, ilustrado y también cordial. No recuerdo haberle escuchado una palabra de agravio o descalificación a tal o cual persona.
Tampoco conozco algún altercado, discusión o enojo con los sectores de la oposición, ni con los de su propio partido. Era un hombre alejado de la violencia en cualquiera de sus formas.
A los 84 años se fue un hombre limpio en todas sus aristas y que siempre transmitió su honestidad, su dignidad y su don de gente, ya sea desde el sillón de un cargo público como desde una silla en el café que varias veces frecuentamos en Paraná.
Ya sea de noche o en horario alternado para poder estudiar, trabajó en el Correo de Concordia como radiotelegrafista. Esto le permitió costearse los estudios y recibirse como contador público nacional.
Estando en el Correo fue un activo dirigente sindical y elegido miembro titular del directorio de la Asociación Argentina de Trabajadores de las Comunicaciones (AATRAC).
Insisto, fue una gran persona, admirada y respetada por todo aquel que tuvo el privilegio de conocerlo, uno de ellos fue quien suscribe esta nota.
Ocupó un sinfín de cargos públicos, quizás me olvide alguno: fue secretario de gobierno y hacienda en la primera gestión de Jorge Pedro Busti como Intendente de Concordia; en los cuatro años siguientes asumió él como Jefe de la comuna de la capital del citrus; en Paraná fue Presidente de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Entre Ríos: estuvo a cargo del Ministerio de Acción Social de la Provincia; asimismo fue Presidente del Instituto Autárquico Provincial del Seguro de Entre Ríos y fue Fiscal del Tribunal de Cuentas de Entre Ríos.
En aquel tiempo, donde su sencillez y modestia lo caracterizaba, lo llamaba por teléfono para preguntarle por algunos temas importantes de su área de gestión de ese momento y me decía lo espero a tal hora en mi despacho, tomamos un café y conversamos. Y así era, siempre cumplió y hablábamos intercambiando ideas, a veces similares o parecidas y a veces distintas, pero cuando uno se retiraba del despacho se iba conforme y agradecido de aclarar ciertos temas. Alguien me dijo, “…otra época Roberto…” y yo le contesté que lástima que hoy no sea así. Siempre sostuve que por más extraordinaria y superlativa tecnología que podamos usar para comunicarnos al instante, no hay nada que supere el mano a mano, el frente a frente, conversando mirándonos cara a cara.
Quiero destacar que cuando él estuvo en la CJYP como Presidente elaboró un proyecto para poner un tope a las jubilaciones de los pasivos provinciales, con el objetivo de disminuir notoriamente el déficit de la misma. No tengo el archivo a mano para recordar que año fue, pero el dólar estaba 1 a 1 y fijó un máximo de U$S 3.000,00 o sea $ 3.000,00.-
En ese entonces casi nadie lo apoyó, ni la oposición ni el oficialismo peronista, salvo yo como periodista y quizás algún otro colega, no lo sé. Me dijo en su despacho “…el teléfono no deja de llamar…”.
¿Cuál era mi argumento cuando lo expliqué por Televisión? Yo había leído a Vance Packard (22 de mayo de 1914, Pensilvania, Estados Unidos - 12 de diciembre de 1996, Vineyard, Massachusetts) quién fue un economista, sociólogo y escritor estadounidense. Alguien que Investigó sobre el sistema de consumo norteamericano y sus excesos, los efectos de la publicidad sobre la población y los métodos psicológicos de los publicitarios. Escribió 12 libros en inglés y 3 en castellano.
Packard explicó hace 40 años que, en una empresa privada o estatal, entre el sueldo más alto y el más bajo debería haber 7 escalones. Supongamos que hoy en la CJYP el que más cobre sea $ 1.000.000 (en la actualidad hay varias personas que cobran mucho más) el que lo sigue debe percibir $ 500.000; el tercero $ 333.333; el cuarto $ 250.000; el quinto 166.660 y el sexto escalón $ 142.850.-
Packard sostenía que, si entre el primero y el último escalafón de los sueldos hubiera mucho mayor diferencia, habría que calificarla como esclavitud laboral.
Hoy la CJYP tiene un déficit imposible de resolver en el corto y mediano plazo y su déficit viene de décadas, pero siempre subiendo; como también miles de jubilados y pensionados cobran mucho menos que el último escalón.
Lo cierto que Elvio Bordet se fue de este mundo, limpio como ninguno que yo conozca en la política en los últimos 30 años. Me queda en mi memoria su sonrisa y su educación, como también la actitud –cuando me veía- de acercarse a mi mesa, cuando ya se retiraba de un restaurante paranaense para estrecharme su mano y yo le daba un abrazo.
¡Hasta siempre, amigo!
(*) Roberto Trevesse es periodista de Paraná.





