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Día Internacional de Lucha contra el Abuso Sexual en las Infancias y Adolescencias

Por María Angélica Pivas (*)

Prevención de situaciones de abuso sexual de menores: buenas prácticas en el ámbito familiar. Hemos dicho y lo seguiremos haciendo que el compromiso con la prevención del abuso sexual de menores es clave, pues prevenir la violencia evita sus consecuencias: no es un juego de palabras. El significado de prevenir es prever, ver, conocer de antemano o con anticipación un daño o perjuicio. Ese daño (afectación ante un abuso a su indemnidad o intangibilidad) lo es en el proyecto de vida del menor. Traemos aquí, una frase del filósofo y doctrinario peruano Dr. Carlos Fernández Sessarego: “Para proyectar se debe decidir. Decidir supone elegir un determinado proyecto, descartando al mismo tiempo otros proyectos alternativos dentro del inmenso abanico de posibilidades que se le presentan al ser humano en un momento dado de su historia personal. Decidir es, por ello, escoger o elegir entre diversas posibilidades para formular “un proyecto de vida”: lo que se decide ser en el futuro. Sólo puede elegir quien es ontológicamente libre. Pero, para elegir, se requiere preferir esto sobre aquello”. El abusador, impide cualquier opción a las niñas, niños o adolescentes. Quien elige es él, con conocimiento y voluntad, quiere lo que hace y hace lo que quiere, con los más vulnerables dentro de los vulnerables. El daño al proyecto de vida lo sufren fundamentalmente las niñas, los niños, los adolescentes, pero también sus familias.

En nosotros está prevenir el daño del abuso, que este no se produzca y que sus proyectos de vida no se trunquen. Se debe sensibilizar a la sociedad acerca de la consideración del abuso sexual infantil como un delito y acerca de que este se puede prevenir.

Como las potenciales víctimas son menores, para prevenir debemos primero alertar a las personas adultas encargadas de su cuidado (progenitores, guardadores o docentes), con orientaciones claras y sencillas, de fácil comprensión, que no apabullen o perturben. Medidas que deben ir de la mano de quienes son depositarios de su confianza. El propósito es que, niñas, niños y adolescentes tengan herramientas para su autocuidado.

No se debe confundir la prevención con la actuación y represión penal en casos de abuso sexual. En delitos, de la entidad que abordamos, en los que las víctimas son menores de edad, que no pueden manifestar válidamente su consentimiento, la afectación, el bien jurídico protegido es la intangibilidad o indemnidad sexual. Si detectamos a tiempo los abusos sexuales y actuamos en consecuencia, podemos prevenir un abuso sexual más grave, vg. con acceso carnal. Los autores de este tipo de delitos tienen una perversidad tal, que pueden perpetrarlo a lo largo de años, por ejemplo,con tocamientos, antes de llegar a la penetración. Aunque, también puede haber abuso sin contacto físico: estimulación de genitales, masturbación del adulto y/o del niño, voyeurismo, es decir, la observación en situaciones eróticas de otras personas con el fin de obtener excitación/placer sexual por parte del autor del delito.

La Prevención de los abusos sexuales es lo que nos inspiró a escribir un Capítulo en el Libro titulado “Guía de buenas prácticas para la efectividad de los derechos de la niñez, de la adolescencia y de la juventud en situaciones de movilidad transfronteriza desde la perspectiva de género”, coordinado por Ángeles Lara Aguado, Profesora Titular de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Granada y que publicara este año la Editorial Tirant lo Blanch de Valencia. Queremos compartir parte -por razones de extensión- de este trabajo. Dentro del marco de las buenas prácticas realizamos, con apego al Proyecto, recomendaciones. Trataremos aquí, sucintamente las primeras que se orientan a la familia para prevenir el abuso sexual de menores. Sin dejar de mencionar que, las restantes refieren a buenas prácticas en los ámbitos institucional; educativo; sanitario; de los organismos de protección a la niñez; de las fuerzas de seguridad y por último en el judicial.

En tal lineamiento, las recomendaciones -que extractaremos- fueron las siguientes:

a) Establecer vínculos de confianza con los y las menores. Consideramos, que la primera recomendación que se debe dar a las familias es que establezcan un vínculo de confianza con su hija o hijo, porque, de lo contrario, ningún tipo de prevención será eficaz o suficiente. Así, ante la probabilidad (cuyo porcentaje en términos de abuso es alto) de encontrarse ante dicha situación, es vital que se sienta seguro/a y cómodo/a para contarnos lo que le está sucediendo. Esta propuesta, en clave de prevención, estará en sintonía con otra que enunciaremos más adelante: el diálogo.

b) Estar alerta. Las personas adultas deben estar en alerta para evitar que se consume un abuso/agresión sexual infantil. Para ello, inexorablemente tienen que saber que es altísimo el porcentaje que revela que las niñas, los niños y adolescentes víctimas de abuso, lo son por miembros de su propia familia o por alguien cercano a su entorno. Los abusadores suelen entablar relación de confianza con los padres de su futura víctima. No es el propósito, claro está, implantar una paranoia, sino como indica el acápite: estar alerta.

c) Desconfiar. Estos delitos se cometen cuando la víctima se encuentra a solas con su victimario, por lo que se debe prestar atención a la persona en quien se deposita el cuidado o guarda de las/os hijas/hijos.

d) Supervisar. Internet es una gran puerta de ingreso para las y los abusadores. A los adultos les incumbe supervisar su uso, adoptando por ejemplo herramientas de ciberseguridad familiar. El cómodo acceso y anonimato que facilita internet ha otorgado partida de nacimiento al grooming o abuso sexual de menores a través de la red. En su lamentable perfeccionamiento digital, nos encontramos con el online grooming (acoso y abuso sexual online). Las aplicaciones de mayor uso para cometer este delito son, según investigaciones policiales, WhatsApp, Telegram, Facebook, Instagram y Snapchat.

Nos encontramos ante acciones cuyos objetivos son el quebrantamiento moral o psicológico de una niña, niño o adolescente, volviéndolos aún más vulnerables, con el fin de conseguir su control a nivel emocional para un posterior abuso sexual, en algunas de sus tantas figuras (simples o graves).

Enseñen a sus hijos e hijas a evitarlo. Existen muchos instructivos que ayudan en la configuración de la expectativa de seguridad tanto en aplicaciones, plataformas o perfiles de redes sociales. Que desde el primer indicio (prevención primaria) puedan confiar y comunicar que se encuentran acosados por internet. Sepan que, los agresores se sirven del miedo (amenazas) y la vergüenza (fotos o videos que autogeneran con contenido íntimo y envía a su solicitud) para mantener a sus víctimas en silencio. Una vez enterada/o de la situación, denuncien en forma inmediata.

Es imperioso contar con investigadoras/res capacitadas/os en este tipo de delito cibernético, que va mutando en sintonía con su perversidad.

e) Estar atentos/as. Las niñas y lo niños ponen en evidencia que algo les está sucediendo. Debemos los adultos, con detenimiento, prestar atención a las señales, tanto físicas como emocionales. Las personas menores pueden presentar signos como irritación o inflamación genital, dolor abdominal. Cambios en su conducta que puede traducirse en retraimiento, rebeldía inexplicable. Comportamientos y lenguaje sexual, no compatible con su corta edad. Dejan de controlar esfínteres cuando ya lo habían logrado. Hay actitudes llamativas, por ejemplo, son los primeros en llegar a la escuela y los últimos en querer irse. Llegan a clase rengueando. Irrumpen en llanto sin razón aparente. Pueden presentar infecciones urinarias. Tienen pesadillas u otros problemas para dormir sin ninguna explicación. Se muestran distraídos o distantes. Aparecen cambios en hábitos alimenticios. O incluso dejan de comer o aumentan el apetito. Otro indicador puede estar en los cambios repentinos de su estado de ánimo: furia, inseguridad o retraimiento. Miedo nuevo a ir a un determinado lugar o con determinada persona. Dibuja imágenes atemorizantes o sexuales. Refieren que tiene un nuevo amigo mayor que ella o él. Pueden llamar la atención llegando a su casa con ropa, calzado, juguetes nuevos o dinero. Sienten que es mala/o, que su cuerpo está sucio o que lo malo está en su cuerpo. Se comportan con lenguaje o muestran conocimientos sexuales propios de un adulto.

Pero cuidado, no todos los y las menores abusados/as se manifiestan de igual forma, como tampoco la aparición de uno de los indicadores por sí, revela la presencia de un abuso. Son muchas las voces que advierten que varios de estos indicadores se deben dar a la vez. Por otro lado, los indicadores en adolescentes varían, por ejemplo, se auto lastiman (cortes, quemaduras), presentan una higiene personal deficiente. Puede evidenciarse en abuso de alcohol o drogas, promiscuidad sexual. Intentos de suicidios, dietas o ingestas compulsivas, entre otros.

En lo personal, creemos que la intervención de un/a profesional en psicología sería de extraordinaria ayuda en este punto, para no confundir situaciones o evitar la revictimización de quien se encuentra bajo este flagelo.

f) Dialogar. El abusador manipula a su víctima y la hace callar. Mantienen el abuso en secreto. Muchos sienten vergüenza por eso no hablan. Otros están bajo amenazas de que algo malo le ocurrirá a un ser querido si dice lo que le sucede. O que si cuenta, el abusador dirá que fue “provocado”. Con los niños hay que hablar, adaptando el diálogo a su edad. Deben romper la barrera del silencio, ante la sospecha de que algo les está sucediendo. El diálogo para prevenir es fundamental, por lo que se debe crear en la familia un clima de confianza y apertura para que el niño o la niña pueda hablar de lo que le ocurre, le preocupa, le extraña, le molesta.

g) No imponer castigos físicos. Los niños y las niñas tienen derecho a su integridad física, por lo que no deben sufrir agresiones físicas, que, por otro lado, los/as haría sentir que su cuerpo es algo que puede ser agredido y sobre el que no tienen dominio. Si así lo sienten, quedarán expuestos/as a las agresiones de cualquiera.

h) Enseñarles a decir no y que “Mi cuerpo es mío. Nadie debe tocarlo sin mi permiso”.

Si alguien llegara a hacerlo que grite muy fuerte ¡NO! De esta forma llamará la atención de una persona adulta y les advertirá que algo malo le está sucediendo ante otra persona, que bien podría ser, como se dijo al comienzo, alguien muy allegado a la víctima.

Aunque de la mayoría de las personas adultas no deben esperar comportamientos negativos, no siempre es así; puede suceder que alguna persona conocida o desconocida quiera hacerles caricias malas. Gritar siempre ¡NO!, sea quien fuera. Como los abusadores muchas veces, para conquistar la confianza del niño o la niña, les hacen regalos, se les debe explicar que pueden tener intención de engañarlos/as. También deben saber que no deben abrir la puerta a personas extrañas o ir a casas de desconocidos/as, o pasear con ellos/as sin el permiso de los padres/madres o de quien esté a su cargo. Estas personas deben estar atentas y conocer a las personas con las que la niña, el niño o el adolescente suele pasar tiempo.

i) Animar a los niños y a las niñas a no guardar secretos malos. Se les debe enseñar que hay secretos buenos y secretos malos. Los buenos son de cosas buenas, un regalo, una sorpresa y que el secreto de algo bueno es algo positivo, agradable. En cambio, los secretos malos son de cosas que hacen daño. Por ejemplo, que te toquen el cuerpo a escondidas o te hagan tocar el cuerpo de otra persona es un secreto malo, y hay que contarlo enseguida.

Igualmente, se les debe enseñar a diferenciar entre las caricias buenas y las malas. Las caricias buenas te hacen sentir bien. En cambio, las malas te hacen sentir mal, no gustan. Aquí también hay que enseñarles a que griten muy fuerte ¡NO!, por las mismas razones antes dadas.

j) Escucharlos/as. Cuando el niño o la niña cuente que están siendo víctimas de abuso, deben reprimir la incredulidad y -tarea no fácil- la furia. Si no lo hacen, el o la menor seguramente se retraerá, evitará respuestas y no volverá sobre el tema. Una regla de oro es creerles. Un niño o una niña pueden fantasear con muchas cosas, pero difícilmente lo hagan con ser víctimas de un abuso sexual.

k) Actuar ante la sospecha, pues es posible que su hija/o, o niña/o a su cargo no sea la única víctima del abusador. Generalmente, los abusadores tienen varias víctimas. Realizando la denuncia, es posible que salven a más de una víctima de abuso y, evitar que el perpetrador continúe su infausto cometido

Queremos concluir señalando que, hace unos cuantos años atrás, en este mismo espacio -que nos cede ANÁLISIS Digital al que agradecemos por permitirnos expresar nuestra opiniones en temas tan sensibles como actuales- en aquel entonces, motivado también en este día internacional, comenzábamos un artículo afirmando que, el compromiso con la prevención es clave. Y también, con una reflexión, la que queremos traer aquí a modo de cierre, pertenece a James A. Mercy y la expresó en el año 2006 -Junta Editorial del Estudio del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños-, y es la siguiente: “Existe una gran brecha entre lo que sabemos de la violencia contra los niños, niñas y adolescentes y lo que sabemos que se debe hacer. Sabemos que la violencia contra los niños a menudo causa daño físico y mental que dura toda la vida. También sabemos que la violencia reduce el potencial de los niños, niñas y adolescentes para aportar a la sociedad al afectar su capacidad de aprendizaje y su desarrollo social y emocional. Dada la importancia de los niños para nuestro futuro, nuestro conformismo con la situación actual no puede continuar, debemos colocar la ‘prevención’ de la violencia contra los niños, niñas y adolescentes entre nuestras mayores prioridades”

(*) Docente titular Cátedra Derechos Humanos e Investigadora de la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU).

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