Por Eduardo Pujato (*)
Hace ya cincuenta años una película futurista nos mostraba un mundo de humanos sumidos en la pobreza ocasionada por la sobreexplotación de la Tierra y su contaminación, transitando una Era que algunas investigaciones denominan actualmente como Antropoceno y donde se intenta explicar cómo la actividad humana ha influido en nuestro planeta. En este film los seres humanos sobrevivían hacinados y tenían como único alimento un producto sintético, el Soylent. Con el clima alterado, el mar sin especies para explotar y los suelos degradados y contaminados donde la producción agrícola robotizada ya no cosechaba lo necesario, el ingrediente principal del alimento sintético eran los propios seres humanos que fallecían. Muy cruenta para su época, esta visión del mundo futurista nos permite hoy visualizar con cierta aprensión algunos indicadores por todos conocidos.
Si partimos de un panorama general del estado actual de nuestra sociedad y nuestra economía globalizada, vemos que la pobreza aumenta día a día, el clima nos castiga con fenómenos cada vez más extremos, los incendios, la basura descontrolada, la deforestación urbana y rural, la falta de tratamiento de residuos cloacales que llevan a la defunción de la biota de nuestras aguas, el aire contaminado, el ruido en las ciudades, el abandono de metas educativas, de salud, seguridad y de principios elementales de convivencia social, nos presenta un panorama desolador.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí, cómo seguiremos? ¿Qué podemos hacer?
Ante la situación planteada podríamos intentar hacer un ensayo similar al de la ingeniería inversa, la situación general es preocupante pero es producto de infinitas acciones que no solo suman sino que potencian el problema.
Vemos los problemas globales y, si bien no somos responsables de la mayoría de ellos, no visualizamos que sí lo somos nuestra escala ya sea por falta de acciones o por simple omisión y desinterés. Así podemos ir desovillando el hilo y desatando los nudos y oqueruelas de nuestra madeja, partiendo de la situación de nuestro país, de nuestra región y por último de nuestra residencia.
Llegados a este punto podemos ver que en nuestra provincia se estaría desforestando bosque nativo a diario, los servicios de agua potable ya no se controlarían como es debido y las fuentes de aprovisionamiento se estarían contaminando de forma criminal, quizás hasta de manera dolosa o con carácter de estrago, por los materiales “empetrolados” y con sustancias que podrían ser altamente cancerígenas, que se habrían utilizado en pozos de agua que nadie controla y que abastecen a una población desprevenida y desinformada, siendo esto posible por la acción de un grupo delictivo que se apoderó en el 2004 de la Dirección de Obras Sanitarias de Entre Ríos y cuyo jefe terminó condenado y encarcelado. Al respecto he alertado oportunamente en el año 2016 por vía jerárquica al gobernador y ante la falta de respuesta y ya jubilado, reiterado la misma al año siguiente como ciudadano pero presentándola también a la Ministra de Salud, al presidente del CORUFA, al Ministro de Planificación E y S, a la Secretaría de Ambiente y a la Dirección General de Hidráulica. Nunca tuve una respuesta ni consulta de ninguno pese a la gravedad de los hechos y que hoy en día se dirimen en la justicia. Entiendo por mi formación profesional que estos delitos, de comprobarse como tales, no tienen prescripción por ser de carácter ambiental.
En la actualidad los servicios de agua potable municipales, de cooperativas o consorcios no contarían con el asesoramiento ni el control técnico especializado en lo que respecta a la producción de agua potable y al cuidado de sus fuentes de aprovisionamiento, cada quién licita sus obras como le parece y éstas se realizan mayormente sin inspectores con incumbencias o conocimientos adecuados. Es increíble ver como una provincia que le debe prácticamente todo al agua como ser la energía hidráulica, las vías navegables, las industrias, el riego de cultivos o la producción avícola entre otras, el turismo y sobre todo el agua para consumo humano, no explora adecuadamente ni protege sus fuentes ni trata sus desechos.
La desinformación teñida con la ignorancia en temas hídricos de quienes nos rigen, los hacen hablar equivocadamente con suficiencia afectada de cuestiones fundamentales; el latiguillo de situar al mal denominado Acuífero Guaraní en toda la extensión de nuestra provincia por ejemplo, que no es un acuífero propiamente dicho sino un sistema (SAG) que involucra a varias formaciones geológicas, y que estaría limitado a una estrecha franja ubicada en el noreste provincial. Por otro lado se desentienden de la protección de las aguas subterráneas que actualmente dan vida a nuestra sociedad y que posibilitaron nuestro desarrollo donde la mayoría de nuestros servicios de agua las utilizan, ellas representarían cerca del noventa por ciento de nuestros recursos hídricos y que junto con las aguas superficiales nos convierten en una región ubicada dentro de las cinco más ricas del mundo en relación con la población y superficie involucrada.
Siguiendo con nuestro ensayo de ingeniería inversa llegamos al lugar de residencia, donde cada uno sabrá o intuirá los problemas o anormalidades que los afectan.
En Paraná debemos soportar el de la provisión de agua potable que sufre de dos situaciones claramente determinantes: la producción y la distribución. La primera nos afectó más durante la bajante del río Paraná y la segunda es mayormente debida a la antigüedad de las cañerías de distribución, que en algunos casos superarían los cien años y que producen pérdidas quizás rayanas a la mitad de lo distribuido, por lo que se desacreditaría la excusa que los paranaenses consumimos el doble de lo normal. Las cloacas de la ciudad tienen numerosos inconvenientes y se vuelcan sin tratamiento a un río altamente estresado, podemos detectar por el mal olor algunos de estos volcados paseando por nuestra costanera. La quema de nuestros basurales inunda los barrios y el centro con humos que contendrían dioxinas derivadas de los desechos plásticos incinerados. Los árboles del Parque Urquiza y de las pocas calles que los tienen agonizan por enfermedades o por vejez, aunque sabemos que ellos nos protegen de las altas temperaturas, del ruido, de la polución y que son parte irreemplazable de la biodiversidad, retardando el escurrimiento erosivo durante las lluvias torrenciales haciendo la diferencia como podemos ver en la imagen del encabezamiento.
Aunque quedan en el tintero muchos temas ambientales y sociales más, los enumerados alcanzan para darnos cuenta que la situación en apariencia descontrolada en que nos encontramos puede ser en parte modificada o al menos paliada por la acción ciudadana, a veces actuando directamente y otras exigiendo a nuestros gobernantes que solo cumplan con su cometido, y que no coloquen a advenedizos (diccionario: que se ha introducido en una posición, un ambiente o una actividad que no le corresponde por capacidad) en los puestos más importantes, ya que es notoria en ellos la escasez de profesionales con las incumbencias correspondientes.
Creo que como ciudadanos debemos actuar porque todavía es posible reparar los daños, pero para eso debemos comprometernos, informarnos y exigir a nuestros representantes que cumplan con sus obligaciones, exigiendo la penalización de los que nos contaminan y desabastecen incumpliendo con sus mandatos.
Seamos optimistas pero no nos desentendamos esperando que alguien solucione nuestros problemas, debemos involucrarnos y forjar entre todos un futuro mejor, porque en caso contrario estaremos como el pobre JJ Castelli que ya moribundo dijo: “si ves al futuro, dile que no venga”.
(*) Magister





