(*) Por Carmen Ubeda
Preguntas con exceso de respuestas
¿Qué triunfo? ¿Qué batacazo? ¿Qué paliza? ¿Qué fracaso?
Asombra el sustantivo básico, rapidísimo y reductivo que, si no avezados, prolíferos analistas políticos tratan y destratan la posibilidad privilegiada de verbalizar sobre hechos igualmente trascendentes o no del país con idénticas hipérboles. El 13-VIII responde a la primera calificación que también resulta escasa.
Los tres tercios de los que ahora hablan (a fuerza de verdad, inferido diez meses atrás en este espacio) no sólo deberían referirse a la casta política (término que tampoco le pertenece a Milei, como asimismo se advirtió hace diez meses, sino a José Manuel de la Sota hace cuatro décadas) también habría que incluir en las bélicas arengas de Milei a los integrantes de las corporaciones prebendarias las que él cuida “amorosamente” mencionar. El electorado seguidor del fanático antikeynesiano pertenece a ese tercio. El otro, el compuesto por el matrimonio malavenido de Bullrich y Larreta y el tercero, el tan viejo como recientemente creado por CFK, AF y el dos veces hijo camporista. Los panelistas todólogos se esmeran en hilar con finura las enormes diferencias que existen entre unos y otros. Políticos y periodistas deberían dedicar un año sabático a callarse y a estudiar. ¿Qué diferencias? ¿Cuáles son la que resaltan con énfasis? Definitivamente son iguales, Milei incluido. Son iguales no por la incansable acusación de corrupción (solo). Son iguales porque se encuadran en un mismo sistema aunque les agrade tanto hablar de modelos distintos, de cambios y de actitudes antisistemas. Lo que llaman modelo son diferencias sofisticadas cuyo final siempre es el desastre.
Atrasan
Cada tercio acusa al otro con ese verbo tan snob que acuñan todos en la actualidad: “atrasan”. Uno, el del “batacazo”, “atrasaría” por querer remedar a la generación decimonónica del ‘80 que nos convirtió en el granero del mundo, que exhibía una clase ganadera, en el primer aniversario de la Revolución de Mayo con la visita de la Reina de Inglaterra. Los de la vaca atada, los que tiraban manteca al techo y que daban muestras de que éramos una potencia (sic Milei, 13-VIII) cuando detrás los sostenía una muchedumbre de esclavos. Esa opulencia se mantuvo, pero ya hacia los ‘20 comenzó una década de mayor expoliación cuyo final sería el primer golpe militar en Argentina, aun con los esfuerzos denodados de un Hipólito Irigoyen cansado.
El otro tercio recibe la acusación de “atrasar” por querer volver a los ’90 de Menem, la década de las privatizaciones a mansalva o de la venta vil del patrimonio nacional. Por estos “atrasos” casi compiten Bullrich y Milei que, a su vez, acusan de “atrasar” a Unidos por la Patria por su ala “más progre” que quiere regresar el tiempo milagroso del ‘45. Ninguno es distinto, ni viene de distinta madre. Digamos que están metidos en un idéntico sistema y quieren reciclar momentos ya pasados de la historia que se produjeron precisamente por darse en ese continuum del eterno retorno argentino. No son distintos y su objetivo no es únicamente el ejercicio de la corrupción. Llegados a un punto son los paganos adoradores más que “del poderoso caballero don dinero”, del poder en sí mismo. Aunque resulte paradójico, es quizás éticamente más repugnante que la codicia. Podemos asegurar de excelentes fuentes que, más tarde o más temprano, saldrán a la luz las operaciones que durante un semestre atrás se han desplegados sin importar relaciones de signos, principios o qué sé yo. Operaciones que se superponen como los hilos de agua subterráneos entremezclados de un extremo a otro. Cuando bajen las aguas, esa telaraña de trenza se hará visibles y quedará demostrado cuánto se practicaron previo a las dudosas PASO.
No son números
En tanto, esos llamados tercios son electores, son personas y, más allá de sus propias miserias, son sujetos de derecho que buscan representación aunque lo hagan tardíamente y no siempre con limpieza. ¿A quiénes representa cada candidato encabezador de tercios? Tampoco puede afirmarse que sea a masas críticas compactas. Cada sujeto tiene un reclamo, es un reclamante y busca un reclamado. Aunque actúen o interpreten gestos de solidaridad, misericordia, empatía, tampoco a los candidatos les interesa ni saben a quiénes representan: son junta porotos. Qué acto sagrado de introducir el voto como símbolo máximo de la democracia. Ninguno es demócrata ni siquiera republicano. Cada uno busca plantar un discurso único y hegemónico que niegue a los demás. Ninguno cree en las instituciones y menos en los tres poderes. Lo afirmado es un dictado de los hechos, no una interpretación. ¿Cuánto hace que no hay sesiones legislativas? Además de convertir en ley el Año Internacional del Salame o el Día Identitario del Vino en Jarra ¿qué proyectos se han debatido de urgente resolución? No son diferentes. Son iguales. Las cámaras ni llegan a la habitual comparación de escribanía, son la mesa de recepción de un matadero donde se ejerce la política del chinchulín: trenzar para comer. El 13-VIII todos celebraron 40 años de sostenimiento de la democracia, traducido, 40 años de deuda de la democracia.
Y a todo esto ¿a quiénes representa entonces Milei, el gran león? A un sector del pueblo que ha renegado de su identidad o que sencillamente se ha sacado el antifaz. Esa es su identidad, por lo menos de ese tercio. El lugar común de atribuir al “fenómeno Milei” un movimiento de reacción o de transitorio enojo es por lo menos escaso. Milei es ka reunión de sentimientos que han llegado al límite de la enfermedad: se llora, se ríe, se convulsiona espasmódicamente. No es un simple enojo, por lo cual el peligro es mayor. ¿El pueblo quiere Milei? ¿Se siente representado por Milei? ¿Merece un Milei? Y si lo merece, lo tendrá. Especialmente, si se atiende a la originalidad medieval que utilizó Massa en su discurso: “Vox populi, vox dei”. No quedan, sin embargo, muchos halagos para los otros dos. Unidos por la Patria responde como ninguno al reiterado verso discepoliano: “La biblia y el calefón… como en la vidriera irrespetuosa de los cambalache”. El otro tercio, la inverosímil unión entre un acérrimo burócrata que se cree adalid del pacifismo y una amazona aguerrida o una circe envenenadora de delincuentes.
Retratos y espejos
Finalmente, y luego de una desvergonzada interna impuesta, ya se han presentado en la escena a estrenar los cinco candidatos para la presidencia. Tres en una fila que no debería sorprender con 27, 28 y 30 puntos en términos redondos. Lo que verdaderamente asombró y asustó fueron los 30 no esperado de Milei, de lo contrario, habría que bajar el nivel de ansiedad y exageración porque es un empate técnico remontable para cualquiera en situaciones habituales. Milei, Bullrich, Massa, Schiaretti y Bregman son los competidores, según se mire, líderes o no de sus respectivos espacios.
Se trata aquí de vocetear unos ligeros retratos para recuerdo del lector. Se comenzará no por el primero en números sino por su particular situación: Sergio Tomás Massa. Su desempeño político es más que conocido. Desde el menemismo como funcionario de ANSES junto a su amigo de larga data Rodríguez Larreta. Desde el clan Galmarini lanzado luego claramente a las filas del justicialismo pasó por distintas funciones. Ya con el kirchnerismo de Jefe de Gabinete, con un predicamento bastante aceptable. Había trascendido su presunta seriedad y eficiencia y ya se lo detectaba como un hábil negociador. No sería injusto comparar su lealtad con una “fats food” o una bondiola al paso: de haber sido hombre de confianza de Néstor y luego bastante cercano a Cristina, se convirtió en su más descarnado crítico, al punto de formar parte de un espacio menor integrado, entre otros, por De Narváez y Macri. Resultado, efímero triunfo. Candidato a presidente en contra de Macri. Resultado, perdedor. Actuaciones de las más relevantes: además de otras que abortaron antes de nacer como las integradas por los grandes amigos Lavagna e inclusive Pichetto. Dupla supuestamente sólida del Frente Renovador y el Gen con Margarita Stolbizer. Pero parece ser, después de algunos años observados, que las construcciones de Massa tienen ese carácter líquido que Bauman otorgaba a la posmodernidad, para nosotros evaporable. Es innegable su constricción al trabajo (más bien T.O.C.), su virtuosismo diplomático, su “ductilidad”. Sin embargo, ante tantos finales casi idénticos, por repetición no podría avizorarse otro resultado. Conciliador, pícaro y tornadizo, el conjunto de la sociedad se pregunta cuál ha sido su éxito en las gestiones económicas y con el FMI si la “sangría” es incesante y la disparada inflación incierta. La pregunta sería ¿ese clásico ya 20% de adhesión es firme o es ocasional? ¿Y conduce o nuevamente es conducido? ¿Qué riendas frenaron dos días atrás su regreso al hogar? No fueron meramente versiones: frente a los cercanísimos se declaró vencido en la posibilidad de contener un imponderable oscuro hasta diciembre. ¿El Superministro, el resumidor de ministerios y el símil primer mandatario está siguiendo los pasos del “presidente que no fue”? Se reitera su obsesiva adicción al trabajo, evidente, casi descarnada en cuanto a la negociación de la deuda adquirida. Hace escasas horas, hizo cierta mención a la “pelea” que le significó este año de negociaciones y, en las últimas horas, algún resultado, aunque paliativo, parece notarse. Lo que asombra, quizás a los finos especialistas no tanto, es que no se haya llegado a otros pasos o tramos con respecto a una deuda absolutamente ilegítima desde las dos partes comprometidas… De distinta naturaleza, recuerda, sin embargo, a la privatización intempestiva realizada por Cavallo con respecto a la deuda entre la Dictadura y la patria contratista. Cualquier especulación podría derivar en acusaciones no del todo probadas.
Y de la segunda actriz del elenco que hasta el 13-VIII era percibida como una innegable protagonista, Patricia Bullrich, su trayectoria es bastante conocida y aunque se le sumen confabulaciones políticas a un mito que no fue, lo que circula está bastante cerca de las etapas por las que atravesó (JP- Tendencia revolucionaria-, aliancista - PRO---). Es innegable que no pudo superar su gen violento sólo con actos de reconocida valentía y honestidad. El contexto la haría verosímil y viable porque puede reflejar la “mano dura” que por oleadas recrudecen en algunos sectores. Hoy, por lo menos hasta más ver, se siente con la fecha de vencimiento acabada de un dirigible publicitario.
El protagonista indiscutido, ajeno a un borderó corriente, es Javier Milei, “el rolinga”, el amante de la ópera, el león, el tántrico, el devoto, el “ungido”, el solitario, el adolescente golpeado, el místico, el altruista, el narcisista, el barredor de suciedades, el buscador ético, el justiciero, el excéntrico… Solo una enumeración descriptiva. La descalificación personal siempre es inútil y, al mismo tiempo, devastadora, pero hay casos en que las personalidades no se pueden separar de la acción política. Es imposible no tener en cuenta la extraña relación con sus hijos clonados de cuatro patas, sus conversaciones con el padre perro muerto, la relación con su hermana absolutamente legítima, pero rodeada del misterio que supone el llamarla como “el jefe”, descartando su género femenino. ¿Es encarecedor del objeto amado cambiarle su sexo, su misoginia llega hasta la hermana o fue convertida en el padre golpeador transformado en bueno? La descripción sería interminable después de dos años de observación. A pesar de sus insolentes y exóticas costumbres, la seducción se mantiene y crece. La garantía parece estar asegurada. Hay un crédito abierto, se cierra el círculo de la fe. Todas las expresiones obtenidas por focus group (estudio cualitativo) refrendan ese crédito que no se altera ni siquiera con actitudes desopilantes. Una fe que atraviesa clases y condiciones sociales y culturales. Javier Milei es creíble para sus seguidores aún no entendiéndolo en su discurso académico. Le creen. Como sea: ¡Qué sugestivo y doloroso! 40 años de democracia y un final feliz con un líder autocrático y una candidata a la vicepresidencia enfundada en la marcial chaqueta de otra camada genocida. ¿Dónde encontrar un líder carismático cuya naturaleza fundante es el mesianismo? Aquí lo tienen. Es de manual. ¿Llegó para quedarse? Aunque las actitudes descriptas suelan tanto armar pompas de jabón como bombas de neutrón (permítase la metáfora), creemos que más concentrado o más liviano el “producto” permanecerá.
Podría entenderse la pintura de los anteriores retratos como una acción infructuosa más cercana a una nota de color. Sin embargo, su objetivo fue encontrar el reflejo de esos retratos en los espejos donde se mira el electorado. No cabe duda: 16, una, 21 el otro y 30 el ganador, la única excepción, de una interna impúdica que no sabe lavar sus trapitos en casa, porque no sabe, pero también porque quiere compartir responsabilidades que le son propias. Lo cierto es que en esos números sin nombres hay identificaciones evidentes. Señoras y señores elegantes, caritativos y corteses que promedian la pirámide social y tienen el mismo lenguaje que Patricia Bullrich.
Jóvenes enfervorizados, una jerga idéntica a Mayra Mendoza. Peronistas territoriales, a Juanchi Zabaletta. “Aggiornados” al “político de fusión”, que ejerce todas las funciones ejecutivas, forzado o convencido, parecen darle otra tregua. En esos espejos se miran, se sienten reflejados, representados y no todo ni mucho menos pasa por el descarte, la tradición, la nostalgia, el enojo o el conformismo. En este sentido, recuerda entonces el retrato mayor de Dorian Gray: una sociedad trasversal se está mirando y cree que no envejece.
Aparentemente distintos, pero rotundamente iguales, como comenzó esta nota. Partícipes inseparables de un mismísimo sistema. Afirmación que no debe tomarse como crítica. Ninguno de los tres candidatos ni electores se han declarado antiatlatistas (Tratado del Atlántico Norte) ni hoy cuando se reproducen las versiones de una nueva creación, la de un Atlántico Oriental… La diagramación geopolítica sigue siendo la misma y, aunque decirlo “atrase”, el último país de la tierra es más colonia aún que sus vecinos. ¿Cuál es la meta, el objetivo, el anhelo y el sueño de un usurero? ¿Que el deudor le pague con premura? Absolutamente no, porque su renta vitalicia es la deuda del moroso permanente. Toda semejanza entre Argentina y el FMI en la actualidad no es pura coincidencia.
Una geopolítica aún viva
Argentina está en Occidente ¿quién lo puede negar? Y con un muro que ha caído, sumado a las malas prácticas de dirigencia y sociedad. Sería bueno recordar aquí aquello que afirmara el gran historiador Halperin Donghi en cuanto a que: “Los que lo voltearon a Perón se apuraron. Su régimen ya no podía sobrevivir sin un acuerdo con Estados Unidos y otras medidas impensadas en ese momento provenientes de Perón”. El análisis es más complicado, pero no estaría mal barajar cierta “deuda” que el movimiento justicialista tuvo y tiene con una burguesía nacional alentada por él mismo y luego desatendida aunque el vínculo disfuncional fue mutuo. Quizás la distorsión también provino de ciertos contagios ideologistas. Descartada toda bola de cristal, otro trato hubiera redundado hoy en una sociedad del trabajo.
¿Por qué ahora?
Excluidas por años y hasta décadas del discurso público, tanto una mirada analítica sobre la acción social y una serie de propuestas coherentes sobre educación, hoy entrevistadores y entrevistados, cronistas y caminantes, candidatos y seguidores, funcionarios y agentes, vecinos incorporan esas palabras clave por lo menos hasta en el 50% de sus discursos. La inocente pregunta sería ¿y ahora, para qué? Los partidos o alianzas o espacios gobernantes tuvieron la oportunidad de ir en pos de una transformación renovadora justamente y sin equivocarnos desde antes del 2001. Víctimas y victimarios, verdugos y reos, patrones y esclavos, coinciden en la misma preocupación. Los primeros, porque la prebenda es insuficiente para calmar demandas y han gastado sus mecanismos de contención; los segundos, porque simplemente se les achicó la billetera, porque no calman la ansiedad con el consumo en el caso de la clase media caída, porque la renta planera es exigua, porque están viendo morir a sus hijos sin piedad, porque… hay tantos porqués de este nivel que se volverían muy polémicos y agresivos si no fuera porque provienen de pares, de idénticas pobrezas que compiten tratando de alcanzar el privilegio del otro y alientan el odio cuando éste lo hace.
¿Y ahora, por qué después de larguísimos años de acción social como subproducto de la esclavitud, el clientelismo, el embrutecimiento simio…? ¿Por qué relacionan tan rápidamente el desarrollo social y la educación? Se creía que no lo aplicaban por desconocerlo. Lo conocían con creces, con seguridad canalla, pero eran “operaciones gubernamentales”.
¿Por qué ahora reaccionan (unos –reos- otros –verdugos-)? ¿Por los tiempos de la historia, que es la madre y maestra de toda enseñanza, por el salto cuántico de las conciencias, porque la colonización del populismo resultó un boomerang? Y en el caso concreto del pueblo tomado como totalidad: ¿por ser hijos bastardos de la necesidad o por una comodidad a ultranza más holgazana que el ejercicio comprometido de una libertad responsable? Pobres hijos del rigor trepados a colectivos, trenes desvencijados, cuatro horas para trabajar el doble, pero otra gran mayoría disfrutando descaradamente de un mezquino mendrugo estatal.
En el caso concreto de los que ejercen funciones y cuya responsabilidad es geométricamente mayor (agentes del Estado) ¿hasta cuándo se van a seguir preguntando? Unos y otros gobernaron sin modificar nada, agolpados en los pequeños ravioles de los organigramas ministeriales, con tectónicas capas de burócratas recién llegados. Era y es tan fácil. No ayer o mañana, hoy… La gobernanza hoy es el quietismo: la economía no permite actuar en ningún otro sentido. Una argumentación falaz, paralógica y mendaz. Resulta sencillo cuando se vive la ética de la responsabilidad para concretar un bien superior. Imposible, cuando no se decide valerse por sí mismos y desconocen el valor de prestar un servicio -acólitos y funcionarios. Enseñar. Enseñar. Enseñar. Instruir. Instruir. Instruir. Capacitar. Capacitar. Capacitar. ¿Cómo, con qué recursos? Con ni un peso más del que ya hay: sacando miles de traseros ensanchados que se agolpan en los ministerios de Educación de todo el país y en el ministerio fantasma de la Nación, en el de Desarrollo Social, en el Producción y en el de Trabajo. Los agentes no podrían ser más indicados: docentes, asistentes sociales, terapistas ocupacionales, profesiones rurales y humanistas. Sencillo. Capacitar a empleados mal asignados e improductivos. Segundo paso: lanzar a estos miles, sino millones con las neuronas “refrescaditas” ubicándolos en cada club, vecinal, iglesia, establecimiento rural, fábrica, empresa, colectividades. Es muy fácil si no nos quedamos con la grandilocuencia de un discurso imbécil: “Ser un país de mierda” o “El mejor país del mundo”. Aunque en grados diferentes, todos somos responsables. ¿Cuál es el otro panorama? El existente. Un ejército innumerable de soldados quietos y fantasmas esperando que se resuelva la economía para poner en marcha una maquina oxidada. El verbo es impropio: no es sería, así es. O bien, dejar que llegue la vertiginosa mano de la inteligencia artificial y resuelva los nuevos trabajos que el hombre deberá desempeñar. Es un fastidio sentir o escuchar repetidamente la mención a que la entrada de la era del conocimiento exigirá otro tipo de desempeños. Aunque resulte molesto, es más tolerable que reconozcan la necesidad de una educación permanente en las puertas del tercer milenio. Mientras tanto, hoy, en este instante, hay decenas de empresarios, de productores que claman por electricistas, plomeros, torneros, herreros, ceramistas, etc.
Ellos sí “atrasan”
Un acercamiento a la verdad, como no puede ser de otro modo, es reconocer que la dirigencia no alienta ni controla nada y menos aún puede anticipar futuros inmediatos, virtud incuestionable en el ejercicio de la política. Visto así, cualquier certeza está ausente hasta nuevo aviso. Inquieta hacia dónde moverán el timón si aparecieran imponderables aciagos o venturosos que puedan virar la situación de modo insospechado (muy bien podrían provenir de las conductas de ese otro cuarto, alrededor de diez millones de electores callados y misteriosos). Quien escribe, no puede alejarse de la terquedad en cuanto a que en este mismo minuto el ejército de fantasmas desaprovechados deba encarnarse.
(*) Especial para ANALISIS





