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Algunas reflexiones sobre la crisis actual

Por Roberto Schunk (*)

Especial para ANÁLISIS

El lunes 14 de agosto, día posterior a las PASO, el gobierno devaluó un 22% nuestra moneda y subió la tasa de interés 21 puntos, llevándola de 97% a 118% (208,2% efectiva anual).

Factor político I: No se trata de discutir si había que devaluar o no. La mayoría sabíamos de la imposición por los burócratas del FMI para poder acceder a los 7.500 millones de dólares. No obstante, sabiendo la caja de pandora que se abría con tamaña decisión, hubiera sido deseable tener un programa previo para al menos intentar que la situación fuera lo menos traumática posible para amplios sectores de nuestra sociedad. Y también hubiera sido mejor haberlo planteado de frente con todos los detalles antes del lunes 14 de agosto.

Factor político II: No se produjo ninguna de las correcciones que podrían haberse esperado con el 22% de devaluación en el tipo de cambio oficial. La brecha cambiaria, en algunas horas no solo volvió, sino que superó el nivel previo a la devaluación. Duró tan poco que ni siquiera la podemos comparar con lo ocurrido en enero de 2014 cuando la brecha cambiaria tardó 8 meses en volver al mismo nivel del día anterior a la devaluación. El 14 de agosto de 2023 lo hizo inmediatamente, inclusive se amplió en los días siguientes a más del 100% en el caso del dólar informal y contado con liquidación y para el caso del dólar bolsa apenas se logró sostenerlo en los niveles previos, con una fuerte intervención oficial.

Estamos convencidos de que se hubiera podido hacer otra cosa para amortiguar la gran incertidumbre que se generó de la manera en que se llevó adelante, primero, enfrentando la situación (poner la cara) pero además complementando la devaluación con un conjunto de medidas de política como el congelamiento de precios hasta fin de 1 año, la implementación de una suma fija generalizada, el incremento de las retenciones, agresiva política social para los más desfavorecidos reeditando el aporte solidario y extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pobreza, entre otras, para demostrarle a la sociedad que a pesar de las presiones del FMI para acceder al financiamiento, la carga del ajuste producto de la devaluación no recaería, como pasa siempre, solamente en los trabajadores y en los sectores más desposeídos de la sociedad.

Los que estudiamos economía sabemos que las herramientas de política económica no son de izquierda o de derecha, lo que es de izquierda o de derecha es la manera en la cual las combinamos y la magnitud en la que decidimos usarlas.

Factor político III: Ya lo decía Keynes: “Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”:

PRINCIPALES DEUDORES DEL FMI

  • 1: Argentina - 40.080 millones de dólares (27,7% de la deuda total del FMI)

  • 2: Egipto - 19.510 millones de dólares (13,5% de la deuda total del FMI)

  • 3: Ucrania - 9.935 millones de dólares (6,9% de la deuda total del FMI)

  • 4: Ecuador - 6.816 milones de dólares (4,7% de la deuda total del FMI)

  • 5: Pakistan - 6.693 millones de dólares (4,6% de la deuda total del FMI)

  • TOP 5 - 83.034 millones de dólares (57,4% de la deuda total del FMI)

  • Total - 144.553 millones de dólares 

La Argentina es el principal deudor del FMI con un saldo pendiente de más de 40.000 millones de dólares, representando su deuda casi el 28% del total de las acreencias de dicho organismo. En el 2023 de continuar con el tipo de interés actual los cargos totales que se pagarán al Fondo serán más de 3,3 mil millones de dólares. Esta cifra representa un poco más del 0,7% del PBI medido en dólares por el 2 Banco Mundial (2022) y triplica el presupuesto anual de funcionamiento del FMI. Es decir, Argentina pagará tres veces el costo de funcionamiento de esta Institución (de 1.180 millones de dólares en 2022). Los costos del acuerdo podrían reducirse a 1/3 y el FMI seguiría contando con el financiamiento necesario para sufragar todos sus gastos. (Sin tener en cuenta otros ingresos derivados de los 33 préstamos vigentes con otros países).

Al final del acuerdo, de continuar con los intereses actuales (de alrededor del 8% anual, incluido los sobrecargos), habremos pagado más de 30.000 millones de dólares en intereses y sobrecargos desde 2018. Esta cifra representa más del 6% del PBI medido en dólares, solo en concepto de  costos financieros de los dos préstamos.

Reflexiones finales

En función de lo señalado precedentemente los argentinos disponemos, como nunca, de una enorme oportunidad política para negociar de otra manera con el FMI, negociando con el dueño del circo (EEUU) y poniendo sobre la mesa nuestras fortalezas. No por casualidad vinieron a nuestro país encumbrados funcionarios del gobierno norteamericano como la responsable de la Cuarta Flota, entre otros.

Recordemos a Perón cuando dijo: “Nadie puede solucionar un problema social si antes no soluciona un problema económico y nadie soluciona un problema económico sin antes solucionar un problema político”. 

Entendamos compatriotas que Argentina no es un país pobre y desde el punto de vista geopolítico y sobre todo para los Estados Unidos y China, no somos cualquier país, tenemos una importancia vital que debe ser explotada al máximo por nuestros líderes en estos momentos cruciales en los que vive el mundo, porque contamos con recursos que resultan estratégicos (Vaca Muerta, Litio, variados recursos minerales, 60 millones de hectáreas de las más productivas del planeta, sector científico-tecnológico de calidad, etc.) y además, el sistema capitalista de producción que se ha expandido a todos los rincones del mundo a través del fenómeno de la internacionalización de la producción con las cadenas globales de valor, está experimentando cambios cualitativos que implican ya no solamente la obtención de la ganancia extraordinaria (prioridad casi exclusiva de la dimensión económica) a través del Offshoring con la deslocalización de parte del proceso de producción, de trasladar o construir fábricas o centros de producción en otro país, donde, por lo general enfrentan menores costos de mano de obra, menor presión en leyes laborales, menor cantidad de normativas gubernamentales; sino que aparece la dimensión geopolítica por encima de la económica con la figura del Friendshoring dando prioridad a la relación con países aliados o amigos. 

Además, tengamos presente que la Argentina no es un país deudor del resto del mundo sino todo lo contrario, nuestras acreencias (en blanco) llegan a casi 120.000 millones de dólares. Los residentes argentinos disponemos en el exterior de Activos que rondan los 430 mil millones de dólares y nuestros Pasivos en torno a 310 mil millones de dólares. En este punto deberíamos explicarle con absoluta profundidad a nuestro pueblo, que los acreedores del mundo, son los mismos actores de siempre, aquellos que se enriquecieron con la patria financiera y la patria contratista de la Dictadura Cívico-Militar del ’76, y con la compra de los paquetes accionarios de las empresas privatizadas por el menemismo en los primeros años de la convertibilidad y que a partir de 1995 se lo vendieron al capital extranjero generando pingues ganancias. Siempre especulando nunca produciendo, revelándose una de las dos causas fundamentales de la inflación argentina que no es otra que la RETICENCIA INVERSORA y la RESTRICCION EXTERNA que no es otra que la falta de dólares.

Sería injusto si no reconociera que nuestro gobierno atravesó por enormes dificultades como la herencia macrista con su brutal endeudamiento y especialmente la deuda con el FMI, la pandemia, los graves efectos provocados y que aún provocan la guerra Rusia-OTAN, la mayor sequía de la historia. No obstante, estoy convencido que las oportunidades que tenemos los argentinos de salir de esta misiadura son inéditas porque  disponemos de los recursos necesarios, algunos señalados precedentemente, para encaminarnos en el corto plazo hacia el desarrollo de nuestro pueblo. 

Mi padre siempre me decía que en la vida es muy importante tener OBJETIVOS claros, pero a renglón seguido me manifestaba que valore siempre el camino a recorrer para conseguirlos, esto es clave porque ahí está la esencia de los cambios como persona y nos hacen comprender y valorar que ese sueño valió la pena. Tenemos que hacerlo con toda la gente adentro. No hay manera de confundirnos, basta tener siempre como norte la primera de las veinte verdades peronistas: “La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”. Entonces, en lugar de preguntarnos porque el 30% de la población votó a Milei, los que integramos el espacio gobernante deberíamos pegar un volantazo y decirle a nuestro pueblo que los 40 años de democracia no han sido en vano y que, a pesar de las dificultades y los desaciertos, de ahora en adelante llevaremos como bandera lo que el pueblo quiere. 

No se sale con venta de órganos;

No se sale privatizando la educación pública;

No se sale eliminando el Banco Central de la República Argentina;

No se sale con la dolarización;

No se sale precarizando el mercado laboral;

No se sale con la eliminación de las retenciones;

No se sale con la eliminación de la obra pública;

No se sale con la eliminación de los subsidios;

No se sale terminando con la salud pública arancelando todas las 

prestaciones;

No se sale eliminando el CONICET;

No se sale dando libertad para manejar armas;

No se sale con la apertura indiscriminada de la economía;

La salida es intentando ganar legitimidad mediante políticas económicas y sociales que disminuyan drásticamente los procesos de exclusión social y estoy convencido, que haciendo las cosas bien, tendremos la oportunidad de hacerlo.

(*) Economista y docente universitario

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