Por Hugo Remedi (*)
Cometen un gravísimo error de subestimación los analistas que trabajan en la fauna política del análisis electoral, si minimizan lo que sucedió en las recientes PASO en relación al nivel de aceptación de Javier Milei y lo sintetizan en el remanido concepto del voto bronca, es un gran componente: de hecho pero no todo lo concluyente que pretenden.
Interpretado de ese modo, uno podría concluir ligeramente en que si así fuese, tan lineal en el abordaje, todo el mundo hubiese votado en contra: las condiciones deplorables en la que se debate este país así lo meritúan acabadamente.
Habrá que analizar el abanico macro con mas rigurosidad por cierto pero, ajuntarlo exclusivamente a la humorada social negativa, es mirar la realidad con un solo ojo, un acto de soberbia y estar de culo a la gente.
Seguramente será el grito de cambio, urgente y total, el concepto más abarcativo que se podría utilizar para aglutinar todos los componentes que llevó al universo nacional a buscar lugar en la canasta de Milei.
De hecho, la sociedad está repudiando un sistema vetusto y degradadamente opresor. Estamos recorriendo los surcos de la vida esclavos de todo lo que nos pesa, desde lo económico hasta lo moral.
El país, parece aletargado en una especie de Ley de acefalía, donde el presidente y la vicepresidenta, están desaparecidos, y como consecuencia la Argentina navega en piloto automático apenas en manos de la circunstancia electoral que pilotea el candidato y ministro de Economía Sergio Massa.
Y, como para mejorar el nivel y calidad del incendio pululan con declaraciones patéticas y rimbombantes, los menesterosos escuderos del kirchnerismo puro, que poco ayudan al denodado esfuerzo que viene haciendo el dirigente de Tigre para hacerse cargo de la toda la sala de terapia intensiva.
No hay manera de proyectar nada, el futuro a tientas termina hoy, en el presente inmediato, no existe otra posibilidad para adelante. Planificar familiarmente es una absoluta quimera.
Al galope de lo sucedido y sin mediar un análisis lo suficientemente abarcativo y auto crítico se puede observar como el radar va cambiando de orientación rumbo al atribulado reduccionismo de alertar que, si bien estamos para el orto regresando a los infaustos 90 de Menem vamos a estar mucho peor.
En ese sentido hay que ver a nuestros dirigentes jugando al gran bonete: Yo señor! No Señor! Dejando en la columna del apartado, todo lo concerniente al desquicio actual sin remordimiento alguno. Nadie se hace cargo de nada pero siempre a mano con el inusual esmero para poner adjetivaciones culpatorias a los inquilinos de ocasión que surjan de otras posiciones ideológicas.
El oficialismo nos lleva arrinconados con los 4 años de Macri, a 4 años de haber terminado su gestión y la oposición con los 4 años de Alberto Fernández y seguramente otros tantos si es que pierde Massa (y valga la redundancia).
Tomar como inapelable, aquella moraleja de no chocar dos veces con la misma piedra me lleva a otra reflexión. Quizás las colisiones más fuertes contra las piedras en este país, tomando la etapa democrática como referencia, puedan tener fecha fundacional en la década del 90. Detrás del derrape económico monumental del gobierno de Raúl Alfonsín, sobreviene la jarana del menemismo.
En ese primer capítulo empiezan a venderse las joyas de la abuela con el mar de privatizaciones puesto en marcha, luego en el 2.001 sumado a la notoria impericia de Fernando De la Rúa, la hipocresía de las ollas gritando sobre otras necesidades, en realidad escondía el enojo por la incautación de los plazos fijos. Y hoy, sobreviene la de los Fernández, donde la política y sus malas decisiones están concluyendo en cosas más graves: se están metiendo en cambio, en tu alacena, en tu heladera, en la visita al dentista o en la mochila escolar de los pibes: la diferencia es crucial. Falta comprar aceite suelto y que reaparezca el club del trueque.
Todo aquello es historia que mucha gente no conoce y pasó hace dos vidas. Y poner a Milei en ese mismo plano, no deriva de aquella piedra sino de la cantera con la cual el poder político vernáculo esta dotando rutinariamente de cara al abismo profundizando una crisis terminal que deviene de pecados capitales de generaciones de quienes han conducido a este milagroso país.
Tampoco es verosímil juzgar que la dirigencia esté en la vereda oscura y el resto de nosotros en la transparente: ese es otro gran verso ideado para sacudirse las pulgas de responsabilidades. Todos los gerentes de nuestras vidas son, en definitiva los emergentes de nuestra propia construcción como sociedad es decir es: “nosotros” y no “ustedes”.
Por otro lado “sorprende” la “sorpresa” tatuada en las caras de los analistas políticos sobre lo que cosechó Milei electoralmente todo lo cual implica claramente que perdieron de visión el pulsador orientador del discurso y de acceso a las causas del mal humor social. De modo tal quedó tan claro que, el oficialismo vio venir de frente el camión equivocado y “Juntos”, fue de modista y sastre antes de ganar, subestimando las consecuencias de una feroz interna. Conclusión, los tres candidatos con fuerza a la vista, reformularon estrategia de cara a Octubre: es decir, ya muestran una nueva etiqueta de presentación comercial.
Más allá de la “sorpresa” de los resultados como análisis original posterior a las PASO, aceptar con naturalidad que Milei ganó solo, por el descontento generalizado tiene fecha de vencimiento a corto plazo.
Hay generaciones quebradas y despechadas donde incluso la vida no tiene ningún precio.
Existe un serio problema de valores y la economía decanta como derivación.
De la pregunta interpeladora y juzgativa de: ¿por qué se vota a Milei? Seguramente pueda interpretarse que en el mismo interrogante esta la respuesta.
O nos equivocamos de semilla o en el riego.
(*) Especial para ANÁLISIS.





