Por Hugo Remedi (*)
La ventaja que va a tener Sergio Massa si gana las elecciones en octubre y luego en noviembre si es que se llega a necesitar una doble vuelta es que va a arribar a la Presidencia de Argentina con vasta experiencia en el cargo.
El combo que transita hoy, su destino, es el de candidato, ministro de Economía y virtual presidente de los absortos argentinos que en verdad están viviendo situaciones de tremenda singularidad: ¿vacío de poder por incapacidad o estrategia electoral?
Del lado azul del cable se podrá merituar, en todo caso y mal pensando, que tanto el presidente como la vicepresidente actuales no aparecen para no entorpecer la institucionalidad de la candidatura de Massa y alejarse asimismo de las consecuencias casi letales de una derrota electoral y sobre todo si es a manos de Javier Milei.
Del lado rojo, en tanto, y también mal pensando, se podría concluir en que, por el contrario, Massa le pidió a los dueños de la birome en Argentina, al menos hasta el 10 de diciembre próximo, que no aparezcan o lo hagan lo menos posible para no piantar votos.
Lo que está claro y es concluyente es que Alberto Fernández no los tiene (en verdad nunca los tuvo) y los de Cristina Fernández, ya están en la bolsa: son adhesiones seguras, y además jamás compra derrotas. Entonces, y desde lo más pragmático del análisis, el interrogante a venir en lo inmediato sería para qué tenerlos arriba del escenario si es que restan más de lo que suman.
La diferencia sustancial es que la vicepresidente mantiene gran parte del caudal pétreo del kirchnerismo y el titular del Ejecutivo nada porque no tiene cosecha propia, ni la supo generar en su rol de presidente.
Ahora bien, que tanto presidente y vice no aparezcan en su rol institucional como tales, es quizás solo una licencia que solo se permite en Argentina.
Incluso después de bregar tanto por la “aparición con vida”, usado como eufemismo, el presidente motivado por las críticas ante su falta de compromiso institucional salió a cumplir actos protocolares con discursos que vienen rebotando para atrás. Y Massa lo sufre por cierto.
El golpazo ya dejó machucones y obligó a todos a reformular la campaña, perdedores y también ganadores.
Esta elección que pasó y la que viene no es de tríos como aseguró la voz sagrada de Cristina y que sus adlátares festejan sin el menor análisis sino de 4 cuartos. A menos que, el análisis electoral no conlleve como elemento gravitante al 30% de la gente que no fue a votar. Es decir, casi la misma cantidad que cosechó Milei y más de lo que sumaron Juntos por el Cambio y el propio Massa.
Se entiende además, y acertadamente, que el candidato de Unión por la Patria, que tiene que ir por detrás de los votos que andan flotando a la deriva y cargados de decepción, sabrá que el Massa kichnerizado tiene el stock propio, pero corre al independiente. Votantes que, quizás, pretendan un actor principal que se parezca mucho más al candidato de 2013.
Parece claro por ahora que el porrazo mas contundente lo recibió la candidata de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich, quien en definitiva consiguió una victoria interna a lo Pirro. Los costos de la campaña creciente en ferocidad, todavía continúan en manos de los contadores que no encuentran la manera de cerrar un balance positivo.
Como consecuencia de ello, la disputa del próximo 22 de octubre parece centrarse en Massa y Milei. Con la posibilidad de que haya balotaje si crece Massa y solo primera vuelta si, por el contrario, gana Milei.
En cualquiera de los tres casos, y si bien se habla de la cosecha propia, lo verdaderamente cierto es que todos tienen un rechazo del 70% o más, del electorado de acuerdo a los resultados de las reciente PASO, y ese sí es un dato alarmante.
Milei, por caso, cierra la grieta política conocida entre los K y los anti K, pero abre la suya bastante más impersonal desde lo institucional: es decir, entre los que lo aman y los que lo odian. Y curiosamente la grieta oficial, pasó a jugarse en ligas menores. Cimbronazos que seguramente quedarán estampados en la próxima contienda electoral, de modo tal que Bullrich deberá ir primero por la necesidad de que la vuelvan a registrar como alternativa posible tal data antes de la interna y después ver por donde prende la opción.
Massa, en cambio deberá polarizar con Milei para sacar de juego a Bullrich y profundizar a la mayor vista posible el contraste de discursos con quien ganó las Paso.
Milei por estos días desapareció de la escena o al menos redujo notoriamente la intensidad de sus apariciones. Entenderá por cierto que sin desgastarse y cometer potenciales errores, la turbulenta realidad del país basta por sí sola para que hagan campaña gratis por él.
Massa cometió el error (o no) de hacer inconsultas las medidas que lanzó hace unos días fundamentalmente con sus aliados provinciales y municipales, y como consecuencia está sufriendo las consecuencias. La lucha dispar contra empresarios y el campo ya no influye en nada y todo se termina convirtiendo en parches y más de lo mismo.
Cuando se lanzan medidas abruptas y con estas características preelectorales, el manual indica aquello de que parezca un accidente si no terminan vacilando en su influencia como impacto pretendido. Y asimismo, no entenderse como un oportunismo de ocasión, que termine subestimando el firmamento social.
Por cierto, Massa tiene todos los huracanes en contra pero su ambición bien entendida, y la habilidad para manejarse en cualquier fandango político, lo transforma en un mérito del pragmatismo que acaso le alcance como para ser presidente o competitivo.
Para Milei, no es todo es bravuconada también está la constitución.
Las palabras pasan, las cicatrices quedan.
(*) Especial para ANALISIS.





