Por Waldemar Oscar von Hof (*)
Ya antes de la crisis del 2000 estaban instituidas las ollas populares. Los comedores barriales y en las escuelas se fueron instalando a partir de la imposibilidad de dar de comer en calidad y buena medida en las mesas familiares. Son propuestas para superar los momentos críticos a nivel económico que, a partir de la reducción de las posibilidades laborales, dejaron sin la mesa de calidad y cantidad en las familias.
En el Norte del litoral la tradición del “Yopará” se celebra en muchas parroquias. Es una usanza tomada del pueblo guaraní que quedó instalada precisamente en las comunidades. Se celebra el 1º de octubre y en el fondo es una “olla popular”. La tradición cuenta que, al florecer los lapachos, el Karaí o duende, controla los hogares evaluando la carencia y la abundancia. Espía e inspecciona el trabajo realizado durante el año en cuanto a siembra, cosecha y trabajo. Si esto se ha realizado, el premio es, en este tiempo de carencia, la abundancia. Esta debe ser demostrada mediante una gran comida que es compartida con amigos, vecinos y familiares.
En esta comida comunitaria cada uno aporta una verdura, un arroz o unos fideos e incluso un pedazo de carne. Herencia recibida de las prácticas en las comunidades guaraníes, que al pasar el invierno y al haberse sembrado y plantado la nueva plantación, el producto restante se comparte en una comida realizada con toda la comunidad. Lo poco que queda, lo que sobra, es compartido con aquellos a los que ya no les ha quedado nada, esperando la próxima cosecha, que ya está en ciernes con la venida de la primavera.
El espíritu del Yopará, como también el de las ollas populares que se instalaron a partir de nuestras crisis económicas, es precisamente esto: que al que no tiene no le falte y al que le sobra lo comparte. En el libro de Los Hechos, que cuenta la vida comunitaria de la iglesia que recién estaba naciendo, se dice que: “Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación” (Hechos Cap. 2: 44-47).
Coincidencias, formas de superar las crisis, solidaridad y salida al encuentro del otro, podemos ponerle muchos nombres. En momentos de crisis se hace necesaria la solución para que al otro no le falte, porque de esta forma tampoco a mí me faltará. En la celebración de la Santa Cena o Eucaristía que es un gesto, una demostración, pero a su vez también un compromiso de que no vamos a dejar que al otro le falte, se genera también la tranquilidad de que, a mí nada me va a faltar. Tradición que, en algunas parroquias y organizaciones barriales, se transforma en algo más concreto: así vemos en los salones comunitarios carteleras con avisos de pedidos y ofrecimiento de trabajo. Se realizan ferias de ropas que pretenden salir al encuentro de la situación crítica dentro de las familias. Los almuerzos comunitarios en las fiestas parroquiales no son solo comidas festivas, son posibilidades de encuentro, de celebración y de compartir en forma solidaria. Ni qué hablar de las propuestas de trabajo con la niñez, que sale al encuentro de las desigualdades de oportunidades en las que vivimos.
Octubre se nos pinta intenso. Con el advenimiento de la primavera siempre hay mucho trabajo y es necesario poner la semilla en tierra para la próxima cosecha. Por otra parte, estamos en tiempo de campaña y elecciones propicio para escuchar, evaluar y decidir a quienes ponemos en el poder para gobernar en los próximos años. Necesitamos líderes y gobernantes que apuesten al Yopará, pero que sepan superar estos tiempos en que las ollas populares siguen siendo una realidad para muchas familias. Debemos volver a que cada mesa familiar sea una olla popular, bien cargada en cantidad y calidad.
Deseo que el “Karaí octubre” nos encuentre dispuesto a salir al encuentro de aquellos a los que en esta última cosecha no les fue tan bien. Que la abundancia reine en las mesas en este tiempo en el que salimos del duro invierno, a partir del compartir, aunque más no sea con un buen “Yopará”.
(*) Waldemar Oscar von Hof es pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y escritor.





