Por Jorge Oscar Daneri
Especial para ANÁLISIS
En 1979 algunos jóvenes ingresábamos a los grupos de estudios de la juventud Radical de Paraná y en Franja Morada en la Facultad de Derecho de la UNL en Santa Fe, refugio de esperanzas y libertad.
Hermanados en la cooperativa articulada por el “Changui “Cáceres, a la vuelta de la casa de estudios, salíamos de clases -esas clases del filósofo Julio De Zan, semillero de sentidos democráticos y paz- para caminar unos metros y escuchar, aprender y soñar junto al “Changui”.
La facultad durante la dictadura fue un recorrido silencioso de escucha a los maestros, incluso Sergio Montiel, Jorge Mosset Iturraspe, Juan Varisco Bonaparte y tantos otros seres.
La “Contradicción Fundamental” (1) documento fundacional, esculpido en el espacio de la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical, nos dio las bases ideológicas de resistencia a la dictadura, militando, formándonos aún más en el seno de aquellos grupos.
Rubén Ghiggi y Juan Godoy, en Paraná, iluminaban junto a Luis Agustín Brasesco nuestros pasos.
La Reforma Universitaria marchaba de la mano a la necesaria Reforma Agraria. Las propuestas de política exterior se centraban en la Unidad Sudamericana que, durante su Gobierno, comenzó a tejer Raúl Alfonsín junto con José Sarnei, presidente de Brasil.
La No violencia fue una bandera inapelable. No solo por la no violencia física, sino en el uso de la palabra, hoy tan amenazada, tan pobre y así de agresiva como descontrolada. Y el Nunca Más.
Recuerdo el primer acto público no autorizado por el gobierno de facto, con Arturo Illia en Paraná, antes de la guerra de Malvinas. Solo nombrarlo nos muestra y prueba las antípodas existentes con esta realidad degradada. Una casi total inexistencia de ejemplos de políticos, así, en plural.
Pero esta no son notas de recuerdos ahora pesimistas. Todo lo contrario. Es un intento de creer aún en la palabra y sus sentidos de vida, más allá de nombres propios y la narrativa de sus vidas pasadas y presentes.
Porque quizás estamos frente a la mayor crisis de Argentina en estos cuarenta años de Democracia, porque frente a la crisis civilizatoria, las guerras y la crisis ambiental global, resulta urgente volver sobre el legado de la palabra y la acción de Raúl Alfonsín y aquel Radicalismo, y poder encontrar como ciudadanos, como sociedad, el sentido de observar, de contemplar aquellos modos de hacer política, de ejercerla con los valores de la “ética de la solidaridad” y el camino para salir de este pozo.
El Pacto de la Moncloa (España) fue uno de los casos que el Presidente Democrático expresaba como ejemplo a imitar. Pactos que se conforman con acuerdos, con sus propias palabras, comunes denominadores hacia efectividades conducentes.
La crisis nos brinda esta oportunidad. La pérdida de credibilidad en los políticos que hoy mayoritariamente nos representan (o no) es enorme. El resultado está en la arena política. Tenemos un personaje, Javier Milei, que niega los reinos de vida, los mayores consensos de diagnóstico y causas de la crisis climática cuasi terminal, que romperá relaciones con Lula y si es así, ni hablar de Colombia, Bolivia y Chile, etc. Y en el medio, con Francisco y sus exhortaciones frente a la crisis del cambio climático desde el núcleo del capitalismo de la devastación.
Pero, además, y no es un dato menor, es el primer candidato a Presidente que agravia en estos cuarenta años al mayor y más valiente demócrata que el país brindó para la consolidación de la democracia y su proyección hacia Sudamérica toda.
“Sin solidaridad no se construye ninguna sociedad estable y el primer deber que nos impone la ética de la solidaridad es incorporar al trabajo común a todos aquellos que, sin renegar de su historia, se sientan convocados por un proyecto como el que hemos definido. Pensamos en primer término en quienes fueron condenados por políticas injustas a la miseria y a la marginalidad. Pensamos también en las jóvenes generaciones que han sufrido el enclaustramiento de una educación autoritaria y la falta de oportunidades y se integran hoy a la vida política con su impulso decidido y su energía vital dispuestos a construir un mundo nuevo.
Pensamos además en quienes fueron desplazados de la vida política efectiva por la marcha de la historia, herederos de los ideales y ambiciones que guiaron a buena parte de los hombres que en las últimas décadas del siglo pasado comenzaron la edificación de la Argentina moderna. En quienes enaltecieron hasta el límite el valor de la libertad como el más preciado por encima de cualquier doctrinarismo económico. En quienes son herederos de la acción ejemplar del socialismo humano, democrático y ético. En quienes buscaron conjugar su creencia religiosa con la construcción de un mundo inmediato mejor para los hombres y que no han logrado incorporar ese noble ideal a la práctica política concreta de vastos sectores sociales. En quienes comprendieron que no hay país posible sin desarrollo y entienden la exigencia ineludible de la ética política y del método democrático. En quienes se desprendieron del viejo tronco radical en busca de marchas más veloces. En quienes procuran una vía efectiva para terminar con la injusta división del país entre un centro relativamente próspero y un interior relegado, acudiendo a mecanismos locales. En quienes fueron protagonistas de una experiencia histórica donde la justicia social conmovió como proyecto a nuestra sociedad y veían en la democracia su necesario sostén”. (2)
Esta convocatoria de Raúl Alfonsín en Parque Norte, tiene una vigencia similar a diciembre de 1985. Es que la democracia, como la palabra y la credibilidad en la política, se encuentra gravemente agraviada y amenazada.
Cuando la carencia de norte desde las dirigencias políticas es tan evidente, se hace necesario o quizás vital, volver a la palabra de los seres que narraron su historia con valentía y hechos concretos. Resulta una activa meditación frente a la complejidad de lo impredecible o incluso la oscuridad. Buscar en el árbol de nuestros maestros es un ejercicio sanador que nos ancla en la tierra amada, para ser Pachamama, Paz, No violencia, raíz, semilla.
Cuando la Democracia está en juego, la neutralidad, el blanco, no la sostiene. Sostener la democracia, quizás lo estamos aprendiendo, necesita gestos impensados de la dirigencia que tenemos, pero donde quienes son seres demócratas, deben reencontrarse, para esculpir esos comunes denominadores, ese gran Pacto que no se cierra en una noche trasnochada entre cuatro paredes, sino en la luminosidad, primero, de las asambleas o congresos sectoriales; en las multipartidarias alumbradas con el sol de la esperanza, de las utopías compartidas; las transiciones democráticas en paz que tanto necesitamos. Y decimos transiciones, porque son ellas, las democracias las que deben garantizar la reconstrucción de los caminos hacia sociedades sostenibles, de verdad y no en sus antípodas, entregarnos o rendirnos frente a esta enorme crisis ética, antrópica, climática, para ser el fundamento de los totalitarismos.
Referencias
1) http://efemeridesradicales.com.ar/Documentos/Documentos_0023.html





