Por José María Varangot (*)
Para entender los efectos prácticos que pudo haber provocado el reciente debate presidencial, debemos respondernos ¿cuáles eran los objetivos de los candidatos? ¿Lo lograron? Y, en ese caso, ¿a qué costo?
La opinión generalizada de gran parte de los medios, es que el ganador fue Sergio Massa, argumentando que manejó mejor lo tiempos, atacó a Milei quien sólo se defendía, utilizó chicanas, exigía respuestas terminantes como cuando repitió varias veces “por sí o por no…”, etc. En ese sentido, creo no equivocarme al pensar que el objetivo del candidato libertario fue mostrarse contenido, no exasperarse ni gritar, a efectos de contrarrestar la campaña que viene sufriendo, en la que lo califican de loco, inestable y dictador. Desde esa mirada sus objetivos fueron alcanzados, pues se mantuvo tranquilo y hasta sonriendo muchas veces. Ahora bien, desde lo técnico y económico, Milei no pudo lucirse, tal como había ocurrido otras veces. Estuvo a la defensiva si bien contestó todo, debió hacer mayor hincapié en el desastre de la economía administrada por Massa y su sociedad con el Kirchnerismo. Reitero, en función de los miedos que había con Milei, aprobó.
Por otro lado, el análisis de la participación del Ministro y aparente ganador, nos muestra una actitud más agresiva, exigiendo a su adversario, reiteradamente, respuestas por sí o por no, incluso sobre temas de índole personal, cómo es el caso del psico-técnico y su relación con una pasantía que no se le renovó a Milei en el Banco Central, siendo estudiante de Economía, hace ya muchos años o, también, cuando le echó en cara que su Padre tenía empresas y cuentas en el exterior. Los argentinos conocemos muy bien el uso indebido de “carpetazos” en campañas para desacreditar al adversario. El gran objetivo de Massa era demostrar que Milei, debido a su carácter y supuesta inestabilidad emocional, no está calificado para ser Presidente. Desde mi punto de vista no lo logró.
Ahora bien, si nos referimos a los costos de cada uno, observamos que, por parte de Milei, en su afán de presentarse potable y sin exabruptos, le faltó la chispa que lo caracteriza, no profundizó aspectos de nuestra economía como pobreza, inflación, corrupción generalizada cuya responsabilidad es del Gobierno al que pertenece Massa. Por el otro lado, el Ministro hizo alarde de su profesionalidad como político, con chicanas, cierta prepotencia en el tono de sus preguntas, siempre formal con muy poca espontaneidad, en suma, quiso presentarse como más previsible y conocedor. Creo que aquí radica la causa por la que saca ventaja, dado que es común en la política argentina, relacionar la dureza o los años en la Administración Pública como antecedente beneficioso en función de una eventual futura gestión. Sin embargo, hemos visto como Presidentes que hablan muy bien, muy terminantes en sus conceptos, que acostumbran a desacreditar a sus adversarios, han fracasado en sus gobiernos. Tales los casos de los últimos 16 años en los que el Kirchnerismo nos llevó a una situación de pobreza extrema, grieta, hasta ahora insalvable, corrupción a la vista y en carne viva. Cristina y Alberto no son los mejores precedentes para Massa, al contrario. Es por ello que él intenta despegarse, aunque sean lo mismo.
Queda entonces, tratar de interpretar el sentir de la gente y vislumbrar si el debate ha sido importante o definitorio de cara a las próximas elecciones. Al electorado que lo miró, tratando de esclarecer su posición, le hubiera gustado ver un ganador en función de un plan de gobierno innovador, de propuestas que nos deje ver un futuro promisorio, incluso hubiera sido bien recibida una cuota de autocrítica en relación al escenario de desastre presente. Lamentablemente, el supuesto ganador del debate, echó mano de chicanas sobre aspectos personales, negación de la realidad de los argentinos y una absoluta carencia de propuestas sobre temas fundamentales, como producción agropecuaria, Industria, altísima inflación y pobreza, falta de inversión privada desde hace 10 años, déficit fiscal vergonzante entre otros grandes problemas. A veces en Política, se gana perdiendo, es decir, se consigue un éxito circunstancial, pero a costa de mostrar nuestra peor cara, en éste caso la del cinismo político.
(*) José María Varangot es abogado, productor y dirigente agropecuario.





