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Votar con la nariz tapada

Por Juan Cruz Butvilofsky (*)

En sondeos públicos se detecta un alto porcentaje de incertidumbre respecto al balotaje del próximo domingo. Cuesta encontrar quien asuma públicamente su voto, a excepción de quienes están más convencidos en los extremos de la discusión. Da la sensación de que muchos votaremos con el temor de mandarnos una macana. Pocos son los que asumen con convicción su voto y muchos dicen para afuera no saber, pero en realidad esconden que no les enorgullece contar su elección. 

Sin embargo, somos bastantes los que hemos resuelto votar a un candidato que no imaginamos nunca hacerlo. Dejar de lado ese honor ideológico que nos mantiene puros y embarrarnos en una cancha ya demasiado embarrada. En otras palabras, votar a pesar del pasado, votar a pesar del votado, votar con la nariz tapada. 

En mi vida imaginé que iba a poner en la urna una boleta que tenga encabezando la lista a Sergio Massa. Sin dudas, ha sido uno de los dirigentes políticos que más critiqué como joven periodista y ciudadano de a pie. Sin embargo, el riesgo de lo que está en frente despejó mis dudas. 

Está claro que si analizamos el panorama económico pareciera ser taxativo respecto a la elección del domingo. Tiene cierta legitimidad esa idea de que estamos como estamos por culpa de la clase dirigente que no ha podido solucionar los problemas de la gente. Casi no se puede discutir eso. A modo de ejemplo: los salarios con Alberto Fernández han perdido, al menos, un 6% frente a la inflación; con Macri los asalariados perdimos más del 20%. 

Sin embargo, Javier Milei -como dice Serrat- juega con cosas que no tienen repuesto. Si lo miramos desde el punto de vista económico, no sólo el plan que propone Milei no tiene ninguna garantía de éxito sino que sus recetas, cuando fueron aplicadas, empeoraron siempre la situación. En nuestro país hay ejemplos hace poco tiempo de lo que pasa cuando se aplican las recetas que Milei pretende ejecutar con una mirada más extrema aún. 

Dolarizar no es la convertibilidad y ya conocemos la cantidad de muertos por hambre y represión que nos costó salir del plan de Domingo Cavallo. Sólo con mirar el ejemplo de Ecuador, el país más civilizado de los que dolarizaron y basta escuchar lo mucho que les cuesta salir y la soberanía que han perdido. 

Pero no se trata sólo de la economía y el plan de Milei de hace al menos dos siglos pasados. La democracia es el marco en el cual una sociedad va progresando, creciendo, avanzando. Se trata de un proceso difícil, complejo, de idas y vueltas. Un profesor al que quise mucho siempre dijo: "Para tu vida, 10 años es muchísimo. Para el país, 10 años no son nada". 

40 años llevamos de democracia ininterrumpida. Durante el Siglo XX, los militares y el círculo rojo decidían interrumpir gobiernos constitucionales cada vez que el rumbo económico era distinto al de sus intereses. Lo hicieron con Yrigoyen, lo hicieron con Perón. Fue a partir del 83, cuando el corajudo Raúl Alfonsín contó con el apoyo del pueblo argentino para juzgar en democracia a los principales responsables del genocidio y decir entre todxs Nunca Más. 

Ese es un límite que debemos defender. Dijimos Nunca Más. Sin embargo, Milei y su candidata a vice Villarruel no sólo relativizan el terror de la dictadura sino que dejan entrever un indulto a los asesinos más grandes de nuestra historia, a los cobardes que picaneaban con el secuestrado atado, a los que robaban bebés del vientre de su madre, a los que tiraban personas vivas al mar. Para Milei, el plan sistemático de exterminio fueron excesos y el confinamiento de la pandemia un delito de Lesa Humanidad. Vaya vara. 

La democracia hay que defenderla y se trata de hacer todo lo necesario para eso. No puede pesar más mi ego, ni mis críticas a Massa en todo este tiempo que me hacen caer en una inevitable contradicción con mis convicciones. Sin embargo, eso queda a un segundo plano cuando está en juego las libertades de pensamiento y los derechos humanos. No es más importante mi mirada que la preservación de la sociedad. 

Este debe ser el piso desde donde a partir del 11 de diciembre exigiremos a quien gobierne que cambie las cosas, que no repita el fracaso de estos últimos tiempos. Ese debe ser el piso, porque sino quienes exijamos corremos riesgos de sufrir la violencia de una persona que se muestra evidentemente intolerante, autoritario y como un gran desconocedor de la Constitución Nacional. 

Son varios los puntos que propone Milei de los cuales es muy dificil volver. Construir cuesta años, destruir tan sólo un decreto. Elijo otro ejemplo de sus propuestas: la eliminación de la coparticipación. La provincia logró recuperar parte del porcentaje histórico de lo que le corresponde por coparticipación. Lo hizo cuando Rogelio Frigerio era ministro del Interior y estableció un pacto fiscal en donde las provincias se comprometían a bajar impuestos y a cambio el Estado nacional le giraría más dinero. 

Cuando Milei habla de que la educación y la salud pública es responsabilidad de las provincias esconde que si el Estado nacional recorta coparticipación eso impactará directo en las escuelas y hospitales. Es decir, generará condiciones peores a las actuales para luego justificar su política privatizadora, una receta que deberíamos conocer los que tenemos más de 35 años en este país. En esto también debemos defender el piso: de acá para arriba y para adelante, no sirve de nada dinamitar lo poco que tenemos porque no pierde la casta, perdemos todos. 

Elijo otra que me interpela como dirigente deportivo: las Sociedades Anómimas para los clubes ¿saben lo que costaría volver marcha atrás con semejante barbaridad? Los clubes son de sus socios y el Estado debe acompañarlos para sostenerse y/o crecer. Lo que Milei describe como gasto, en realidad es una inversión en ocio, entretenimiento, encuentro y contención social.

Los clubes son los que están donde el Estado muchas veces no llega, son la tentación sana para los pibes del barrio que estan rodeados de tentaciones peligrosas. El deporte es ordenador, te impone límites, autoridad y te da lugar al talento y la creatividad. Te enseña lo que es trabajar en equipo y defender a un par. Además el club es tradición familiar, son historias de vida. Si todo eso se pierde en manos de la lógica mercantilista, los clubes dejarán de ser todo eso y pasarán a ser un equipo del querido videojuego PC Fútbol 6.0 en donde un empresario hará lo que tenga ganas con la pasión de los que hasta ese momento eramos socios. 

La motosierra de Milei no va a rasguñar siquiera un poquito a la casta empresarial, judicial ni política, va a lastimar al pueblo entero y la casta quedará vivita y coleando como en el 2001. Los muertos por la represión y la pobreza siempre los pone el pueblo, nunca los que toman las decisiones. 

Es por esto -y otros tantísimos motivos que decidí resumir- que el domingo haré algo que no pensaba hacer hace un par de meses. Es por todo esto que dejaré mi mirada individual, purista, conformista y votaré con la nariz tapada a Sergio Massa. 

(*) Periodista y dirigente deportivo

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