Por Néstor Banega (*)
Si se pierde el horizonte, ningún camino será seguro.
Hace tan solo un mes y días asumió la nueva administración del Estado Nacional. Parece más. Mucho más. No es fácil poner en contexto comentarios sobre lo que vemos, sentimos y aguantamos en ese tiempo. Son demasiadas acciones y está todo revuelto. No está bien. Las horas se vuelven eternas, los días parecen meses. Agobiados de incertidumbre. Las necesidades humanas básicas que eran demanda central a mediados de diciembre del año pasado continúan, aumentan y se profundizan. No se vislumbran soluciones, al contrario.
Ajuste infinito
Se hace eje en ajustes infinitos sin que aparezca absolutamente ni una medida para salvar la coyuntura. Se aplica una devaluación monstruosa que pulverizó el poder adquisitivo, llevando al salario al subsuelo. Esa determinación provocó de manera automática más inflación y aumento de la pobreza. Y vale repetirlo, sin ninguna medida destinada a atenuar las consecuencias de aquella decisión. Como si todo eso fuera poco, proponen volver a recortar salarios y ya anticipan una nueva devaluación para marzo o abril.
Quizá todo producto de la improvisación, de la falta de equipos para cubrir los cargos que demanda una administración nacional. Libremente tuvieron que recurrir a programas y personas que cargan en su derrotero político solo fracasos y un grado de resentimiento interesante.
Desconcierto
La posibilidad de entender lo que pasa aquí y ahora se nos escurre como agua entre los dedos. Solo tenemos por seguro este presente ruinoso con claros responsables.
Asistimos, entre perplejos y descreídos, a reuniones maratónicas en el Congreso Nacional y que, lamentable, no ayudan con esclarecimiento, en una coyuntura en la que el Pueblo quiere saber de qué se trata y los cabildeos solo alargan las esperas.
En un atajo desgraciado de la política, la confusión se alimenta en una guerra de egos. Pura pellejería de chiquilines chinchudos que nos deja sin horizonte. Aparece, solemne y cruel, el desamparo.
La amenaza como herramienta
Como si todo esto fuera poco, los principales responsables de los destinos de la administración (especialmente el presidente de la Nación, Javier Gerardo Milei), en lugar de buscar el auxilio de la sabiduría para llevar certezas y tranquilidad a una sociedad cansada, ocupan su tiempo en el ejercicio explícito de la amenaza en todas sus formas. Lamentable.
Eso nos lleva a pensar que solo está asegurado el desacuerdo, la incomprensión y el desasosiego social en la vida diaria. Disenso y grieta.
En lugar de recurrir al auxilio de la antropología social (María Carman estuvo en una reunión de Gabinete en Olivos), debería orientar sus esfuerzos a la búsqueda de equilibrios interiores. Sin prudencia en el accionar, el poder se convierte en una herramienta destructiva.
Es importante, sin lugar a dudas, tener presencia en Davos, pero en orden a las necesidades concretas de la ciudadanía es mucho más importante terminar con los enfrentamientos inútiles.
Cuando el poder alimenta peleas estériles, las derrotas son de los que observan sin poder intervenir.
Se está poniendo fea la realidad. Es necesario decir, respetuosamente, aquello que se observa porque parece que vamos demasiado rápido hacia lo distópico.
Los que están caídos del mapa desde hace rato no van entender eso de esperar 15, 35 o más años para ver los resultados de las acciones que se autoperciben brillantes. Ridículo.
Fragmentación
Desde hace tiempo la comunicación política está siendo sacudida. Hemos escrito en la Revista ANALISIS y en ANALISIS DIGITAL sobre el tema. Las redes no lo son todo. Además, son un sistema que (descontrolado) ayuda a aumentar la fragmentación y, como si fuera poco, la desinformación.
Por eso decimos, reiteramos, remarcamos que el Pueblo quiere, querría, desea, saber de qué se trata.
La radicalización del discurso del presidente de un club de barrio, seguramente desatará tensiones en la institución. Los socios deberán aplicar los alcances estatutarios para evitar problemas en competencias deportivas o en las actividades institucionales.
La diatriba extremista en un mandatario nacional es más compleja. Más riesgosa. No solo agrieta. Corroe, rompe cimientos.
Angustias
La angustia, al menos por estos pagos, es inflacionaria. No se detiene y pone en tensión todos los estados de ánimo imaginables. Hay que hacer frente a los aumentos indiscriminados, que comenzaron su carrera alocada cuando se decidió una devaluación feroz.
El informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestra una variación mensual en el índice de precios al consumidor (IPC) del 25,5 por ciento tan solo en el mes de diciembre y la sensación es que no ha parado.
Angustia es sufrimiento mental, tristeza, miedo irracional y desesperación. Es ese nudo en el estómago o la sequedad de garganta después de tragar saliva varias veces en la recorrida por un supermercado.
No le escapemos a la taquicardia, pero eso sí, no olvidar los remedios caseros, porque los costos de la salud, por obra y gracia de las decisiones del Estado Nacional, se dispararon a las nubes. O más allá. Alerta efectores públicos de salud.
Más allá de todo, reflexionemos. Pero a oscuras, así ahorramos energía eléctrica y a controlar el consumo de las hornallas que serán más caras mes a mes. Quién sabe si los ingresos personales (salario) irán aumentando su poder adquisitivo mes a mes, en los próximos 35 años.
Un país para poquísimos
Se añora un país donde en el territorio solo había dos millones y medio de habitantes hacia 1880 y en 1914 siete millones novecientos mil, de los cuales más de 2,3 millones eran extranjeros. Deberían tener en cuenta que hoy, la realidad es otra.
Habría que dilucidar exactamente que visión tiene el presidente y sus colaboradores en relación a esos momentos que nombran en tono nostálgico. Son interesantes las miradas que de ese tiempo hicieron José Hernández, Bialet Massé u Osvaldo Bayer. Sería bueno saber qué pirámide social sueñan algunos mirando ese pasado que pintan floreciente y glorioso.
Podemos arriesgar que sueñan un país para poquísimos. Para un puñado.
Los argentinos de bien
La grieta de moda. Nos preguntamos, quienes son exactamente los argentinos de bien. Fuera de ese grupo al que gusta hacer referencia el presidente de la Nación en sus discursos, quedaron los ambientalistas. No son argentinos de bien quienes se preocupan por evitar desmontes ante el calentamiento global, o los sensibiliza la posibilidad que la minería extractivista pueda contaminar glaciares.
No son argentinos de bien los farmacéuticos, ni los productores de yerba mate. No son argentinos de bien quienes invirtieron en agencias de viajes. Osados mercaderes del ocio.
No son argentinos de bien trabajadores que sienten vulnerados sus derechos. No lo son aquellos provincianos que consideran que los recursos naturales (litio, agua dulce) son de las provincias.
Los caniles y las tortas
Poco más de un mes desde la asunción con discurso de espaldas al Congreso (https://www.analisisdigital.com.ar/opinion/2023/12/08/no-se-puede-gober…). Pasó de todo y seguirá pasando.
Lo real y concreto es que la sociedad sigue en tensión, se profundizan las grietas. Se destruyó el salario, no se respeta a las provincias y las medidas tomadas aumentaron exponencialmente la pobreza. Detalles. Los vulnerados son más. Otro detalle.
Solo unos pocos gozan de alguna tranquilidad y dedican parte de su tiempo a la construcción de caniles (digresión: está muy bien ser tenedor responsable de mascotas) del primer mundo. Les va bien y abandonan empleos en empresas o emprendimientos de venta de tortas, porque consiguieron un mejor empleo con la casta.
(*) Especial para ANALISIS





