Por Hugo Remedi
(de ANALISIS)
“Mientras nos peleábamos entre halcones y palomas, vino el pájaro loco y nos cagó la jaula”, sentenció desde el mayor sarcasmo cordobés, lo que asumido como precepto irrespetuosamente emblemático, oficia como una sentencia casi indiscutible para la escudería de Juntos para el Cambio. Pero el gran tema que ilustró de este modo irónico el inefable Luis Juez no terminó solo con liquidar el optimismo líquido de los amontonados en la candidatura que llevó como candidata a presidente a Patricia Bullrich: el grave problema es que liquidar a sus rivales electorales no se agotó en el balotaje sino que se profundizó luego, y hoy el país está al borde de implosionar.
El pájaro de Juez, aterrizó con ideas no tan novedosas pero reactualizadas a mano de un país que tiene profundos temas pendientes como la educación, la salud, la corrupción que no hacen más que tener la olla a presión con todos los ingredientes adentro a punto de estallarla.
Enfrente, a 50 días de asumir el nuevo presidente, muchos de los propietarios de los errores históricos que llevaron a este país a detonarlo a patadas, hoy, descaradamente, ya comenzaron a madurar un golpe de Estado, que por ahora, intentan escalarlo de modo virtual.
El odio con el que la sociedad de este país debate su proyecto hacia adelante, sino gira su esencia en 180 grados, es conmovedoramente una segura promesa de ríos de lágrimas.
Pero nadie pone la cara para tamaña deflagración institucional, si apenas, los esbirros baratos que con un lugarcito público miserable se pretenden emerger como los limpiadores morales montados sobre una situación que se está volviendo caótica. Existen de hecho, algunas excepciones que aún intentan mantener algo de la reserva moral que esta sociedad va rifando día a día.
A horas, está la Argentina en manos del congreso nacional de debatir, ideas, leyes, medidas que pueden ir delineando un país que finalmente, por ahora se esconde rigurosamente en la confrontación de batallas campales y evita ceder sus intereses al consenso al tener planteado a ese objetivo como sinónimo de debilidad.
Cada bando muestra sus dientes con sus perros de ocasión.
Paradójicamente, dos “grandes” argumentos, se ponen a voluntad de una sociedad anestesiada como argumento defensivo proveniente del ejército de salvación de Milei: primero, contrastar con lo anterior que fue horrible y segundo que lleva pocos días de gobierno.
Lo primero ya se sabía, pero lo segundo es un antojo que como criterio traducido en política podría ser monumentalmente nocivo, por que, para hacer daño o se necesita una maduración gradual de daños sistemáticos o la bomba atómica. En este caso, el presidente no disimuló, jugó con armamento pesado y cuando lo chicanean redobla la apuesta con pocos modales.
Ahora, desde la próximas horas nos someteremos como sociedad desencajada al deschave universal e intelectual de los legisladores que llegan al debate para mostrarse en grandes ligas en medio de controversias y acuerdos que ya están tejidos de antemano. Todo, entre, leales, traidores, oportunistas, y soldados de los gobernadores que si no consiguen una buena sonrisa presidencial, el futuro se les volverá demasiado oscuro.
Por ahora el primer aviso de crisis terminal y orfandad con el gobierno nacional es el poder político a cargo del gobierno de La Rioja, que ya prometió parir un bono, o cuasi moneda. Es decir, lo mismo que recordar que estamos regresando a casi 30 años atrás cuando la economía de este país se pintó de papelitos de colores, en Entre Rìos llamados bono Federal, con una montaña de daños a cuestas.
Por ahora, tenemos a un presidente disociado de las reglas políticas reales como para convivir en acuerdos y disidencia y por otro lado Cero oposición.
Los radicales que festejaban a cuenta en la última elección, pasaron a cuarto intermedio una vez más, no obstante cosecharon algunas gobernaciones e intendencias pero que indefectiblemente iran dependiendo de la buena voluntad del presidente que paradójicamente los vive vapuleando. El peronismo no tiene referente y sin caudillo de ocasión la militancia pejotista no funciona. Sergio Massa, anunció su jubilación, ahora se arrepintió y pretende su regreso pero en mejor ocasión. Y Cristina hace culto de su nueva vida, lejos del incendio y reformulando el futuro, como dudar.
La ley ómnibus hizo dos cosas: primero un kilombo fantástico que va y viene a tono con amenazas y presiones y puso a todos los grandes temas del país, (en general desconocidos para el gran ojo nacional) a la vista del universo y ello también pisó callos, emblemas de una vieja construcción de templos de ilegalidades que siguen viviendo a la sombra que les permite desguazar derechos que “regula el mercado” y siempre deja afuera, obviamente, a una tribuna social que se desgrana social, económicamente y moralmente.
Para algunos plata, poder y, más plata y más poder; para el resto las jaulas de la marginalidad… con puertas abiertas.
Lo curioso es que en el análisis hipócrita, el sistema político o sus inquilinos se sientan ofendidos cuando se habla de corrupción. Y que no tengan pudor para poner la cara chorreando desvergüenza.
Quién y con qué autoridad moral, puede alguien de estos aguiluchos autores de corrientes decisiones sucesivas de años, objetar políticas que tengan que ver con los jubilados... nadie, decididamente nadie: sólo los caretas y los avenidos a la crítica oportunista.
Si esta epopeya que viene a debate, no da soluciones, con gente enajenada y enojada al frente, se desplomará la decepción que puede llevar la nueva disputa a la calle con lo que ello implica. Y, las heridas que pudiesen quedar, no serán fáciles de cauterizar.
La sociedad ya no cree en nada, sin embargo no parece ser una pregunta de interés y necesaria de profundizar sobre su causa.
Si de esta no salimos por la puerta grande, algo grave puede ocurrir.





