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Gobernadores sin dormir

Por Hugo Remedi - De ANÁLISIS

Si mucho más enojado que preocupado se mostró el presidente Milei, y seguramente preparando la venganza a la traición que a su decir le hicieron en la Cámara de Diputados de la Nación al tumbar la ley ómnibus, bastante más aterrorizados estarán los gobernadores de las provincias argentinas con este desenlace inesperado, amenazados por las primeras reacciones del gobierno libertario que ya anunció ajustes catastróficos. Desde el carácter volcánico que caracteriza al actual presidente de la Nación, poco se puede esperar de maduración sensata de la situación o alguna ligera decisión de volver de su gira con la mano abierta para reiniciar cualquier tipo de diálogo. Que una ley (o proyecto en realidad) de esta envergadura, tan disputada afuera y adentro del recinto vuelva a comisión es lo mismo que decir que se cayó del todo. Podrá el gobierno ir por otro lado, insistir con algo parecido seguro que no. Y es desde allí donde se van a empezar a sufrir las consecuencias. Y el desconcierto invadirá indefectiblemente el tejido social. La gente se viene bancando el ajuste en llaga viva con la expectativa de que a partir de esta ley fundacional ,dirían los libertarios, la desolación fuese mutando por esperanza.

No será así.

La desvergüenza política poco margen tiene ya para salir adelante mientras sus representantes conviertan al congreso en un chiquero de negociados y traiciones.

Difícil entender lo que sucedió, en otro contexto que no sea espurio: en el tratamiento de una ley entonces que, es aprobada en general y a los cuatro días, es rechazada por una suma de votos que incluye en su nuevo poroteo a los borocotó del plan original.

Los oficialistas, crudos en la pedana de la política real, se durmieron con el yacaré y terminaron siendo cartera.

Uno de los primeros disparadores sería dejar planteado a futuro -con un sistema presidencialista tan verticalizado- sobre quién manda o conduce este país. El presidente va a arremeter contra lo que calificó de traidores, y todo ello va a decantar en mayor enfrentamiento y en consecuencia mayor aislamiento. Unidireccional y con diálogo cero.

Las antípodas que se barajan como especulaciones son ambas absolutamente impensadas, y temiblemente antidemocráticas: un golpe de Estado o disolver el congreso.

El país está en ruinas y salido de cauce.

El poco entusiasmo que le queda a los legisladores del oficialismo es, regresado el proyecto a comisión, comenzar tratarlo nuevamente desde el punto cero. Es decir repetir la peregrinación que recorrió esta iniciativa con todas las complejidades conocidas en el debate parlamentario y la guerra en las calles.

¿Se aguanta esta sociedad, una nueva versión de este culebrón? ¿Y con quien va a acordar o dialogar el oficialismo? Será posible avanzar con los que hoy se los denominó traidores a la patria, o con radicales ofensivamente maltratados.

El gobierno tiene la legitimidad de los votos, pero pasó a ser minoría en un zarpazo que huele a transpiración de los que todavía no quieren entender que hoy no son la opción posible.

Mientras tanto la vida sigue, y en Argentina cada vez es más imposible transitarla.

Por cierto, que detrás de todo este conventillo hay manos negras y conocidas seguro.

Pero, además del cotillón conocido ya, viene reflexión pensar en lo que va a suceder desde los próximos momentos como hechos gravitantes. Las provincias -salvo excepciones- agonizan y si la aplicación entre el presidente y los gobernadores no empieza a funcionar rápidamente la calle va a empezar a tomar temperatura. No hay espacios para más ajustes si no se pone blanco sobre negro.

Las provincias dependen inexorablemente de la Nación y sino aparece la plata van a terminar siendo verdulerías de barrio viviendo al fiado y del mismo modo la gente.

Obviamente que por lo que pasó en el Congreso seguramente habrá provincias más castigadas que otras. Por caso la nuestra, tiene a favor que para la aprobación de la ley en general aportó los cinco votos que responden al gobernador Frigerio y eso, quizás, sea una noticia no tan mala.

El otro gran tema es si Milei no rompe el frente interno, provoca renuncias y convoca a funcionarios más proclives a endurecer la batalla cultural contra todo el mal que él sintetiza en el kirchnerismo.

Y al resto que lo discute lo desprecia de modo visceral, pero hoy colorados y azules se la cobraron con la misma estrofa.

Por lo pronto los gobernadores en general no se expresaron mientras preparan medidas de emergencia para contener lo que se supone la política de pozo seco que va a implementar Milei.

La cuestión es que mientras la clase política dilapida cuchillazos a mansalva, los castigos del infierno siguen incendiando a la gente común.

El problema es que si el fuego se propaga, poco o nada va a quedar en pie. Y con la historia de este país, nada está tan lejos de alguna aventura que vaya engendrando ideas mesiánicas fuera del paraguas institucional.

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