Por Hugo Remedi
(Especial para ANALISIS)
La cara de amarga sorpresa que tenía el diputado nacional peronista Gustavo Bordet, cuando enfrentó a los periodistas a la salida de la ceremonia donde el actual gobernador Rogelio Frigerio brindó su informe frente a la asamblea legislativa fue evidentemente monumental: señal entonces de que la convivencia política expresa o implícitamente había detonado en tan solo algunos minutos de lectura.
Los momentos de transición armoniosa que mostraron uno y otro desde el período que fue desde que se llevaron adelante las elecciones hasta que Frigerio asumió en diciembre anterior, constituyeron un destello de madurez que feneció en minutos.
Del discurso se desprende que la realidad superó las expectativas de la actual gestión de gobierno y en consecuencia ante el poco tiempo de gestión que le impide naturalmente mostrar demasiada construcción propia, apeló a las enseñanzas específicas del manual: la herencia y el latiguillo de Javier Milei, del "no hay plata".
Y aprendió del error. No iba entonces por caso repetir, lo que durante años atrás le reclamaron a Mauricio Macri cuando asumió como presidente de los argentinos en 2015 y no aclaró la verdadera dimensión de lo que había recibido como herencia.
Frigerio, mejor alumno, sí lo hizo y no ahorró calificativos para humillar la gestión de Bordet. ¿Todo es verdad lo que denunció? Ese no es el eje por lo pronto. La necesidad tiene cara de hereje y ante la poca actividad que ha desplegado este gobierno le permite ganar tiempo y, por otro lado, restarle valor a la crítica opositora que se viene.
Frigerio se mostró enérgico y decidido en su discurso, plantado en mostrar firmeza en las decisiones que se vienen, con disparadores que supo interpretar desde el sentir de la gente pero que por ahora solo es de carácter distractivo.
Sin embargo, la firmeza del discurso ante los entrerrianos no parece aún tener su correlato frente a las locuras nacionales que van poniendo en jaque a las provincias.
Bordet, absolutamente sorprendido, tal lo señaló él mismo incluso, y con el rostro enrojecido, delatando un clato malestar interior por todo lo que había dicho Frigerio de sus dos gestiones al frente de la provincia, no esperaba (a la vista quedó) semejante y despiadado desplante.
Ahora, el peronismo provincial, tiene menguada la opción de la crítica ante la opinión pública, hasta fabricar los anticuerpos que le permiten superar las acusaciones oficialistas y entonces analizar una buena defensa para llevar a la disputa en el estrado.
Todos, o muchos estaban dormitando o de vacaciones o esperando la movida de Frigerio. Pero ninguno se imaginó semejante embate. De la entraña del discurso, se desprendió corrupción, desidia, uso indebido de las cosas del Estado, falta de proyección política, deudas impagables y varios etcéteras tanto haya sucedido en el ámbito del ejecutivo como en el legislativo.
El hacedor del discurso apuntó, ciertamente, a cerrar todos los poros de las gestiones anteriores para que perforarlos con respuestas tenga su costo en tiempo y calidad opositora… El peinado que hizo Frigerio de las gestiones anteriores fue minuciosamente calculado.
No obstante y, a riesgo de no caer en vandalismo acusatorio, la actual gestión (o la justicia) deberá comenzar a poner blanco sobre negro, para no caer en el vale todo y así, lo que esté mal o sus consecuencias se paguen, sea quien sea.
Bordet, tras 8 años de “fraternal” convivencia al frente de la primera magistratura provincial, con una oposición simpática y afable jamás habrá pensado, que rayos y centellas iban a caer sobre su gestión algún día de este modo. Pues bien, cayó, y Frigerio lo hizo desde las fuerzas del cielo quizás.
A Milei como al oficialismo vernáculo los une la misma pasión, exterminar al kirchnerismo.
Bordet, evidentemente esperaba un mejor tratamiento de Frigerio, pero, a la vuelta de la esquina, lo asolaron con denuncias por ahora públicas y si había algo que armonizaba la convivencia, acaba de derrumbarse.
Ahora, se viene la guerra fría.





