Por Carmen Ubeda (*)
Javier Milei es, sin lugar a dudas, el emergente de un proceso, pero al mismo tiempo el que marcará el siguiente. Periodistas, políticos, analistas, consultores evitan definir con contundencia los rasgos de una personalidad que para nosotros está siendo determinante. Estos casi cien días de gracia que convencionalmente se le da a cualquiera que comienza una gestión, tendrían otra impronta si otro fuera el actor. Se insiste: las acciones de los hombres construyen procesos, aunque se acepte que los aires de época también influyan en sus personalidades. El caso de Milei supera la ficción, más que surrealista, encabezaría un elenco del teatro del absurdo o de la ciencia ficción. Tampoco se descartan los personajes crueles de la literatura infantil consumida por adultos. El primer mandatario es si no el mejor, uno de ellos. Sin esfuerzo, se puede asemejar al construido por Miguel Ángel Asturias en “El Señor Presidente” que con más perfección construyó la figura de un dictador latinoamericano del siglo XX (no es exactamente el caso, pero sí el comportamiento). En tanto, Kosinski armó un raro ser que devendría en presidente sin siquiera saberlo, El Gardiner de “Desde el jardín”. ¿Por qué hemos tomado estos dos personajes antitéticos del siglo XX para utilizarlos en una analogía referida ya a un siglo XXI con un cuarto ya transcurrido? Justamente porque parece que las apariciones actuales de Javier Milei son la síntesis de ellos. Desmesura, delirio, egocentrismo, perversidad e ingenuidad, ignorancia, despersonalización, sin sentidos, aunados parecen reproducir un holograma llamado Javier Milei. Los datos esgrimidos son escasos para asegurar que estamos en presencia de un cuadro de insanía, de ribetes esquizoides, maníacos, de una estructura síquica más que confusa para el grueso que no formamos parte de los especialistas. Sin embargo, lo obvio y lo evidente no necesitan demostración ni tienen que ser discutidos. Quizás ya sea tarde para preguntarse reflexivamente quién es Milei y qué está haciendo, cuáles son sus pensamientos verdaderos o actitudes definitivas frente a algo a alguien. ¿Alguien podrá negar un discurso que dice y se desdice al mismo tiempo, abundante en aporías?, sin profundizar demasiado. Su obstinación más de tono que de sentido, pueden insinuar a dónde quiere llegar, pero ese destino no es precisamente una patria refundada como finge en sus últimos dichos. Milei es un vacilante hombre hecho por un joven arquero, el integrante de una banda “rolinga”, un desbordado vividor que de pronto descubre el sexo tántrico, un paria contenido por una hermana en función de madre o a la que él transforma disfóricamente en jefe.
¿“No la ven” o no la ve?
Su reiterada expresión “no la ven” es la proyección de “no la veo”. Ese es el presidente de los argentinos hoy al que metafóricamente identificaríamos con el shakesperiano Ricardo III, matador de niños y a la vez con el imbécil Luis XIV, débil y dominado. Abrumaría al lector la larga lista de ejemplos disponibles para refrendar esta afirmación. Se los puede detectar en las pantallas de la TV, de los celulares, en los likes, en las declaraciones o señalamientos tan relacionados con un mundo prostibulario y miserable. Sólo basta con hacer un breve repertorio de los sustantivos que usa: mierdas, mugres, ratas, soretes, excrementos, inmundicias... O los adjetivos: sucios, inmundos, degenerados, despreciables. O los verbos: pulverizar, eliminar, destruir, reventar, linchar, escupir, mear, cagar… hay una simétrica asociación entre lo cloacal y los bajos instintos humanos expresados en un lenguaje brutalmente escatológico. Un mundo de palabras que se multiplica por medios convencionales y de los otros y van siendo incorporados y aceptados como normales. Más allá del ultraje alevoso al idioma que se estrecha día a día imposibilitando nuevos pensamientos, esta práctica hasta festejada mina la cabeza de nuestros niños, adolescentes y jóvenes impidiéndoles construcciones de sentido, organización de ideas y pensamientos creativos que puedan conducirlos a otras acciones. El lenguaje inclusivo que daría lugar a otro análisis fue rechazado y deplorado por medio país. ¿Éste no es tanto o más corrosivo que aquel? Se olvidan nuestros representantes, docentes o nuestra “inteligencia” nacional que el lenguaje es una institución base de civilización y que con ella también debe mantenerse cierta obediencia solemne que indica un respeto incondicional a la ley, a la norma sin la cual no hay contrato social. Esta vez ese desconocimiento no viene de los suburbios de la vulgaridad y el desenfado procaz sino del mismísimo primer mandatario. ¿Será esa la razón por la que prácticamente no se nombra a la educación ni en discursos, ni en los mandamientos del nuevo Mayo ni en boca de los gobernadores, a no ser por la escasa mención del incentivo docente que no recibirán las provincias. Algunos trasnochados injertan en sus discursos la necesidad de una educación de calidad poniendo todo el peso de los vergonzosos resultados en la escasez de saberes sobre los hombros de los docentes. Una educación de calidad básicamente se apoya en el presupuesto adecuado, en la capacitación y la evaluación continua del docente y en espacios dignos de aprendizaje. De nada de esto se habla si ni siquiera hay un presupuesto presentado al Congreso. Contagiada por la vulgaridad ambiente diría que estamos viviendo en un país de “morondanga”, sobre todo, por sus habitantes que claman por ser conducidos sin saberlo.
El hombre es el proceso
Visto así ¿importa la locura del hombre o sus acciones? ¿O son éstas resultado de su locura? La respuesta es sumamente difícil porque la historia también cuenta con otros locos que han sido padres de maravillosas transformaciones. Este hombre viene a cambiar, a provocar un intempestivo cambio cultural. La pregunta es si el cambio vale en sí mismo o, en todo caso, qué hay que mirar para detectar ese cambio cultural. Con ironías se nos ocurre pensar en las mesas financieras del interminable juego seudomonetarista donde el valor de uso ha sido completamente sustituido por el valor de cambio y, en otro orden, vulgarmente en las planillas de Excel. Es un cambio sin personas. Todo ocurre y transcurre en las fórmulas exóticas que juegan en la cabeza del presidente y sus adláteres.
País, nación, república, ciudadano son entelequias. La única difusa mención a personas es la de “la gente de bien”. Frente a sus contradicciones, vacilaciones, ambigüedades, vueltas atrás, aunque no lo acepte, políticos de la amplia y variopinta oposición reclaman que reconozca haberse equivocado. Resulta inadmisible que teniéndolo tan cerca no lo hayan analizado. Que Milei confiese que se ha equivocado, nunca llegará. Él es consciente de sus juegos semánticos, pero está obsesivamente aferrado a lo que cree sus convicciones. Son los objetivos ficticios de un neurótico “border”. Nunca llegará una aceptación del cambio ni un diálogo sostenido como tal porque claramente confiesa no tener un plan B y sí las instituciones de la República le impiden concretar sus objetivos recurrirá a otros dispositivos propios de la autocracia. Javier Milei como una gran mayoría de argentinos no es ni republicano ni democrático, en su caso, sólo basta con averiguar los axiomas del anarcocapitalismo y en el caso de los argentinos hurgar un poquito en la historia. Esto no los libera a unos y a otro de insostenibles contradicciones. Al mismo tiempo que desprecia al Estado al extremo de extirparlo y al Parlamento (aunque excluye con perspicacia a la Justicia), el punto de partida de sus acciones son los mismos espacios republicanos de los que él descree y a los que usa con descaro. Otra vez, sería muy fácil decir “Milei está loco” pero esa no es una condición que lo justifique, podría igualmente ser un magnífico presidente. El máximo e irreversible problema es la confusión, difusión y multiplicación de la locura que siembra en por lo menos, muy por lo menos, dos tercios de los argentinos. Los politólogos, desconcertados: sin estado, no hay sociedad y sin representantes, no hay leyes. Basado en qué extraño darwinismo este hombre quiere “refundar una Nación en la que tampoco cree”. ¿Habrá que volver al estado de naturaleza donde la jungla se ordene con el león? Es azaroso prever la conducta de la jungla, sus acciones y sus tiempos. Tiene el beneficio de contar con tres generaciones domesticadas. Sería inútil, ocioso recordar a sus domadores.
Hay que aceptar que los astros alineados, los signos complementarios y el tarot de Karina ubicaron bien su momento. Es irreemplazable la presencia de un Estado elefantiásico, de un parlamento advenedizo y de una Justicia disminuida. Todo envuelto por el aura oscura de la corrupción. Un anillo para el dedo del eterno célibe.
Placer sobre realidad
La adultez se caracteriza por la distinción entre el principio de placer y el principio de realidad. Cuando se arriba a ella sin diferenciarlo, hay un problema. La caída de la Ley Ómnibus fue tomada por su afiebrada fantasía como acto que ponía en ventaja al Ejecutivo. Un niño que pasa el día en la Ciudad de los Niños de Miramar sabría que en un caso así el Ejecutivo está perdiendo. De la Ley Ómnibus quedó un raquítico carro que también se empantanó y los necios integrantes de su bancada creyeron, encabezados por el presidente, que podrían volver a retomarla en los términos que había quedado. El desconocimiento constitucional de este “grupo de lectura” y de trasnoches en la cocina que es La Libertad Avanza provoca asombro en los conocedores, confusión en los ignorantes y excitación en los seguidores miopes. No se puede volver al punto donde se la dejó a la Ley Ómnibus, sólo empezar de cero. Él también lo desconocía, pero al saberlo dijo que apelaría a cualquier otro recurso, dando a entender en un marco de autocracia: DNU, plebiscito…
La farsa continúa con los diez “mandamientos” que invita a tratar con los gobernadores en mayo, en Córdoba. No están contemplados allí los puntos neurálgicos que padecen las provincias. Para condecir con la jerga que hoy gustan usar los políticos jóvenes (¡todos cincuentones!), los músculos que apuntalarán la fuerza de las provincias y el país, los “mandamientos” son tan esmirriados que no llegan ni a una vieja radiografía del cuadro asociado a la educación y a la salud. Los gobernadores, adalides de la Nación, ¿están advertidos de este nuevo juego? Se ven tan temerosos y con extrema cautela que no alcanzan a desarrollar un frente capaz de oponerse a la manipulación inédita de este hombre y a sus criminales consecuencias. La pregunta es ¿la cautela responde al cuidado de la gobernabilidad debilitada por el mismo Ejecutivo? ¿Están cuidando el avance de una crisis mayor que quizás ellos mismos y sus representantes no sepan resolver? ¿No es acaso momento de recurrir al otro poder de la República con todo vigor? El mayor recelo de un ciudadano advertido sería la sospecha de que también los gobernadores estén cuidando sus más estrechos intereses, su futuro de casta más allá de los intereses de los pueblos a los que representan (siempre con excepciones). Precipitados acontecimientos en la mayoría de los casos operaciones, sacaron de foco lo que verdaderamente ocurría para la mirada del ciudadano común. Precipitados acontecimientos que ocurren más en X que en la realidad palpable de los argentinos. Régimen bajo el que gobierna Javier Milei. Y cuando ya parece que a la “Libertad Retrocede” no le quedan trucos de magia ni invento de mercados ni malas conductas de los antecesores, arde Rosario. ¿Arde Rosario? ¿No arde el AMBA diez veces más? No es una cuestión que se plantee como la competencia de quién arde más, pero estos desgraciados hechos ocurridos en una de nuestras ciudades más ricas y hermosas, puntualmente los asesinatos brutales, le vinieron como anillo al dedo a este verdadero engendro del mal, el Presidente, desgraciadamente votado por un pueblo ignorante.
Versiones tenebrosas
Los hechos son indiscutibles, el circo romano que montó la Ministra desplegando todas las fuerzas de la Nación, porque parece que Argentina está en guerra contra Rosario, es de una insólita vileza. El Presidente sin dudas lo ve así, ya que ha mandado a combatir al terrorismo narco-socialista y asegura que va a vencer al trapo rojo. ¿Hasta cuándo toleraremos los santafesinos que un enfermo o vulgarmente “loco malo” destrate y ofenda hasta el tuétano a espacios políticos de digno desempeña, tengamos o no críticas para con ellos? Además, esos calificativos nos incluyen a todos los ciudadanos de la provincia. Es hora de que Pullaro, su gabinete, los representantes parlamentarios y hasta el Poder Judicial conducido por un santafesino recrudezcan sus posturas.
Como se dijo antes, esa locura no invalida desempeños brillantes (hay montañas de ellos). Es la ignorancia de este devenido en erudito de entrecasa al desconocer absolutamente un reordenamiento geopolítico que se ha dado y se está dando en el mundo. Sin duda, las operaciones de todo tipo que están montando oficial de magníficas maniobras distractivas. Mientras nos cubra ese velo, el autócrata hace lo que quiere con números, decretos, gabinete y fábulas.
En lugares ciertamente muy recoletos del círculo rojo rosarino (según versiones de fuentes más que creíbles porque integran ese mismo círculo), los trascendidos resultan temerarios solo de pensarlos. Las operaciones están basadas en hechos provocados (entienda el lector lo que le dicte su criterio). Los asesinatos son absolutamente reales, no así la procedencia de sus mentores. La situación carcelaria, la proliferación de bunkers, el narcomenudeo, la extensión de la territorialidad cubierta por el narcotráfico, son verdades incuestionables. Sin embargo, hasta los últimos acontecimientos que se llevaron las vidas de colectiveros, taxitas y el chico playero, las muertes provenían precisamente de la guerra entre bandas o de daños colaterales. Estas últimas, son indiscriminadas contra inocentes sin ninguna participación. Actos gratuitos que recuerdan a “El extranjero” de Albert Camus. No obstante, las fuentes aseguran que fueron pensadas para crear esa impresión y hay otros datos que correspondería ser materia de periodistas directamente dedicados a la investigación. Lo cierto es que el desembarco del Ministerio de seguridad en las costas de nuestro Paraná tuvo el hálito de un estado de guerra. En la conferencia de prensa, la Ministra se encargó de mencionar todas las fuerzas que actuarían en una sitiada Rosario, pero, observe el lector la poca mención que se hizo a los trabajos de inteligencia criminal requeridos en causas como ésta. Es fácil colegir que una correspondiente y profunda investigación de la inteligencia criminal puede llevar rápidamente a los actores intelectuales de los hechos como prometió Pullaro. El pueblo informado de Rosario conoce la participación de importantes actores de esa y otras sociedades del país y del mundo (también la casta, como es de suponer).
En este artículo nos hemos esforzado por ser lo más veraces y respetuosos posibles. Los epítetos atribuidos al Presidente son exactamente lo que ellos significan en la gramática castellana: adjetivos que hacen a la naturaleza misma de la cosa y de la persona y se han tomado de las definiciones de los numerosos especialistas psicólogos y psiquiatras que por estos días no se privan de señalar alguna patología de la que adolezca el Presidente.
(*) Especial para ANÁLISIS





