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Una Selección que vuelve a hacer cantar el Himno

La Selección canta el Himno Nacional Argentino con fervor antes de cada partido.

Hay una imagen que se repite en cada partido de la Selección Argentina en este Mundial y que, al menos a mí, me conmueve. Son los jugadores cantando el Himno. Lo hacen con ganas, abrazados, sintiendo cada palabra. Y cada vez que veo esa escena, inevitablemente vuelvo a mis años de secundaria en la Escuela Normal.

Recuerdo aquellas mañanas en las que, antes de entrar al aula, sonaban las estrofas de Aurora desde un viejo tocadiscos mientras se izaba la bandera en el patio. Y recuerdo también al profesor de Historia, Juan Vilar. Entraba al aula con gesto serio, con una mezcla de enojo y decepción, y nos decía que parecíamos un pueblo que venía de la guerra. Lo decía porque nadie cantaba. Nosotros, adolescentes al fin, apenas movíamos los labios. Los que cantábamos, lo hacíamos casi en secreto y otros simplemente esperaban que terminara.

Con los años entendí que no se trataba de disciplina. Ni de una obligación. Creo que el profe Vilar intentaba decirnos algo mucho más sencillo: que hay símbolos que nos pertenecen a todos.

Por eso me conmueve esta Selección. Y quizás también porque no siempre fue así. Hemos visto equipos en los que algunos jugadores ni siquiera abrían la boca mientras sonaba el Himno. Esta, en cambio, canta. Y canta siempre. Nadie los obliga. Nadie se los exige. Lo hacen porque les nace. Y esa imagen, más allá de cómo termine el partido, ya alcanza para sentir orgullo.

Porque, al final, uno también admira esas cosas. No se trata solamente de ganar. Estos muchachos juegan al fútbol, claro. Pero además transmiten algo. Y en una época en la que tantas veces se habla de la falta de ejemplos, no es poco.

Pienso en los actos escolares, donde muchos chicos apenas murmuran las estrofas del Himno. Pero también pienso en nosotros, los adultos. Porque sería fácil echarles la culpa a los más jóvenes. Cuántas veces hemos visto personas que ni siquiera hacen silencio o permanecen sentadas cuando suena el Himno. Los ejemplos no vienen solamente de abajo.

Y algo de lo que transmite este equipo ya se ve en las tribunas. Miles de argentinos vestidos de celeste y blanco cantan con emoción. Se abrazan. Se acompañan. Hay una identificación con esta Selección que va mucho más allá de una victoria o una derrota.

Ganará o perderá. Es fútbol. Pero hay cosas que ya consiguió. Y una de ellas es despertar un orgullo que excede los resultados.

Entonces vuelvo a escuchar, en algún rincón de la memoria, aquella frase del profe Juan Vilar. Tal vez recién ahora termino de entenderla.

Porque antes de que ruede la pelota, cuando el Himno empieza a sonar y once jugadores lo cantan con ganas, siento que algo de lo que somos también está ahí. Y confieso que eso, todavía, me emociona.

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