Por José Carlos Elinson
Especial para ANALISIS
No lo imagino tras las rejas a Sergio Varisco. Muchos dicen que debería hacerlo. Si lo hiciera tendría que hacer lo mismo con el embajador en ciernes ante el Estado de Israel, Sergio Urribarri.
Es compleja la justicia, y la justicia salpicada de política lo es aún más.
¿Cómo le explico a Fiorella Furlán que por tipos como ellos me perdí para siempre su sonrisa?
¿Cómo le explico al mundo que el tiempo de la rosca política pasó por encima al de la dignidad humana y muchos, tal vez con una puteada callada terminó naturalizando el alto precio de la muerte y el insignificante valor de la vida?
La vida política mal parida es para algunos el camino que se extiende entre el mal y el mal. El bien no tiene espacio en el tablero maldito de las falsedades, por bueno, por íntegro, por honesto.
¿Cómo le explico al mundo que las nuevas ambiciones pueden más que las viejas convicciones que le aportaron un perfil honorable a los que para algunos es el país y para otros la patria?
“La patria es el otro”, sostienen algunos arrimados como pueden al materialismo dialéctico. Flaco favor le hacen.
Pero retomando el comienzo de este monólogo, es necesario dejar en claro que ni por un momento me pondría en la vereda de enfrente de la justicia. Sus caras visibles son las de personas irreprochables, pero juguemos por derecha. ¿Por qué unos se hacen cargo de sus eventuales resbalones y otros dilatan los tiempos jugando a las escondidas para terminar resguardándose al cálido amparo del sol mediterráneo?
Si Sergio Varisco equivocó la jugada, si la desesperación pudo más que el equilibrio, si la ambición propia o ajena lo desbordó y lo dejó con las partes al aire, como toda persona de bien que en más de una oportunidad se cargó el destino de los paranaenses al hombro, lo esperable de él era un sinceramiento con la ciudadanía. No es un delito equivocarse, en todo caso lo es profundizar el yerro hasta límites extremos comprometiendo a propios y extraños.
Sergio Varisco tendrá que cumplir –como lo está haciendo- con los pasos procesales poniéndole el pecho a la adversidad, pero también, en nombre del equilibrio institucional, deberá hacerlo Sergio Urribarri y someterse a la decisión judicial de ser premiado en el Mediterráneo o condenado en una unidad penal argentina engrosando la población carcelaria del país.





