Por Luis María Serroels
Especial para ANÁLISIS
No importa quienes gobiernen en nuestro país. Lo cierto es que lo que se ha dado en llamar “línea de bandera” en materia de aeronavegación, Aerolíneas Argentinas, no sale de su condición de barril sin fondo, acostumbrada a secarle recursos al fisco para cubrir sus deudas por mala administración. No sólo por su elevado plantel de personal –distribuido en cinco gremios- sino también por sus sucesivas conducciones, siempre ha sido un enorme forúnculo para las arcas oficiales. Y además, un generador de injusticias en tanto sus pérdidas, al ser absorbidas por el Tesoro, significan meter mano en el bolsillo de millones de contribuyentes obligados a financiar un servicio que no utilizan y cuya inmensa mayoría jamás lo hará.
En la última década y con administraciones de distinto signo político, todos los argentinos debieron aportar U$S678 millones promedio por año. Es decir que los desbarajustes financieros se amortiguaban con subsidios del presupuesto nacional. Esta línea de bandera (la que representa nacionalmente a un país, generalmente conducida por el Estado que la financia para favorecer el turismo y el comercio) cuenta con más de 12.000 empleados. Si bien entre 2015 y 2018 aumentó de 74 a 83 su flota de aviones (24 de ellos nuevos) se requiere renovar parte de este parque para afectarlo a vuelos transatlánticos y de cabotaje Embraer, según se informó.
Conviven cinco gremios que agrupan al personal de AA (APTA/APA/UPSA/APLA y UALA) pero basta con que sólo uno de ellos decida una medida de fuerza, para afectar todo el servicio perjudicando a miles de pasajeros que, pese a todo, siguen sosteniendo la actividad. La TV nos muestra con frecuencia los gestos de malhumor de viajeros que se sienten perjudicados a la hora del abordaje, ante parates de vuelos sin previo aviso.
Este comentario surge a raíz de graves críticas recientemente formuladas por la más alta autoridad actual de Aerolíneas Argentinas, Pablo Ceriani, pero es menester aclarar que nadie puede arrojar la primera piedra (incluyendo desde luego la finalizada gestión de Mauricio Macri).
Al revisar la gestión anterior, el funcionario habló de vaciamiento “al mejor estilo del grupo español Marsans”. Le atribuyen haber dejado a la compañía “en una situación de vulnerabilidad que no va a ser fácil de revertir, requiriendo un aporte del Estado de alrededor de U$S700 millones y acusando un déficit de U$S563 millones”. Recordó que la gestión K había dejado en 2015 “una compañía con un patrimonio neto de U$S75,9 millones y otros 200 millones en concepto de caja (liquidez). Señaló que “ellos la dejan con un patrimonio negativo en 441,9 millones de la moneda verde y 24 rutas menos”. Y explicó que “el gobierno de Mauricio Macri usó la flota como activo para endeudar la compañía. Una forma es vender el avión y luego volverlo a alquilar”, insistiendo en que el macrismo “canibalizó” aviones, es decir, usar repuestos de máquinas paradas para otros operativos.
En un resumen forzado por la sobreabundancia de documentación archivada, revisaremos aspectos de varias conducciones que secaron las arcas del Presupuesto Nacional.
La privatización de la empresa fue un caso emblemático de vaciamiento. Primero Iberia y luego el Grupo español Marsans le provocaron un deterioro impactante. Al final fue reestatizada ante serios incumplimientos en el pago de salarios y a los proveedores que amenazaban con su desaparición. En 1990 se contaba con 28 aviones propios de alcance internacional, un puñado para cabotaje y 30 alquilados, con tres simuladores de vuelo.
En 2008 registraba un patrimonio negativo de 2.500 millones de pesos y un pasivo de U$S890 millones. Marsans –según datos de esa época- practicaba también el “canibalismo” utilizando repuestos de máquinas en tierra para poner en condiciones a otras. Se defraudó a toda la industria aerocomercial, según análisis efectuados.
Carlos Menem (de quien Néstor Kirchner llegó a decir que fue el mejor presidente de la historia), impulsó la venta de AA en una operación considerada como la más ruinosa de las privatizaciones concretadas por quien hoy se escabulle de la cárcel bajo los fueros que le provee una banca legislativa. La historia de nuestra “línea de bandera” es inextricable y enmarañada, lejos de la comprensión de la gran mayoría de los argentinos.
Ahora nos ocuparemos de la gestión como titular de Aerolíneas Argentinas del miembro de La Cámpora, Mariano Recalde, quien fuera denunciado por su incremento patrimonial del 75% entre 2009 y 2011, un caso investigado por la periodista María Eugenia Duffard y denunciado por la entonces diputada Graciela Ocaña por “violación de los deberes de funcionario público, enriquecimiento ilícito y falsedad u omisión en sus declaraciones juradas patrimoniales”. Además debió intervenir la Oficina Anticorrupción.
En este tramo se dio el caso de que la empresa llegue a disponer de 32 pilotos por avión (1.100 para 34 aviones) cuando según los entendidos, 15 pilotos por aeronave ya resulta exagerado. Pero además existía un complicado cuadro de internas gremiales y de pérdidas que costeaban como siempre todos los argentinos.
Hablamos de cuestiones acaecidas tras la vuelta de la compañía a manos del Estado, publicadas por la prensa. Los pilotos percibían sueldos acordes al mercado internacional de 10.000 a 15.000 dólares mensuales más viáticos, días de descanso por huso horario pasado en vuelo, alojamiento en hoteles 5 estrellas y, como extravagancia, la liquidación de viáticos comenzaba a partir de que el auto alquilado los pasaba a buscar para llevarlos al aeropuerto. Su horario de trabajo regía al ascender al remis.
Cuando el entonces secretario de Transporte Ricardo Jaime (hoy preso por corrupción), recibió un informe de una consultora privada sobre la viabilidad de Aerolíneas Argentinas, la conclusión surgida fue lapidaria: “Es como un restaurante con 30 mesas, atendidas por 900 mozos”.
Hay muchísimo más sobre los desaciertos del kirchnerismo, sin olvidar que se adquirieron aviones a la empresa brasileña Embraer con un sobreprecio que espantaba y que al final, tras datos proporcionados por Estados Unidos, fueron admitidos por los propios fabricantes cariocas. El calificado penalista Ricardo Monner Sans se ocupó de denunciar esta olla fétida que el señor Seriani no parece recordar. Mariano Recalde hoy es senador nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y fue presidente de Aerolíneas (estatizada) mediante decreto de Cristina Fernández, desde el 16 de julio de 2009 al 11 de diciembre de 2015.
Dejamos para el final, como frutilla agria de un postre rancio, a la aerolínea estatal LAFSA, un engendro inventado por Néstor Kirchner el 21 de mayo de 2003 mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia y disuelto en 2009 ¡que nunca voló ni generó ingresos! El Estado invirtió en ella $137 millones, habiendo pagado sueldos a centenares de asesores.
El gasto para remuneraciones establecido para todo 2010 en la compañía fantasma, ascendió a $717.959 (todos los planes de inversión fueron aprobados por el ministro de Economía, Amado Boudou).
Los argumentos utilizados por el expresidente (estruendosamente recibidos por su futura “planta” de personal), decían que “el Estado Nacional considera oportuno la creación de una empresa de transporte aéreo que se encontrará transitoriamente y hasta su privatización en la órbita estatal, sujeta al régimen de derecho privado”, ya que “el transporte de cabotaje constituye un pilar en la reglamentación del transporte aéreo, así como un elemento primordial para asegurar la satisfacción de necesidades básicas de los habitantes de nuestro país”. Sin embargo, la empresa tan cacareada que llegó a tener ¡850 empleados! nunca realizó vuelos comerciales y ni siquiera tuvo aeronaves. No obstante diseñaba planes de vuelos careciendo de aviones.
Enumerar el plantel de LAFSA con cargos y ocupantes (que lo único que hicieron fue percibir altísimos sueldos y contratos) provoca indignación, debiendo citarse que en muchos casos personas que figuraban en cargos ejecutivos, eran a la vez proveedoras. Si esto no es corrupción, ¿cómo se denomina?.
Cuando el nuevo CEO de Aerolíneas Argentinas se dedica a descalificar la gestión de Mauricio Macri en materia de aeronavegación, es posible que tenga motivos pero no deja de ser el típico caso del muerto que se asusta del degollado.





