Por Mauro Federico (*)
En el cuarto piso del edificio donde alguna vez funcionó el Correo Argentino y hoy se emplaza el Centro Cultural Kirchner, se encuentra la Sala Eva Perón. Con vista privilegiada a la Casa Rosada, ese amplio espacio fue durante un año y medio la primera oficina desde donde la esposa del presidente Juan Domingo Perón capitaneó los destinos de la Fundación que llevó su nombre y que asistió a miles de familias desposeídas de la Argentina cuyo único recurso era escribirle a la “madre espiritual” de la Nación pidiendo algo de lo mucho que necesitaban.
Uno de esos niños se transformaría, años más tarde, en el escritor que mejor describió aquel primer peronismo “de juguete”: Osvaldo Soriano. En uno de esos relatos que estremecen el alma, el “Gordo” recuerda: “En el verano del 53 se me ocurrió escribirle al General. Evita ya había muerto y yo había llevado el luto. Fueron unas pocas líneas y él debía recibir tantas cartas que enseguida me olvidé del asunto. Hasta que un día un camión del correo se detuvo frente a mi casa y de la caja bajaron un paquete enorme con una esquela breve: “Acá te mando las camisetas. Pórtense bien y acuérdense de Evita que nos guía desde el cielo”. Y firmaba Perón, de puño y letra. En el paquete había diez camisetas blancas con cuello rojo y una amarilla para el arquero. La pelota era de tiento, flamante como las que tenían los jugadores en las fotos de El Gráfico. El general llegaba lejos, más allá de los ríos y los desiertos. Los chicos lo sentíamos poderoso y amigo. En la Argentina de Evita y Perón los únicos privilegiados son los niños, decían los carteles que colgaban en las paredes de la escuela. ¿Cómo imaginar, entonces, que eso era puro populismo demagógico?”.
Este es un símbolo de lo que representó la irrupción del peronismo en la historia argentina. Sin embargo, la razón de su vigencia entre los estratos más populares de la sociedad tiene raíces menos emocionales. Para Mariano Feliz, investigador del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CONICET) en esos años “la batalla por la distribución fue ganada por los trabajadores que pudieron ampliar progresivamente la apropiación de los frutos de su actividad. Entre 1943 y 1955, los salarios reales aumentaron el doble que la productividad, llevando la participación de los asalariados en el ingreso a sus máximos históricos”. Esto no fue una concesión graciosa de los sectores que históricamente concentraron la riqueza del país, sino producto de una política impositiva que tuvo una clara direccionalidad: apuntó a las grandes riquezas de la Argentina. El tradicional método de gravar los ingresos se fue modificando en busca de una mayor progresividad. Y por eso se creó un impuesto a los beneficios de las empresas, otro sobre exceso de beneficios y otro sobre las ganancias de capital, que además alcanzaba a las personas físicas de altos ingresos, logrando con todas estas medidas configurar un sistema tributario más equitativo y distributivo.
Les llegó la hora
El espíritu de este primer peronismo emerge ahora en medio de la crisis global que provoca la pandemia del Coronavirus y se plasma en varios análisis y propuestas surgidas desde ámbitos cercanos al Poder Ejecutivo. Por un lado, un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que dirige el economista Claudio Lozano señala que ciertos grupos económicos “desafían la paz social en medio de la cuarentena” despidiendo trabajadores y desoyendo cualquier referencia presidencial al castigo para los especuladores que intenten lucrar en el marco de la emergencia. En su trabajo titulado Que aporten los que más tienen, donde analiza la actitud de Techint, el IPPYP afirma que “el resultado acumulado del Grupo en los últimos cuatro años muestra un aumento de sus ventas del 214 por ciento, un resultado operativo que se expandió un 805 por ciento, ganancias netas que subieron un 5000 por ciento, ganancias por devaluaciones que se multiplican por 44 veces y un aumento en su resultado integral del 3244 por ciento, respecto al 2015.
Como resultado de este crecimiento, la fortuna de la familia Rocca pasó de ser de 4.400 millones de dólares en el 2017 a ocho mil millones de dólares en 2019”. Para los autores, “este grupo empresario está acostumbrado al mantenimiento de un proceso donde los que menos tienen le aporten a los que más tienen, exactamente lo contrario del criterio distributivo que la hora requiere”.
Mediante una hábil estrategia implementada por su titular, Paolo Rocca, Techint ha procurado una reorganización societaria con el objetivo de colocar inversoras intermediarias radicadas en paraísos fiscales para evadir el pago del impuesto a los bienes personales en las participaciones accionarias y societarias. “Un grupo empresario acostumbrado a erosionar su base imponible para eludir pagos, requiere hoy de una actitud estatal firme, que declare de interés y utilidad pública su comportamiento a efectos de que los efectos nocivos de la pandemia no se agraven con los efectos nocivos que sobre la sociedad y el interés público produce su comportamiento económico”, proponen los autores.
Por otra parte, una iniciativa del bloque de diputados del Frente de Todos a punto de ver la luz en los próximos días, propone lisa y llanamente avanzar sobre un gravamen a las grandes riquezas del país y también a los que hayan blanqueado capitales en 2017. Los legisladores Carlos Heller, Fernanda Vallejos y Hugo Yasky, entre otros, están trabajando en la redacción del texto a pedido del jefe del bloque, Máximo Kirchner, y con el aval del presidente Alberto Fernández. El proyecto se presentaría la semana que viene para el debate en la Comisión de Presupuesto de la Cámara baja y luego en el recinto.
“No creo que esto afecte a más del 1 por ciento de la población. Ninguno de ellos va a dejar de ser inmensamente rico ni va a tener que privarse de nada a partir del impuesto, pero ese aporte puede ayudar a mejorarle la vida a mucha gente”, explicó Heller en diálogo con #PuenteAereo. “Tenemos un Estado desfinanciado, que llega desfinanciado a la pandemia, con todo lo que exige en términos presupuestarios, y que encima se encuentra con una caída de los ingresos públicos por el derrumbe de la actividad. En este contexto, apuntar a que esos recursos provengan de parte de los sectores con mayor capacidad, de parte de los grandes ganadores habituales de la historia, no tendría nada de malo”, indicó Heller.
“Estamos planteando un gravamen sobre patrimonios, ya sea de personas humanas y jurídicas. No creo que esto afecte a más del 1 por ciento de la población, pero puede tener impacto importante sobre los ingresos públicos. Para tener una idea, si tomamos solo a los que ingresaron al blanqueo del gobierno anterior y les aplicamos un impuesto del 2 por ciento, es igual a todo el presupuesto que gastó el PAMI en 2019”, agregó el director del banco Credicoop. Aquel blanqueo atrajo recursos por 116 mil millones de dólares.
En el mismo sentido, el diputado Yasky consideró que “sumando las mayores 50 fortunas de Argentina teníamos más de 70 mil millones de dólares. Si se aplica el 1,5 por ciento a esas fortunas se juntan 1.050 millones de dólares”. En principio, se espera que sea un impuesto extraordinario, es decir, por única vez, que no necesariamente tenga una sola alícuota, sino que puede ser una tabla escalonada y creciente en función del patrimonio. Tendrá asignación específica, para financiar partidas destinadas a salud y comida.
Comandante Ginés
Luego de explicar a la población las razones por las que se resolvió prolongar la cuarentena hasta el 26 de abril, el Presidente destacó el rol preponderante que en la toma de decisiones tiene el trabajo del ministro de Salud, Ginés González García, a quien Fernández calificó como “el Comandante”. Hace apenas dos semanas en esta columna dábamos cuenta de la operación montada por empresarios de la medicina privada y los laboratorios de especialidades farmacéuticas para limar el poder del titular de la cartera sanitaria e imponer en su reemplazo a personajes más cercanos al negocio de la enfermedad que a la preservación de la salud.
El éxito de la estrategia del aislamiento preventivo y el apoyo incondicional del primer mandatario, fortalecieron a González García que la semana pasada logró convencer a todos los representantes del arco político y los gobernadores de la necesidad imperiosa de avanzar en una tercera fase de la cuarentena, con el rigor que han mantenido las dos primeras, para evitar que la pandemia provoque los estragos que está ocasionando en el Primer Mundo. Las estadísticas de contagios, pero aún más categóricas, la de las defunciones, permiten establecer que mientras en Argentina se multiplica por dos el número de muertos por semana, en la ciudad de Nueva York, desde el 14 de marzo hasta ayer, la cantidad de decesos pasó de cero a 8.000 en menos de un mes.
“De la caída del Producto Bruto Interno (PBI) se vuelve, de la muerte no”, remarcó Fernández en su discurso del viernes por la noche, donde habló también de un “falso dilema” acerca de si se debía priorizar la salud o la economía, porque aseguró que el Gobierno también estaba haciendo “muchas cosas” por la economía como repartir recursos entre los sectores más humildes y darle facilidades a las Pymes y empresas. En ese contexto, volvió a advertir a los empresarios que especulan porque no están perdiendo plata, sino que tendrán que reducir sus márgenes de ganancia. “Muchachos, les llegó la hora de ganar menos”, lanzó el Presidente. La prioridad del gobierno –ha quedado claro– será salvar vidas humanas antes que garantizar a los poderosos la reproducción de capital a costa de sacrificar puestos de trabajo o recortar salarios.
(*) Este artículo de Opinión se publicó originalmente en Puente Aéreo, una revista digital para lectores con espíritu cosmopolita.





