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Adultos mayores y coronavirus

Por Oliva Taleb (*)

Como éramos pocos, parió la abuela. Así diría mi padre. Como no tenemos problema nos fabricamos uno, grande, de esos que van a entretener al vecindario y localidades vecinas. Aunque nos bañemos en agua bendita… no zafamos!... Un paso adelante, dos para atrás, y además, esos dos pasos con premio…

Veníamos sacando buenas notas en los exámenes de “Tolerancia”, y casi promovíamos para no rendir el final en “Convivencia cívica” cuando a uno de nuestros nuevos “amigos” (obvio menos de 60) se le da por hablar de los adultos mayores. Bueno, no sólo por hablar sino por decirles, al mejor estilo de los padres de esos de más 60, que tienen que pedir permiso para ¡salir!... Uno, una se pregunta… ¿era necesario?.... Sí, por estar bañada en agua bendita, no se duda de las buenas intenciones, cuidar de todos y cada uno, pero…justamente, por ser adulta “mayor” sabe, de mínima que ha sido desafortunada, inoportuna y desagradable.

No puede olvidarse la movilidad, el cambio que han sufrido conceptualmente las etapas de la vida. Infancia, adolescencia, juventud, adultez. Tampoco puede ignorarse que la última, antes reconocida como 3° edad, ha merecido una sub-clasificación en función del valor agregado que la ciencia, y la realidad han ido demostrando. Vale también recordar que “tan jóvenes” se ve a los sexagenarios que no se descarta modificar la edad jubilatoria sin distinción de sexo…. Se vive más, se vive mejor aunque le pese a Cristine Legarde, preocupada porque los ancianos vivan más representando un riesgo para la economía global. Lo dijo sin pensar que sabemos que debe estar por cumplir 65 años y resultaría irritante advertirle que, en poco tiempo se verá reflejada en el mismo espejo que esos ancianos…

Lo dijo, quizás sin tener presente, los 73 años del presidente Donald Trump, los 83 años del Papa Francisco, los 65 años de Angela Merkel, los 70 de Piñera, los 67 de CFK, los 66 del presidente de China, los 70 del primer ministro de Israel, y los 78 del presidente de Italia…. Bueno, y para intentar agregarle sonrojo a sus ya sonrojadas mejillas, le recordaría las edades de Sofía Loren, Paul Newman, Morgan Freeman, Cocó Chanel, Neruda, Dalí, los 84 que emocionan del Pepe Mujica. Nombres al azar, vivos aunque algunos de ellos, dejaron de ser riesgo para la “economía global”. Gente adulta, valiosa, creativa, productiva, excepcionales jóvenes del mundo moderno. Mayor, haciendo honor a los años vividos. Obvio, hay gente horrenda mayor que dedicó sus años de vida para hacer daño. No me detengo en ellos….

De todos estos se olvidaron ayer en el gobierno de la ciudad. También de la participación activa de notables científicos comprometidos, asesorando, opinando al Presidente de la Nación y funcionarios que para seguir asistiendo en tan noble tarea, deberán pedir permiso antes de salir de sus hogares, al 147.

De nuevo… ¿era necesario?... Qué adulto mayor podría en cambio desoír, el “todos somos necesarios”. Por qué quedar atrapados en cifras frías que a cada momento sacuden el cerebro, aceleran los latidos del corazón y anticipan lo que le espera a esa franja etaria. Franja que por otra parte le “facilitan” la salida de su hogar, estrictamente para pagar impuestos, y servicios. Franja a la que se considera partícipe necesaria en la creación de riqueza y por tanto es sujeto de retención del impuesto a las ganancias. Franja a la que se la llama por teléfono para asegurarle que por su excelente conducta bancaria es beneficiada con ampliación de monto a gastar en su tarjeta de crédito, o de seguros contra robo, del hogar, etc…

No caben dudas que éste es un momento difícil. Tanto que el mundo desconoce realmente cuál es la respuesta, para enfrentarlo. Tan cruel y vertiginosa ha sido esta pandemia, que por momentos creyentes y no creyentes esperan un milagro para que la humanidad la sortee con dignidad.

Alcohol en gel, lavandina, barbijo, tapabocas, lavado de manos al son del feliz cumpleaños, todo vale... Inútil creer que, una medida restrictiva fortalecerá la decisión individual de estar vivo. Sobrevivir, ésa es la consigna.

(*) Especial para ANALISIS

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