Por José Carlos Elinson (*)
Otro de los tentáculos del COVID-19 ingresó en los pabellones carcelarios movido por la necesidad de descomprimir los espacios que significaran peligro de contagio para los privados de la libertad que en ellos habitan. La medida a la que se arribó fue derivar a los internos a prisión domiciliaria mientras pueda imaginarse una solución adecuada.
Hay que reconocer que la decisión no impactó de la mejor manera en vastos sectores de la sociedad que consideraron la “domiciliaria” como sinónimo de libertad por el peligro de fugas y embates diversos de los detenidos fuera de los ámbitos naturales de reclusión.
Ahora –dicen algunos--, sumado a las limitantes que nos impone la pandemia, pasaremos a la condición de cautivos de los que purgan condenas por haber cometido delitos en contra de esta sociedad que hoy les hace un lugar para que vivan lejos de las cárceles y cerca de las tentaciones.
El río, que por fortuna, dicen que está empezando lentamente a recuperar volumen, parece además estar un poco revuelto. Pero no estaba así, todo comenzó con la apertura que propicia las salidas de una hora y hasta no más de quinientos metros de cada vivienda para esparcimiento de quienes se han visto compelidos a permanecer en su interior desde el lema “quedate en casa”. Allí se produjeron los primeros roces de los que ya nos hemos ocupado. Después, lo que nos ocupa precisamente ahora, el tema de los presos con prisión domiciliaria. Más importantes o menos importantes, lo que trasciende no es sólo el contenido de los conflictos sino el desgaste que producen en los distintos estratos de la sociedad.
Las cosas que nos pasan toman rápidamente estado público de tal magnitud que su tratamiento se convierte en moneda corriente y generan debates que no siempre cuentan con los sustentos de seriedad y conocimiento de quienes discuten posiciones respecto de ellos.
Así las cosas, hay un cuestionamiento que por reiterado va camino de convertirse en lugar común: los presos, ¿son los beneficiados con prisión domiciliaria o los ciudadanos que pasaríamos a oficiar de rehenes de ellos en nuestras propias ciudades?
(*) Especial para ANALISIS.





