Por José Carlos Elinson (*)
Los periodistas no somos mejores ni peores que nadie. Bueno, en rigor de verdad, y sin pecar de pretenciosos, somos mejores que algunos, pero no por periodistas, por personas de bien.
Una sociedad que ha perdido por los descomedimientos de determinados personajes a todas luces impresentables, el sentido de la honorabilidad, corre el riesgo de transformarse en un conglomerado amorfo, sin puntos cardinales ni brújulas ni sentido de pertenencia a corrientes de pensamiento superadoras.
Los periodistas somos personas que tenemos la fortuna de trabajar en lo que nos conmueve todos los días y esto marca notables diferencias con los que, impulsados por la necesidad de manejar poder, se suman a nuestra gestión y al hacerlo se dan cuenta que se equivocaron de puerta.
Los periodistas denunciamos lo que se da de cabeza con las normas no necesariamente escritas (muchas sí), de convivencia en una sociedad que busca su espacio de inserción en el mundo y anuncia para el consumo social, las cosas que pasan y se vinculan con la vida normal de la gente.
No somos extraños a nuestros convivientes, acaso un tanto más curiosos de lo que ocurre y nos anima la necesidad de participar a la sociedad que nos contiene de los altibajos que la vida nos pone por delante.
ANÁLISIS cumple 30 años en la calle. Celebraciones, postergaciones y frustraciones se concatenaron a lo largo de tres décadas para hacer de la revista un medio creíble y de solidez periodística.
Hemos sido y somos coleccionistas de denuncias y demandas que a la hora de las definiciones no pasan de ser anécdotas de la impotencia de aquellos que por un par de minutos lograron espacios en otros medios anunciando nuestro apocalipsis.
El oficio tiene estas cosas como otros oficios tienen las suyas, pero nuestro camino mantiene su rumbo inamovible y su compromiso inalienable con la verdad, y en términos de compromiso es el único al que nos aferramos.
Los periodistas vivimos los 7 de junio memorando a Mariano Moreno, primer periodista de la patria que pagó con su vida los ideales que lo animaban, a La Gazeta que, si bien no fue la primera expresión de periodismo gráfico en estas pampas –Manuel Belgrano se había adelantado con El Telégrafo Mercantil y hubo otros intentos que se agotaron en sí mismos en muy poco tiempo-, es inevitable pensar La Gazeta por la responsabilidad que le cupo de ser bandera escrita de la Revolución de Mayo.
Hay una larga memoria de periódicos y periodistas en la Argentina. Algunos, periódicos y periodistas vivieron y murieron su propia historia de convicciones volcadas al papel, otros, periódicos y periodistas negociaron su subsistencia en términos inconfesables.
Este 7 de junio homenajeamos a los leales al oficio que pese a todo siguen sorteando obstáculos y estar en las manos, los oídos y las retinas de los lectores que son el complemento natural de los periodistas, todos los días.
(*) Especial para ANALISIS.





