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Un plan K muy aplanado

Alberto Fernández - Cristina Fernández

Alberto Fernández - Cristina Fernández

Por Luis María Serroels (*)

No hay modo alguno de maquillar a un gobierno como progresista y revolucionario si carece  de los elementos básicos que lo sustentan como tales. Lo que se ata con alambre tiene olor a fracaso. Quien no haya advertido la preponderancia “acuerdista-impune-inmune” que fueron adquiriendo desde el vamos Cristina Fernández y Alberto Fernández, es porque estaba mirando políticamente en dirección muy sesgada de la realidad. ¿Dónde fue a parar un moderado presidente otrora devenido en absolutista y renuente a conciliar?

Cuando el kirchnerismo le atribuyó a Mauricio Macri la condición de “asociación ilícita”, dos cuestiones debieron tenerse en cuenta: la hilera de causas judiciales que acarrea la actual  vicepresidenta y la modificación de temperamento ostentada frente a la Basílica de Luján el 8 de diciembre de 2019 cuando a modo de antigrieta se dieron un abrazo fraternal por “la unión y la paz”. El tiempo desgastó esta relación cuando Cristina Fernández no vio con buenos ojos esta reconciliación. Pero además obró cierta recuperación en sus acciones macristas en alza, lo que es perjudicial para los planes del oficialismo. Una situación que venía sin perturbar los planes de la Casa Rosada, fue modificándose y alentó una nueva obturación, como si la grieta le favoreciera a un recalcitrante “fernandismo”.

El odio se alimenta con más odio. Pero cuanto más te ocupes de tus adversarios para agraviarlos, más preocupación irás acumulando y la ceguera política te perjudicará.

La frase que hubiera querido atragantársela el presidente: “A la Argentina le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno de Mauricio Macri”, fue un verdadero dislate. Si continúa con esta dialéctica tan imprudente y las medidas torcidas, no sería difícil que alumbrase una tercera fuerza producto de los brulotes  de primera categoría.

Está claro que se trató de una barbaridad, pero ¿a qué virus le fue más cruel que el elenco ministerial, donde se gobierna mediante DNU a troche y moche según voluntarismo de la Casa Rosada? Sin embargo, en los mecanismos inconstitucionales se está en condiciones de sesionar aceleradamente para plasmar una reforma judicial tramposa y arremeter contra dignos jueces que son molestos para las triquiñuelas de marca K. De los que saquearon al Estado nada se habla en los lindes de los bloques oficialistas.

La AFIP denunció penalmente a la firma Vicentín por presuntas facturas truchas en reintegros de IVA. Sin embargo, a ese organismo recaudador se le escaparon ciertas obligaciones tributarias cuyo monto de $ 8.000 millones fueron destinados a instalar nuevos emprendimientos de propiedad de Cristóbal López. Eso se denomina tener visión para los negocios.

Mientras tanto la política sobre jubilaciones y pensiones está en manos del atropello arbitrario y el Estado se ríe de las leyes. Pensar que si Cristina Kirchner fuera hoy jubilada u optare por la pensión de su extinto esposo, se quedaría mensualmente con un bruto de $ 332.077 (con deducciones $ 218.780). Claro que ella dispone de sus ahorros de unos  varios millones de dólares.

La administración K no consulta ni concerta sino que manda y ordena. Cuando la persona que aspira a modificar al sistema judicial a su conveniencia es quien está atentando contra el Código Penal, todo está sumido en la peor fetidez.

Alberto Fernández le dijo a Macri que su gobierno “fueron cuatro años que preferiría olvidar”. ¿Olvidó CFK los insultos que le lanzó por TV el actual mandatario? ¿Y en los tres períodos consecutivos al frente de la Presidencia, se olvidó de cierto dinerillo desviado en las arcas de interpósitas personas de largas uñas y reglas morales olvidadizas?

El candidato que CFK podría articular como compañero ideal de fórmula era el que finalmente escogió. Daba la medida en tanto tenía una selección de ofensas y agravios que podría negociar y cuyo rosario de hechos de corrupción se avizoraban desde larga distancia sin sonrojarse. Siempre fue el gran negociador, el más adecuado aunque no el más importante. La autoridad siempre estuvo en manos de la dama de hierro, como una peregrina forma de pacificar los ánimos pero siempre con riendas muy trenzadas.    

Una frase atribuida a quien diseñó el binomio santacruceño en 2003 para elevarlo a la Casa Rosada, Eduardo Duhalde, anunció que no habrá elecciones en 2021 (se debe renovar parcialmente la Cámara Baja). Un empleado ocurrente del Congreso dijo que significaría una especie de prórroga con la conformación intacta de 2019 o bien decidir una suspensión por tiempo indeterminado. Parece que la República va siendo propiedad del Frente de Todos. Faltarían mensurar las parcelas y otorgar los lotes.

Muy poco original método para pacificar los espíritus de los argentinos. Salvo que algunos desvariados –que los hay- opten por la confrontación como hobbie.

Alberto Fernández ya es hora de que vaya recobrando la moral política que extravió de camino en un día de mayo de 2019.

Una de las cuestiones con las que hoy el kichnerismo se regodea, es el caso del espionaje ilegal durante la gestión de Mauricio Macri y que debe ser investigado a fondo.

Del mismo modo que se revelaron hechos de enriquecimiento ilícito en tres períodos presidenciales K. Cuando el muerto se asusta del degollado, es muerte igual.

No existe ninguna posibilidad de que Venezuela se mimetice con Argentina. Este fenómeno ya parece tener su propia máquina de atropellar las instituciones. No se reclama cambiar al presidente sino que este presidente cambie de rumbo. Lo prioritario es asegurar la estabilidad institucional, lejos de exabruptos mesiánicos a lo Duhalde.

Se habla de un plan muy aplanado cuando se deja a alguien sin energía, apático y apisonado en sus ilusiones.

(*) Especial para ANALISIS

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