Sección

Nuestras reservas morales

Mercedes Sosa

Por J.C.E. (*)

Encontré en algún lugar de internet la reposición de un homenaje con el que el Festival de Cosquín inauguraba su Primera Luna. De esto hace, sin dudas algunos años ya que se dedicó el bloque entero a homenajear a Mercedes Sosa, creo a los diez años de su muerte.

Y ahí estaban, los cantores que compartieron su camino, una orquesta de maestros de primera línea y un coro de brillante desempeño.

Fue una hora de elevación, por el recuerdo vivo de “la cantora”, por los nombres que ocuparon el escenario en un clima de amor y respeto que “la Negra” se ganó a lo largo de décadas sin perder un gramo de coherencia entre el decir y el hacer.

Estuvieron y cantaron junto a los artistas, Fabián y Araceli Matus, hijo y nieta de Mercedes. Fabián ya no está entre nosotros, pero Araceli, formalizó el compromiso de seguir avanzando con la Fundación Mercedes Sosa.

No podrían haber elegido un tema más emblemático para comenzar el homenaje. Con los primeros acordes de la orquesta y las voces de los coreutas la Plaza Próspero Molina se conmovió con Yo vengo a ofrecer mi corazón, la composición emblemática del rosarino Fito Páez.

Con Víctor Heredia, Teresa Parodi, Peteco Carabajal, Julia Zenko, Nahuel Pennisi, La Bruja Salguero, León Gieco, Mónica Abrahan entre otros, rescataron el clima que la cantora tucumana le imprimía a sus conciertos.

Entonces pensé junto a Fito Páez ¿quién dijo que todo está perdido…? Hay intelectualidad y musicalidad para rato en la Argentina, intelectualidad y musicalidad que nos hacen libres y nos proponen u presente y un futuro alejados de las contingencias políticas, económicas, sociales y sanitarias que nos crispan en cada amanecer.

La consigna sería volver la mirada a donde moran los poetas, los músicos, los cantores, como para desintoxicarnos de tanta pandemia, de tanta cuarentena, de tantos miedos y Fondo Monetario y financistas ventajeros y gobernantes y funcionarios sin principios honorables ni fines memorables, volver a ser el país que marcó rumbos culturales en la Patria Grande. Volver a ser nosotros mismos con los aciertos y errores que nos trajeron hasta que comenzó a tambalear la estantería y el alma se nos pobló de recuerdos agridulces que creímos perdidos para siempre.

El homenaje a Mercedes Sosa cuya fecha ignoro dio una pauta acabada de que hay una reserva moral, que no todo está perdido, que los intelectuales son más importantes que los economistas de recetas volátiles y la canción carece de límites temporales.

Todo pasa por no desesperar, no estamos solos ni abandonados, los soñadores, los que levantan vuelo desde la palabra y el diapasón son el respaldo que nos define como pueblo al que debemos comprometernos a rescatar y devolverlo al lugar que nunca debió haber perdido entre las garras de un capitalismo inhumano y voraz.

(*) especial para ANALISIS.

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