Por Luis María Serroels (*)
Entre las hazañas –reprobables desde luego- del ex dos veces Presidente de la Nación, gobernador de La Rioja y cuasi sempiterno senador nacional, Carlos Saúl Menem, se cuenta una que avergonzó a la política nacional, a la sociedad argentina en general y al mundo libre, con una connotación delictiva y estudiada, que aún no ha recibido el justo castigo para un ser cínico y calculador. Por estos días se cumplieron 25 años de una explosión deliberada en perjuicio de la fábrica de armas del Ejército instalada en la ciudad cordobesa de Río Tercero. El 3 de noviembre de 1995 todo el país se sobresaltó frente a un hecho vandálico. Y más aún, al saber que la justicia –entre varios cómplices- finalmente atribuyó responsabilidades al ex jefe de Estado, debiendo responder por ello el 24 de febrero del año venidero.
¿En qué residió semejante acción criminal? En que se planificó en detalle un estallido aniquilador de determinado material para encubrir un contrabando de armas destinadas a Ecuador y Croacia. Acción criminal que tuvo un saldo de 7 muertos y más de 300 heridos. Esta operación que involucró a los países nombrados, se realizó entre 1991 y 1995 y con ello se intentó eliminar pruebas.
Aunque militares de alto grado y jerarquía recibieron condenas a 13 años y 10 años según sus responsabilidades, el entonces Presidente resultó beneficiado por falta de mérito. Sin embargo en 2017 la Cámara Federal de Casación Penal revocó dicha medida y en ello tuvo una intervención como querellante el prestigioso penalista Ricardo Monner Sans.
Se nos ocurre una observación útil que debería ser aplicada dentro de las instituciones políticas y que fortalecerían las sentencias judiciales.
¿Qué cuerpos orgánicos disciplinarios tienen previstos los partidos políticos a la hora de analizar hechos donde queda manchada la disciplina, los ideales, la honorabilidad y la ética de las instituciones más sagradas? No debe olvidarse que cuando Menem accedió a su reelección presidencial (ya con la reducción constitucional de un período de sólo 4 años), ya sobrecargaba un hecho que avergonzó al país. ¡Sean eternos los fueros que se saben rebuscar!
Es común que haya funcionarios surgidos del voto ciudadano y acometan su reelección, pero suena vergonzante que se premie el delito.
En el caso particular sabido es que el escaño legislativo se convierta en el paraguas de quienes tienen cuentas ante la justicia. No es fácil aceptar ni comprender que una senaduría nacional sea una protección segura para eludir a los jueces. Recordemos una célebre frase de un escritor español a propósito de la indiferencia: “Duele mucho arrimarse un hierro candente a la piel, pero mucho más duele no sentirlo”.
Es sabido que robar y estafar al Estado es robarle y estafar al pueblo. En una entrevista a Carlos Menem éste admitió que “en todos los gobiernos hubo corrupción, salvo en el mío”. De hecho tiene flaca memoria al revisar las maniobras durante su gestión, en que la venta de material bélico a Croacia y Ecuador fue camuflada como falsos envíos a Panamá y Venezuela.
La operación que involucró a Ecuador resultó escandalosa en tanto el Tratado de Río obliga a los países firmantes a garantizar la paz entre ese país y Perú.
La justicia terminó considerando que Menem “dañó con su maniobra la imagen internacional del país y puso en riesgo la vida de los Cascos Azules argentinos que estaban en la ex Yugoslavia separando a croatas y serbios”.
Cuando al riojano se le preguntó por qué seguía en su escaño, con gran caradurez respondió: “Fui Presidente de la Nación, fui gobernador, ya no me quedaba otra que ser senador” (con rostro muy fresco admitió estar atrincherado en los fueros de la Cámara Alta nacional).
Lo único que podría suceder –entre bueyes no hay cornadas- es que la desvergonzada jugada de ciertos jueces salvara a Cristina Fernández de la cárcel y de paso salpicara bondadosamente al riojano longevo que sólo dice presente cuando se requiere el quórum en situaciones resbaladizas.
Todo puede suceder si la justicia no lo considerase culpable por lo de Río Tercero, quedando en una formalidad acompañada de una sonrisa bien al estilo menemista-cristinista bajo el disciplinamiento de ciertos magistrados obedientes.
Pero no resulta ocioso abordar los aspectos de la corrupción lineal y la amnesia de ciertos bolsones judiciales adeptos a la impunidad organizada.
Imaginemos un vértice, extendamos y unamos hacia ambos lados una recta que toque La Rioja y Santa Cruz. Un ex Presidente ya fallecido y su viuda primera magistrada dos veces consecutivas (2007-2011 y 2011-2015). Otro Presidente (riojano) también reelecto (6 años y 4 años por imperio de la reformada Carta Magna de 1994). Los dos mandatarios alcanzados por la corrupción.
Ambos dieron por sentado lo que significaba cometer actos de envilecimiento. Y de hecho así fue. Otro factor fue centro de preocupación para los organismos que investigan hechos delictuosos bajo los benditos fueros. Enumerar las acciones reñidas con la ley llenan miles de fojas (entre este caso difundido a los medios, el hijo del matrimonio Kirchner fue acusado de poseer cuentas bancarias con Nilda Garré en Estados Unidos y las Islas Caimán).
Y los negociados con los fondos de Santa Cruz de 1993 en cuyo protagonismo se mencionó a Domingo Cavallo, ministro de Economía de Carlos Menem y el entonces gobernador de la provincia patagónica. Los zarpazos contra el Poder Judicial son la verdad revelada de la corrupción K-M.
Nunca sobra reafirmar aquella frase de la filósofa y escritora estadounidense (de origen ruso) más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand (1905-1982) y que anticipó lo que pasaba a los argentinos:
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada” (1950).
Los jueces que están aguardando nuevos concursos estarán absolutamente inseguros por temor a los criterios y necesidades del binomio doble F para zafar de las rejas. ¿La sociedad podrá tolerar semejante enlodamiento a la majestad de la justicia?
Cuando no hay recato en revelar al desnudo lo que se hará no obstante estar prohibido o ser antiético, ya no habrá República porque no habrá razones que avalen a la democracia. Los ciudadanos tendrán el derecho de plantarse ante los jueces venales.
Como celebración anticipada al primer aniversario en ciernes de la llegada al gobierno del doble Fernández, resolvieron manotear fondos previsionales genuinos que no son del Poder Ejecutivo, para desviarlos arbitrariamente, además de convertir en jubilados a aquellos que nunca aportaron. El sector más vulnerable se ve más abandonado, imponiendo fórmulas de ajuste. ¿Y si la maldita inflación adquiere carta de ciudadanía? ¿Será una mala suerte propia K? ¿Será simple conjugar las turbulencias que inevitablemente afloran?
“Pocas cosas desmoralizan más que la injusticia en nombre de la autoridad y de la ley” (Concepción Arenal).
(*) Especial para ANALISIS





