Por Luis María Serroels (*)
Los antecedentes presuntamente brillantes de Amado Boudou que endulzaron los oídos a Cristina Kirchner llevándolo incluso a integrar la fórmula presidencial, fue una maniobra audaz e inteligente. Se trató de un monumental ardid destinado a quedarse con la empresa Ciccone dedicada a imprimir dinero (quien ofició de testaferro y a la postre resultando el más perjudicado por la justicia, fue Alejandro Vandenbroele, sindicado como el falso comprador de la empresa y otras operaciones). Fue su valiente ex esposa, Laura Muñoz, quien destapó sus corruptelas. Detrás de las maquinaciones hubo una fuerte responsabilidad de Boudou que finalmente terminaron en condenas.
Pero hubo alguien que en vida supo fogonear un alto poder político paralelo, con resortes muy poderosos que se extinguieron tras su defunción (27-10-2010). El divorcio político producto de las desavenencias con el vicepresidente, Julio Cobos, hicieron eclosión pero el kirchnerismo en su reelección (2012-2015) ya tenía el espacio reservado para una carrera muy veloz a quien el periodista Walter Schmidt le llamó un Icono de la Corrupción (Amado Boudou).
Esa persona cuyas dotes variadas y avasallante personalidad, es quien ha sido confirmado por ley a 5 años de cárcel.
Pero además alguien desde el poder ideaba maniobras en banda que significaban hacerse de grandes sumas de dólares, al disponer en secreto y anticipadamente a las variantes cambiarias. No ha sido difícil identificar el origen de la fuente asesora, en un mecanismo delictual.
Amén de ello –como tantos casos donde la justicia se adormece cuando hay intereses extraños-, no se debe ocultar al lector una de las tantas formas en que el elenco estelar integrado por Amado Boudou y el sempiterno gobernador formoseño, Gildo Insfrán, acumulan recursos mal habidos. A este mandatario provincial fue a quien el flamante presidente Alberto Fernández en su primer viaje al interior, calificó como ejemplar (muy flaco de datos a la hora de revisar las causas en marcha).
Es útil recordar las maniobras corruptas del binomio presidencial 2011-2015, en cuyo período se consumaron las acciones por las que se destinaron erogaciones de $ 7.667.161,30 millones para ordenar la deuda formoseña. Y allí irrumpió el conocido José Nuñez Carmona (muy cercano de Boudou) con sus proyectos de Ciccone Calcográfica y de cuya planta tomó el control The Old Fund. El juez Lijo citó entre el grupo al gobernador de Formosa, para responderle a los magistrados.
El meollo de la cuestión fue que por el pago de semejante suma “se simuló un asesoramiento profesional que en realidad no fue tal”. Y como cobrador de tan alta suma de dinero imaginario, se designó a Alejandro Paúl Vandenbroele.
¿Puede acaso creerse que todas las fechorías del corrupto titular del Senado, el que se entretenía jugando al sudoku, eran ajenas a la Presidenta de la Nación?
Boudou nunca fue peronista, como tampoco lo fue Cristina. Pero el sentido de la circunstancia y los intereses de quien llegó a ser presidente en ausencia transitoria, le dieron todas las seguridades para delinquir.
La falsa maniobra de seducción de cartulina mojada, buscó engañar a las masas y bases cuando con los pantalones arremangados y “patas” a “chapaleo” limpio, tarareaba la emblemática “los muchachos peronistas, todos unidos triunfaremos…”. Sus dedos en V fueron un conato de identificación ideológica que jamás fue real. Lo real fue la avaricia que reinaba en la cima del poder.
Mientras sectores del gobierno salieron a solidarizarse con Amado Budou tras la última decisión condenatoria, no ocurrió lo mismo con Cristina Fernández, quien debe andar cercana a posarse frente a los jueces, fiscales y defensores. Si aguarda con tranquilidad su situación procesal, ¿por qué tantas chicanas y dilaciones? En tanto en nuestro Poder Judicial pululan elementos que con descaro se autotitulan “operadores” y algunos hasta difunden sus identidades.
La revelación de que un magistrado que confirmó la condena de Boudou por el caso Ciccone accedería a mantenerle encierro domiciliario porque su esposa no soportaría la cuarentena en soledad, es digno de la tira Crease o No (de Ripley).
Los mutuos encontronazos verbales dentro del propio gobierno reprendiéndose la falta de acción para hacer zafar de su dura situación carcelaria a su ex vicepresidente, es un ejemplo de que ciertos autoritarios buscan ejercer de mandaderos del kirchnerismo.
¿Las autoridades actuales se animarían a ratificar por los principales medios todas las promesas anunciadas en la campaña aún no revisadas? ¿Se atreverían a plasmarlos certificadamente Alberto Fernández y Sergio Massa en un acuerdo espurio y forzado?
Néstor y Cristina Kirchner amén de Alberto Fernández, tras reuniones secretas no tardaron en advertir la inteligencia y habilidad política de Boudou, en especial la mandataria. Empero algunos vieron la necesidad de observar sus movimientos y de ello daban cuenta sus ascensos: Director de Anses, Ministro de Economía y finalmente vicepresidente de la Nación, exhibieron una sed de poder inagotable. ¿Su grupo más lúcido y de mayor confianza no alcanzó a advertir sus reales movimientos?
Hoy queda claro que la ley y la justicia empiezan a reverdecer ante la corrupción que ha venido avergonzando a nuestra república. Toda acción orientada a desacreditar e invalidar la sentencia judicial por vía de firmas de cualquier persona, es sólo un deseo pero cae en el vacío.
No sería extraño que este procedimiento pueda reiterarse respecto de la ex presidenta con graves causas de las que huye porfiadamente. A la justicia se la enfrenta con la verdad y la inocencia, no por la trampa y la calumnia. Para enfrentar a fiscales y jueces basta con la verdad.
En una reciente columna del prestigioso matutino Clarín, Ricardo Roa, revela que la vicepresidenta Cristina Fernández prepara “poner un jefe de fiscales propio y armar un sistema que permita controlar a los fiscales que ella quiera controlar”. La república no es un trapo de piso. De allí saldrán las reservas para salvar la dignidad de los argentinos de bien.
Otro sí digo: la prensa y tras un chequeo, publicó que de las 20 promesas realizadas por Alberto Fernández en su campaña, sólo se cumplieron apenas 3 y entre ellas figuran el aborto. La muerte de un inocente es para este gobierno palabra sagrada.
Especial para ANALISIS DIGITAL (*)





